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Ciencia

Nuestros cuerpos están infiltrados con microplásticos y las compañías químicas sabían desde hace décadas que esto iba a suceder

Un trabajo de investigación revela que los científicos de la industria sabían sobre los potenciales riesgos de los microplásticos ya en la década de 1970.
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Una oleada de trabajos de investigación ha vinculado a los microplásticos con problemas de salud en los últimos años. Estas diminutas partículas capaces de infiltrarse en los tejidos humanos causan problemas como el riesgo aumentado de ataques cardíacos, ciertos cánceres, y problemas reproductivos. Los investigadores siguen trabajando para entender exactamente cómo es que los microplásticos afectan nuestra salud, pero los documentos descubiertos últimamente sugieren que los científicos de la industria conocían los potenciales riesgos desde hace décadas.

Un trabajo de investigación de Los Angeles Times obtuvo memos internos entre científicos y ejecutivos de la industria, que revelan que ya conocían y les preocupaba la posibilidad de que los microplásticos contaminaran el cuerpo humano, durante al menos 50 años. Esta revelación llega a dos semanas de que se publicara un estudio en Nature, donde se halló parte de la evidencia más potente hasta ahora que sugiere que los microplásticos causan daño biológico.

“Nuestros hallazgos contradicen el paradigma que prevalece sobre la inocuidad del plástico como inerte, e identifican un mecanismo posiblemente pasado por algo sobre los efectos perjudiciales de los microplásticos en la salud y el medio ambiente”, escribieron los autores del trabajo.

Décadas de silencio

La investigación del LA Times halló evidencia de que ya en 1974 había preocupación en la industria, cuando un científico alemán llamado Gerhard Volkheimer presentó una investigación ante científicos corporativos y del gobierno. Su estudio mostraba que la ingesta de trocitos de PVC (policloruro de vinilo) puede causar que el plástico pasee al torrente sanguíneo de un animal para luego infiltrarse en sus órganos, como el hígado, el cerebro, los pulmones y otro, en el transcurso de tan solo dos horas.

Volkheimer también hizo que los participantes humanos de su ensayo ingirieran almidón de patatas, que se mueve por el cuerpo de manera similar a la del PVC, y encontró que aparecía en su sangre y en la leche materna. Si el almidón puede hacerlo, es probable que también el PVC pueda.

En los años posteriores a la presentación el personal de la industria hacía referencia frecuente a la investigación en memos internos, según descubrió el Times. Una carta de 1975 escrita por un ejecutivo en la compañía química Union Carbide decía que el estudio de Volkheimer se había “citado a menudo como historia de terror sobre la ingesta de resina de PVC”. Él contradecía esos hallazgos, y señalaba un estudio de 1947 auspiciado por la industria en que los animales a los que les dieron de comer plástico similar al PVC, el Geon 202, no habían enfermado.

Otros documentos muestran que la industria siguió citando el trabajo de Volkheimer en las décadas de 1970, 1980 y 1990, informa el LA Times. Desde entonces la ciencia ha encontrado mucha evidencia que corrobora sus hallazgos al demostrar que los microplásticos pueden pasar del sistema digestivo al torrente sanguíneo y acumularse en los órganos.

Sigue sin respuesta la pregunta de cuál es el impacto de esas partículas plásticas en la salud humana, pero cada vez más estudios apuntan a que los riesgos son importantes.

Más evidencia de riesgos para la salud

El trabajo que se publicó este mes en Nature encontró evidencia que sugiere que los plásticos no son químicamente inertes una vez que han ingresado en el cuerpo fragmentos diminutos, lo que contradice la suposición histórica sobre su inocuidad.

“A medida que el plástico se rompe en trozos cada vez más pequeños, las partículas hacen que su área aumente enormemente” declaró el autor principal del estudio Wei Min, profesor de química e ingeniería biomédica de la Universidad de Columbia. “Luego los microplásticos cambian el agua que los rodea, creando radicales reactivos de alta energía que muy probablemente contribuyen al daño biológico que vemos en animales y potencialmente en humanos como resultado de la exposición a los microplásticos”.

Como nuestros cuerpos están llenos de agua es razonable suponer que los microplásticos pueden crear esos radicales libres llamados especies reactivas de oxígeno (ROS) dentro de nosotros. Es posible que sea este el mecanismo que subyace a al menos algunos de los problemas de salud que se han vinculado con los microplásticos, pero para confirmarlo hacen falta más trabajos de investigación.

Traey Woodruff, profesora de epidemiología y salud poblacional en la Universidad de Stanford, que revisó los documentos que consiguió el LA Times, le dijo a ese medio que indican que los científicos y ejecutivos de las grandes compañías químicas decidieron guardar silencio sobre los potenciales riesgos de los microplásticos, pero un portavoz del grupo comercial más grande de la industria química negó esa afirmación.

“El debate científico sobre lo que la evidencia muestra no es silencio. Es la forma en que avanzan la ciencia y las políticas efectivas”, le dijo al LA Times Craig Davis, director de química en plásticos del Consejo Químico de EE.UU. “Nuestra industria está comprometida con el avance de la ciencia de los microplásticos, apoyando investigaciones independientes y políticas que favorezcan esos trabajos”.

El plástico forma parte de nuestras vidas, en todas partes, y estas partículas peligrosas se han detectado en casi todas las poblaciones y en el cuerpo humano. En muchos aspectos, el daño ya está. Ahora la cuestión es saber qué tan graves son las consecuencias.

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