Image: Wikimedia Commons

Nos pasamos más de nueve horas sin acudir al baño a defecar, sin ir más lejos, lo hacemos cuando dormimos. Sin embargo, nueve horas pueden ser muy largas si surge “un apretón” en un espacio cerrado sin ventilación alguna. Resulta que el super avión espía U-2 no tenía servicio ni nada que se le pareciera.

El U-2 volaba hasta nueve horas seguidas llevando al límite el cuerpo de su único piloto, quien no solo tomaba fotografías de las zonas por las que pasaba mientras pilotaba, sino que también en ocasiones esquivaba misiles tierra-aire. Por tanto, el tema del baño debía solucionarse porque aquello podía ser una bomba de relojería.

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¿Solución? La CIA prescribió una dieta adecuada para los pilotos con el fin de evitar la necesidad de hacer caca. A partir de la década de 1950, el programa U-2 lanzó misiones secretas de vigilancia contra la Unión Soviética, China y otros países. Las misiones se llevaron a cabo en el más absoluto secreto y estaban estrictamente controladas, tanto que la agencia tenía pautas de vida para los pilotos antes y después de las misiones.

Image: U-2S (Wikimedia Commons)

Por ejemplo, se aconsejó que durmieran por lo menos diez horas y que pasaran seis horas realizando “ejercicio ligero” (natación, golf) y “actividades relajadas” (ajedrez, jugar a las cartas, salir con la familia).

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Por otro lado, el avión espía fue construido con el denominado “tubo de alivio” para la micción, ya que ningún piloto debía aguantar su vejiga durante nueve horas. Por contra, no tenía un mecanismo para defecar. Para solucionar el problema, la CIA recomendó dietas con alto contenido en proteínas para minimizar la creación de excrementos.

Image: U2 (Wikimedia Commons)

Fue lo que se llamó “Programa piloto de control de mantenimiento físico U-2 de la CIA”. Un antiguo manual de alto secreto que incluía los siguientes consejos para evitar tener que ir al baño:

La alimentación controlada de una dieta rica en proteínas y baja en residuos para los pilotos de la misión debe comenzar veinticuatro horas antes del despegue. El objetivo de este control es proporcionar alimentos que se puedan absorber casi por completo del tracto gastrointestinal, dejando así un mínimo de residuos para la formación de heces y gases intestinales.

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Image: Wikimedia Commons

Además, el manual continúa explicando: “esto evita la necesidad de defecar con frecuencia y disminuye la posibilidad de una expansión gaseosa significativa en el tracto intestinal”. Las comidas recomendadas incluían café, té, arroz, fideos, requesón, huevos, carne, sopas, dulces y vegetales.

Por cierto, entre los alimentos no recomendados había leche, pan, postres (como tartas y pasteles), alimentos fritos, grasos, frutas, pepinillos, nueces y, por supuesto, queso. [Muckrock vía PopularMechanics]