Cuando Musk fundó SpaceX en 2002, su mensaje fue claro: construir la tecnología necesaria para colonizar Marte. Dos décadas después, ese objetivo aún parece lejano. Lo que sí es inmediato es la expansión de la infraestructura satelital de Starlink, la red que ya rodea la Tierra con miles de satélites en órbita baja y que busca algo tan ambicioso como poner internet en cada rincón del planeta.
La inversión anunciada de 17 000 millones de dólares no irá a naves marcianas ni a bases lunares, sino a reforzar el negocio de las telecomunicaciones globales. Y, aunque pueda sonar menos épico, es un paso que puede cambiar la vida cotidiana de millones de personas.
La jugada maestra: internet directo al móvil

En noviembre de 2024, SpaceX selló un acuerdo con EchoStar para adquirir espectro exclusivo en Estados Unidos (AWS-4 y banda H) y derechos internacionales en otros países. El objetivo: que Starlink pueda conectar directamente con los móviles sin depender de antenas terrestres.
Este movimiento se acompaña de alianzas con gigantes de las telecomunicaciones: Rogers en Canadá, T-Mobile en Estados Unidos, Optus y Telstra en Australia, One New Zealand, Entel en Chile y Perú, KDDI en Japón, Salt en Suiza y Kyivstar en Ucrania. La idea es clara: que un usuario en el altiplano boliviano, en un barco en el Pacífico o en un hospital de campaña en una zona de desastre pueda levantar su teléfono y tener cobertura.
Según Gwynne Shotwell, presidenta de SpaceX, este espectro exclusivo “es la pieza que faltaba” para hacer realidad esa promesa.
Números de vértigo
El acuerdo no es barato: 8 500 millones de dólares en efectivo más otra parte en acciones de SpaceX. Además, se prevé un pago adicional de 2 000 millones de dólares en intereses hasta 2027. En total, la operación se aproxima a los 17 000 millones, una de las mayores inversiones privadas en telecomunicaciones de la historia.
Para EchoStar, el trato también es un salvavidas: con una deuda de 26 400 millones de dólares y pérdidas de 306 millones en el segundo trimestre de 2025, la empresa enfrentaba incluso la amenaza de perder licencias por parte de la FCC. El dinero de SpaceX no solo refuerza a Starlink, también estabiliza a un socio en apuros.
¿Un negocio o un bien común?

La narrativa de Musk sobre Marte siempre ha captado la imaginación del mundo, pero es este tipo de proyectos donde SpaceX puede demostrar un impacto inmediato. Ampliar la conectividad global no solo significa más velocidad para ver series en remoto: es acceso a educación online, a telemedicina, a información crítica en emergencias.
Desde las zonas rurales de África hasta las aldeas del Himalaya, la idea de “internet para todos” deja de ser un eslogan y se convierte en una posibilidad técnica. Y, de paso, SpaceX asegura ingresos gigantescos para financiar sus proyectos más arriesgados.
El próximo capítulo
Por ahora, Musk no pondrá una base en Marte. Pero si logra que cada móvil en el planeta pueda conectarse a internet sin importar dónde esté, la historia recordará esta inversión como un paso tan revolucionario como sus cohetes reutilizables.
Porque, aunque la humanidad aún no llegue al planeta rojo, con 17 000 millones sobre la mesa, la carrera espacial de SpaceX ya está cambiando la Tierra.