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Ciencia

Países Bajos quiere acabar con los muros grises de las ciudades. Ha desarrollado un hormigón donde crece musgo y ya está transformando paredes en pequeños ecosistemas

Una empresa de Países Bajos desarrolló un hormigón especial que permite cultivar musgo directamente sobre las paredes. La tecnología utiliza materiales reciclados y promete reducir el calor urbano sin necesidad de instalar jardines verticales.
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Las ciudades llevan décadas cubriéndose de hormigón, un material extraordinariamente resistente que también contribuye a uno de sus mayores problemas ambientales: la acumulación de calor. Durante el verano, las paredes y el asfalto absorben radiación solar y elevan la temperatura del entorno. Ahora, una empresa de Países Bajos está intentando cambiar algo que parecía inseparable de este material: su condición de superficie gris y prácticamente inerte.

La solución consiste en un revestimiento de hormigón diseñado para que crezca musgo directamente sobre él, sin grandes jardineras ni estructuras adicionales. La tecnología ya se está aplicando en diferentes ciudades neerlandesas y acaba de protagonizar una intervención en Utrecht, donde una pared cubierta de grafitis se está transformando en una superficie vegetal.

El objetivo va más allá de la estética. Sus desarrolladores esperan que estos muros ayuden a retener humedad, favorezcan pequeños ecosistemas urbanos y contribuyan a reducir el calentamiento de determinadas superficies.

Un hormigón diseñado para que las plantas crezcan donde normalmente no podrían hacerlo

Países Bajos quiere acabar con los muros grises de las ciudades. Ha desarrollado un hormigón donde crece musgo y ya está transformando paredes en pequeños ecosistemas
Una superficie de hormigón bioreceptivo cubierta de musgo, desarrollada por la empresa neerlandesa Respyre. © Respyre.

La tecnología se llama Mosscrete y ha sido desarrollada por Respyre, una empresa surgida del entorno de la Universidad Tecnológica de Delft. Su funcionamiento se basa en un concepto denominado bioreceptividad: la capacidad de un material para facilitar el establecimiento de organismos vivos.

A diferencia del hormigón convencional, cuya formulación suele buscar limitar la entrada de humedad y el crecimiento biológico, este revestimiento tiene una estructura porosa que permite almacenar agua y favorecer la adhesión del musgo. Según explica la Universidad Tecnológica de Delft en su presentación de la tecnología, el material no sustituye al hormigón estructural, sino que se aplica como una capa adicional. Una formulación descrita en 2023 incorporaba hasta un 87% de residuos reciclados, principalmente procedentes de la construcción.

El musgo se adhiere mediante rizoides, estructuras que cumplen una función de sujeción sin comportarse como las raíces de las plantas convencionales. Esto permite favorecer su crecimiento sin necesidad de que penetre profundamente en el soporte.

En Utrecht, la compañía aplicó el revestimiento sobre un muro existente, incorporó distintas especies de musgo e instaló un sistema de irrigación para facilitar su establecimiento. La intervención contó con el apoyo del fondo empresarial local Ondernemersfonds Utrecht.

De una pared cubierta de grafitis a una fachada que podría ayudar a combatir el calor

Países Bajos quiere acabar con los muros grises de las ciudades. Ha desarrollado un hormigón donde crece musgo y ya está transformando paredes en pequeños ecosistemas
Auke Bleij, cofundador de Respyre, junto a una pared cubierta de musgo cultivado sobre un revestimiento bioreceptivo. © Respyre / Universidad Tecnológica de Delft.

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que no requiere demoler las estructuras existentes. El revestimiento puede aplicarse sobre paredes, elementos de puentes o muros de contención, aprovechando espacios que actualmente apenas tienen valor ecológico. Respyre también está probando su tecnología en Ámsterdam, donde ha intervenido aproximadamente 50 metros cuadrados de los estribos de un puente con problemas recurrentes de grafitis.

La documentación oficial de Respyre sobre el proyecto Parlevinkenbrug señala que esta instalación funciona como una prueba de crecimiento pasivo. A diferencia del caso de Utrecht, depende de las precipitaciones, la humedad ambiental y la sombra, sin un sistema de riego permanente.

Su potencial para reducir el calor está relacionado con la evaporación del agua retenida. Cuando esa humedad pasa al aire, absorbe energía de la superficie y puede contribuir a disminuir su temperatura. Además, los musgos ofrecen refugio a pequeños invertebrados y pueden retener determinadas partículas atmosféricas. Sin embargo, estos beneficios dependen de las condiciones ambientales. Una fachada expuesta al sol y completamente seca no necesariamente ofrecerá el mismo rendimiento que otra situada en un entorno húmedo y sombreado.

Convertir los edificios en superficies vivas todavía tiene un desafío pendiente

Países Bajos quiere acabar con los muros grises de las ciudades. Ha desarrollado un hormigón donde crece musgo y ya está transformando paredes en pequeños ecosistemas
Proyecto de revestimiento vegetal en los estribos del puente Parlevinkenbrug, en Ámsterdam. La instalación permitirá estudiar el desarrollo del musgo sin riego activo. © Respyre.

Aunque la propuesta parece sencilla, mantener el musgo vivo durante años es uno de sus principales obstáculos. Las variaciones de temperatura, la radiación solar y la disponibilidad de agua pueden afectar considerablemente al resultado.

Una investigación de la Universidad Tecnológica de Delft publicada en 2024 analizó precisamente los sistemas de irrigación utilizados por Respyre. El trabajo detectó problemas de distribución desigual del agua y planteó mejoras para reducir su consumo durante el establecimiento del musgo.

También queda por comprobar su durabilidad y su impacto ambiental a largo plazo. Aunque reutilizar materiales de construcción puede reducir la necesidad de determinadas materias primas, la fabricación de productos cementicios sigue asociada a emisiones de carbono.

Por eso, este tipo de revestimientos no sustituirá a los árboles, parques o jardines convencionales. Su mayor potencial está en complementar esas infraestructuras verdes utilizando superficies donde actualmente resulta difícil introducir vegetación.

La experiencia neerlandesa plantea una idea interesante para las ciudades del futuro: quizá no sea necesario construir nuevos espacios verdes desde cero para recuperar parte de la naturaleza perdida. En algunos casos, podría bastar con transformar las paredes que ya existen y permitir que organismos diminutos empiecen a colonizarlas.

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