Cuando pensamos en la sangre, imaginamos inmediatamente un líquido rojo. Sin embargo, esta característica que parece universal es solo una de las muchas soluciones que desarrolló la naturaleza para transportar oxígeno y mantener vivos a los organismos.
En el reino animal existen criaturas cuya sangre puede ser azul, violeta, verde, amarillenta o prácticamente transparente. Estas diferencias no son simples curiosidades visuales, sino el resultado de adaptaciones biológicas que permitieron sobrevivir en ambientes extremos.
Investigadores como John Postlethwait, de la Universidad de Oregón, y Zachary Cheviron, de la Universidad de Montana, estudian estos mecanismos para comprender cómo evolucionaron los sistemas circulatorios y qué aplicaciones podrían tener en la medicina humana.
Por qué nuestra sangre es roja y la de los pulpos es azul
El color rojo de la sangre humana se debe a la hemoglobina, una proteína presente en los glóbulos rojos que contiene hierro y transporta oxígeno.
Cuando está oxigenada, presenta una tonalidad roja brillante. Cuando contiene menos oxígeno, adquiere un color rojo más oscuro.
Sin embargo, animales como los pulpos, calamares, cangrejos y algunos otros invertebrados utilizan una proteína diferente: la hemocianina. En lugar de hierro, contiene cobre, que produce una coloración azul cuando se une al oxígeno. Este sistema resulta especialmente útil para diversos organismos marinos adaptados a las bajas temperaturas.
Otros animales, como determinados gusanos marinos y braquiópodos, utilizan hemeritrina, una proteína con hierro que puede adquirir una tonalidad violeta al oxigenarse.
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— Mandela (@SrSkip8) November 2, 2026
Los lagartos de Nueva Guinea tienen sangre verde
Algunas especies de lagartos que habitan Nueva Guinea presentan una característica todavía más extraña: su sangre es verde.
A diferencia de los pulpos, estos reptiles sí utilizan hemoglobina para transportar oxígeno.
Sin embargo, acumulan grandes cantidades de biliverdina, un pigmento verde producido durante la degradación de la hemoglobina. Normalmente, los vertebrados transforman o eliminan este compuesto para evitar que alcance concentraciones elevadas.
Pero estos lagartos pueden acumular tanto pigmento que el verde termina predominando sobre el rojo de su sangre. Los científicos todavía investigan cómo toleran estas concentraciones y qué ventajas evolutivas podría proporcionarles este fenómeno.
Los peces antárticos que sobreviven sin sangre roja
Uno de los casos más extraordinarios aparece en los peces de hielo antárticos, pertenecientes a la familia Channichthyidae.
Estos animales son los únicos vertebrados conocidos que carecen de hemoglobina y glóbulos rojos funcionales.
Como consecuencia, su sangre presenta una apariencia blanquecina y translúcida. Para transportar oxígeno, dependen de la pequeña cantidad que se disuelve directamente en su plasma. Su supervivencia es posible gracias a adaptaciones como corazones relativamente grandes, mayor volumen sanguíneo y redes capilares especializadas.
Además, las aguas extremadamente frías de la Antártida contienen abundante oxígeno disuelto, lo que favorece este particular sistema circulatorio.
Qué puede aprender la medicina de estos animales
La diversidad de colores sanguíneos también puede proporcionar información valiosa para investigar enfermedades humanas.
Por ejemplo, algunas especies de ratones de montaña desarrollaron variantes de hemoglobina capaces de captar oxígeno eficientemente a grandes altitudes. Comprender estas adaptaciones podría contribuir a futuras investigaciones sobre trastornos relacionados con la falta de oxígeno, como determinadas enfermedades pulmonares.
Por otra parte, los peces antárticos ofrecen un modelo excepcional para estudiar cómo un organismo puede sobrevivir sin hemoglobina. Aunque estos descubrimientos todavía no representan tratamientos médicos, permiten explorar mecanismos biológicos que podrían resultar útiles frente a problemas como la anemia.
La sangre, por lo tanto, no tiene un único color ni una sola forma de funcionar. Su extraordinaria diversidad demuestra cómo millones de años de evolución produjeron soluciones diferentes para una misma necesidad esencial: mantener la vida.