Cualquiera que haya visitado Nueva York sabe que la red de metro deja bastante que desear. Sí, es la forma más rápida de moverse por la ciudad pero la infraestructura pide a gritos una renovación urgente. Los trenes son viejos y anticuados, los túneles están sucios y las estaciones terriblemente iluminadas. Todas menos una.

Hoy se ha abierto al público el intercambiador de transportes de Fulton, una estación cercana a Wall Street que recibirá cada día a unos 300.000 viajeros. Es la estación más cara de la red de metro, una maravilla arquitectónica en la que se han invertido 1.400 millones de dólares (1.125 millones de euros).

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AP Photo/Mark Lennihan

La enorme cúpula que cubre el recinto principal es la protagonista indiscutible del edificio. Diseñada por el estudio Grimshaw, es una colección de 1.000 reflectores de aluminio que canalizan la luz del sol hasta el interior de la estación.

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MTA/Flickr

El intercambiador de Fulton ha sido una de las obras de infraestructura más ambiciosas de la ciudad. Planeada justo después de los atentados del 11-S, pasó años en el aire por falta de fondos y por las luchas de las diferentes líneas de metro, que por aquel entonces aún eran compañías independientes.

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Para complicar aún más las cosas la estación se sitúa junto al edificio Corbin, una estructura de 1888 registrada en el censo nacional de edificios protegidos de EE.UU. Para poder erigir la estación adyacente fue necesario construir un muro de soporte especial y rehabilitar los cimientos del edificio. Pero en un espacio reducido y con un edificio histórico el uso de maquinaria estaba completamente prohibido. Hubo que cavar con pico y pala. Tecnología del siglo XIX para tener por fin una estación del XXI. [Foto superior de AP Photo/Mark Lennihan]

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