Interpretación artística del sistema binario Kepler-35. Imagen: Lynette Cook / extrasolar.spaceart.org

Nuestro Sol tuvo un hermano gemelo malvado, una estrella oscura y m√°s peque√Īa que, si nos atenemos a la hip√≥tesis de un equipo de astr√≥nomos, es la responsable de varias extinciones masivas. Esa estrella se llama N√©mesis, y otro grupo de investigadores ha hallado datos que apoyan su existencia.

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Vaya por delante que no existen pruebas fehacientes de la existencia de esta segunda estrella. Su nombre, que hace honor a la diosa griega de la retribución y la venganza, comenzó a sonar en 1984, cuando los astrofísicos de Princeton y Berkeley R. A. Muller, Piet Hut y Marc Davis publicaron la denominada Hipótesis Némesis.

La hipótesis Némesis

Seg√ļn esta conjetura publicada en Nature, el Sol forma parte de un sistema binario. La otra estrella de este sistema es una enana marr√≥n de un tama√Īo apenas unas pocas veces mayor que el de J√ļpiter.

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Sol y N√©mesis se separaron al poco de formarse, y la hermana menor termin√≥ catapultada fuera del Sistema Solar, a una √≥rbita a√ļn ligada a nuestro Sol, pero miles de veces m√°s lejana que la de Plut√≥n. Seg√ļn los defensores de esta teor√≠a, N√©mesis orbita a una distancia de entre uno y tres a√Īos luz del Sol y es tan peque√Īa y oscura que no hemos podido encontrarla mediante observaci√≥n directa.

La cuestión es que Muller, Hut y Davis no se sacaron una segunda estrella de la manga porque sí. Lo hicieron para tratar de explicar un hecho intrigante: la periodicidad de algunas extinciones masivas aquí, en la Tierra.

Diagrama con el cinturón de Kuiper y la Nube de Oort. Imagen: Wikipedia

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El registro f√≥sil y los estratos geol√≥gicos de nuestro planeta sugieren que cada 27 millones de a√Īos, la Tierra sufre un bombardeo particularmente intenso de meteoritos y cometas de gran tama√Īo.

Los partidarios de la Hipótesis Némesis explican que ese bombardeo lo causa la segunda estrella hermana de nuestro Sol al acercarse a su perihelio (el punto más cercano al sol en una órbita elípitica), momento en el que su campo gravitatorio perturba las trayectorias de los miles de millones de cometas que forman la nube de Oort. Los objetos de esa nube más allá de Plutón salen despedidos hacia el interior del Sistema Solar y muchos impactan en la Tierra y el el resto de planetas.

Némesis no existe, pero probablemente existió

Hasta aquí todo bien, pero el problema es que la Hipótesis Némesis se sustenta sobre algunos datos que no encajan bien. El principal es precisamente su periodicidad. Si el Sistema Solar fuera realmente un sistema binario con una segunda estrella tan separada de la principal, la trayectoria de esa segunda estrella no debería tener una periodicidad exacta por la influencia de otras estrellas de la galaxia con la que nos hemos cruzado. Recordemos que el Sol no está quieto, sino que se desplaza, como el resto de estrellas en los brazos de la vía Láctea.

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En otras palabras, la mayor parte de la comunidad cient√≠fica internacional rechaza la hip√≥tesis y solo los astr√≥logos m√°s fantasiosos y los amigos de las teor√≠as apocal√≠pticas la abrazan. Seg√ļn el c√≥mputo quedan alrededor de 16 millones de a√Īos hasta la pr√≥xima visita de N√©mesis, as√≠ que podemos debatir sobre ello hasta cansarnos.

La cuesti√≥n es que Nemesis no es una estrella asesina que visita la Tierra peri√≥dicamente, pero es muy probable que haya existido, solo que la perdimos hace miles de millones de a√Īos.

Imagen infrarroja de un sistema estelar binario en la Constaleción de Perseo. Foto: J. Muzerolle (STScI)/NASA/ESA

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Un nuevo estudio de la Universidad de Berkeley ha constatado que los sistemas estelares binarios son mucho m√°s frecuentes de lo que pensamos. El problema es que el 60% de ellos no llega a madurar con esta configuraci√≥n. En otras palabras, es frecuente que hasta la mitad de las estrellas nazcan en parejas o tr√≠os, pero pocas llegan a la madurez formando sistemas m√ļltiples. La mayor parte de las veces, las estrellas menores salen despedidas y se pierden o forman sus propios sistemas.

La estad√≠stica, apoyada en la observaci√≥n de 55 estrellas de sistemas binarios y 45 estrellas √ļnicas, sugiere que es muy probable que el Sol naciera como parte de un sistema binario. Por suerte o por desgracia, esa segunda estrella se perdi√≥ mucho antes de que nosotros lleg√°ramos al Sistema Solar a hacer preguntas inc√≥modas al Sol sobre sus familiares. [v√≠a Space]