Cada vez que la NASA lanza algo al cielo, pensamos en cohetes. Sin embargo, hay otras misiones que pasan desapercibidas pero son igual de fascinantes. En abril de 2025, un globo de superpresión dio la vuelta al mundo en silencio. Y tras más de dos semanas de vuelo, su historia terminó… en el fondo del océano.
Una vuelta al mundo silenciosa

El primer vuelo de la Campaña de Globos de Superpresión 2025 concluyó el 4 de mayo. El globo, lanzado desde el aeropuerto de Wanaka (Nueva Zelanda) el 17 de abril, surcó el cielo durante 17 días, 13 horas y 47 minutos, completando una circunnavegación completa del hemisferio sur antes de amerizar de forma controlada en el océano Pacífico, a unos 1.300 kilómetros de la costa neozelandesa.
Durante el vuelo, el equipo de la NASA detectó una leve pérdida de altitud durante las noches más frías. Aunque no representaba un riesgo inmediato, optaron por terminar la misión antes de que la situación empeorara. El globo transportaba instrumentos demasiado delicados como para arriesgarse.
Hundido… pero por diseño

A diferencia de un globo cualquiera, estos colosos de la estratósfera están diseñados para hundirse al final de su misión. Y no es una casualidad. Con una carga útil de hasta dos toneladas, el objetivo es que toda la estructura descienda rápidamente al fondo marino, evitando flotar en zonas donde habita la mayor parte de la fauna oceánica.
Este protocolo busca minimizar el impacto ambiental. En esta ocasión, no se pudo recuperar el equipo, pero el procedimiento siguió el plan establecido: desaparición controlada.
La misión: vientos en la termosfera

El globo llevaba consigo la misión HIWIND, centrada en estudiar los vientos neutros en la termosfera, una capa clave de la atmósfera terrestre. Estos datos son fundamentales para entender mejor la dinámica de la ionosfera, cuya actividad puede alterar los sistemas de navegación y comunicación global.
El diseño del globo también se puso a prueba en esta primera fase de la campaña. Aunque la duración fue menor que el récord de 57 días, permitió validar ajustes técnicos y recoger datos valiosos para futuras misiones.
Más allá de los cohetes: El futuro de los globos
Los globos de superpresión tienen forma de calabaza y pueden alcanzar hasta 36 kilómetros de altitud, superando ampliamente la altura de los vuelos comerciales. Con un volumen de más de un millón de metros cúbicos, podrían albergar un estadio de fútbol entero. Su estructura sellada permite una presión interna constante, ideal para vuelos largos y estables.
La NASA realiza entre 10 y 15 lanzamientos de globos científicos cada año. Son una alternativa más económica y silenciosa a los lanzamientos espaciales tradicionales, y se barajan incluso para proyectos de turismo espacial. Muchos de ellos transportan telescopios o instrumentos de observación que exploran tanto la Tierra como el cosmos.
Puede que no hagan ruido, ni generen titulares como un cohete, pero los globos siguen siendo esenciales para la ciencia que se eleva sin necesidad de despegar con fuego.