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Ciencia

Los dientes de un cementerio cuáquero inglés guardan las cicatrices de un invierno que duró siglos: la Pequeña Edad de Hielo también pudo dejar a los niños sin sol

Tres de cada cuatro personas analizadas tienen en sus dientes marcas típicas de falta de vitamina D. Volcanes y un sol más débil podrían ayudar a explicarlo
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Los dientes funcionan como un diario que nadie puede borrar. Mientras crecen, durante la infancia y la adolescencia, van formando capas, y cualquier problema de salud importante queda grabado en ellas para siempre. Un equipo de la Universidad de Durham, en Inglaterra, leyó ese diario en los restos de personas enterradas hace más de dos siglos en un cementerio cuáquero de North Shields, en el noreste del país, y encontró algo inesperado: muchas de ellas pasaron por episodios repetidos de deficiencia de vitamina D, probablemente cada invierno.

Según el estudio, publicado en Frontiers in Environmental Archaeology, esos niños crecieron en plena Pequeña Edad de Hielo, un largo periodo de enfriamiento que, según los autores, pudo haberlos dejado con menos sol del que su cuerpo necesitaba.

Un enfriamiento que cambió la vida cotidiana

Pequeña Edad Del Hielo
© Por Hendrick Avercamp – https://www.teylersmuseum.nl/nl/collectie/kunst/o-006-ijsvermaak Web Gallery of Art:   Imagen  Info about artwork, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15451340

La Pequeña Edad de Hielo es el nombre que reciben varios siglos, aproximadamente entre el XIV y el XIX, en los que el hemisferio norte vivió temperaturas más bajas que las habituales. Las causas principales fueron una serie de grandes erupciones volcánicas, que llenaron la atmósfera de partículas que bloqueaban la luz solar, y periodos de baja actividad del Sol, como el Mínimo de Maunder (1645-1715) y el Mínimo de Dalton (aproximadamente 1790-1830).

Hubo inviernos durísimos, ríos congelados y cosechas perdidas en buena parte de Europa. Pero los investigadores querían saber si ese clima también había dejado huella en algo menos evidente: la salud de los huesos de quienes crecieron en esa época.

Las marcas ocultas en la dentina

Fosil Dientes
© Mélanie Martin – Unsplash

El cuerpo fabrica la mayor parte de su vitamina D cuando la piel recibe radiación ultravioleta B del sol. Sin ella, no puede fijar bien el calcio, y eso se nota en huesos y dientes. En los niños, una deficiencia prolongada provoca raquitismo, una enfermedad que deforma los huesos.

Para buscar esas señales, el equipo hizo cortes muy finos de 30 dientes de 21 personas enterradas en el cementerio de Coach Lane entre 1711 y 1829, y los observó al microscopio. Buscaban dentina interglobular, pequeños huecos que aparecen cuando el calcio no termina de mineralizar el diente. Como el diente crece a un ritmo conocido, cada banda permite estimar a qué edad ocurrió el problema.

El resultado fue llamativo: 16 de las 21 personas (76 %) tenían al menos un episodio, y la mayoría de ellas tenía más de uno. En algunos casos, las bandas se repetían año tras año. Una persona acumuló 18 episodios, casi uno por año desde la primera infancia hasta los 18 años. Los autores lo interpretan como deficiencias estacionales de vitamina D que volvían cada invierno. Estudios anteriores sobre el mismo cementerio ya habían encontrado signos de raquitismo en el 44 % de los niños y adolescentes enterrados allí.

Nacidos bajo volcanes y un sol débil

Cementerio Cuaquero
© Nandreano – Shutterstock

El cementerio tiene una ventaja poco común: un registro de entierros con fechas y edades. Con él, los investigadores calcularon el año de nacimiento aproximado de 109 personas y lo compararon con el calendario de erupciones volcánicas y mínimos solares. El 84 % había nacido durante una gran erupción o en los diez años siguientes, y alrededor del 41 % durante un mínimo solar. Solo el 13 % había nacido fuera de esos periodos.

La hipótesis del equipo es que veranos fríos y lluviosos, combinados con menos radiación ultravioleta, hacían que los niños pasaran más tiempo puertas adentro y más abrigados, con muy poca piel expuesta al sol. Eso habría vuelto más intensas las carencias de cada invierno.

Una explicación que no reemplaza a las demás

Durante mucho tiempo, el aumento del raquitismo en la Europa de los siglos XVIII y XIX se atribuyó sobre todo a la Revolución Industrial: ciudades cubiertas de humo, trabajo infantil en fábricas y viviendas oscuras. El nuevo estudio no descarta esas causas, pero sugiere que el clima pudo sumar otra capa de dificultad.

North Shields era entonces una comunidad en transición, todavía lejos del gran auge industrial de mediados del siglo XIX, y la población cuáquera enterrada allí tenía una posición económica relativamente acomodada. Además, algunos cementerios ubicados más al sur mostraban niveles de deficiencia similares o incluso mayores. Al comparar con otros cementerios de la época, los autores encontraron que la frecuencia de estos problemas no seguía de forma clara la latitud, el nivel de industrialización ni la riqueza de cada población.

Los propios investigadores reconocen los límites del trabajo. La muestra analizada al microscopio es pequeña, la dentina interglobular no es exclusiva de la falta de vitamina D, el registro de entierros tiene huecos importantes entre 1731 y 1780, y la relación con volcanes y mínimos solares es una correlación, no una prueba de causa. Por eso hablan de una hipótesis que necesita más estudios.

Aun con esas cautelas, el trabajo deja una idea interesante: el clima no solo afecta cosechas y economías, también puede quedar grabado en el cuerpo de una generación entera, capa por capa, dentro de sus dientes.

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