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Ciencia

Parece la peor idea posible para alimentar a un astronauta: exponer su comida a radiación gamma. Para la NASA fue una de las formas más seguras de llevarla a la Luna

La NASA recurrió a la radiación gamma para frenar mohos y microorganismos en alimentos destinados a las misiones Apollo. El sistema llegó hasta Apollo 17, donde los astronautas pudieron comer un sándwich preparado con pan irradiado y jamón esterilizado mediante esta técnica.
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Llegar a la Luna exigió resolver problemas gigantescos: construir un cohete capaz de escapar de la Tierra, mantener con vida a tres seres humanos dentro de una cápsula minúscula y conseguir que regresaran atravesando la atmósfera a velocidades extremas. Pero entre todos esos desafíos había uno bastante más mundano: cómo evitar que una rebanada de pan terminara cubierta de moho en mitad del espacio.

La solución elegida por la NASA parece, vista desde 2026, casi diseñada para provocar desconfianza. El pan fue expuesto a radiación gamma. Y funcionó.

Un informe conservado en el NASA Technical Reports Server revela hasta qué punto la agencia investigó durante el programa Apollo la llamada radurización, una técnica que utiliza dosis relativamente bajas de radiación ionizante para reducir microorganismos y prolongar la conservación de los alimentos. El objetivo no era convertir la comida en algo exótico, sino conseguir exactamente lo contrario: que los astronautas pudieran comer alimentos reconocibles sin introducir un problema microbiológico dentro de una nave espacial.

El enemigo de la NASA también era el moho

El proyecto trabajó con harina y panes suministrados por Pepperidge Farm, sometiéndolos a radiación gamma antes de las misiones. El informe de 1976 explica que una parte importante de los experimentos estaba dedicada específicamente a impedir el crecimiento de moho y determinar qué dosis podían utilizarse sin deteriorar la calidad del pan.

La idea tenía bastante sentido. Una nave Apollo no disponía de una despensa convencional, y una intoxicación alimentaria a cientos de miles de kilómetros de casa podía convertirse en algo mucho más serio que un mal día.

Uno de los documentos médicos del programa ofrece además una cifra concreta. Para Apollo 15 se utilizó pan fresco en rebanadas expuesto a 50.000 rad de radiación gamma procedente de cobalto-60, equivalente a unos 500 Gy. Ese informe identifica Apollo 15 como la primera misión que utilizó ese tipo concreto de pan fresco irradiado.

Aquí aparece una pequeña curiosidad documental. El informe de 1976 afirma de forma más amplia que todas las misiones desde Apollo 12 hasta Apollo 17 transportaron pan fresco irradiado, mientras que la revisión médica anterior sitúa en Apollo 15 la introducción del pan fresco en rebanadas irradiado. Los documentos no explican directamente esa aparente diferencia, que podría responder al tipo de pan, al tratamiento de la harina o a cómo se clasificaban los productos empleados en cada misión.

Lo que sí está fuera de duda es que la tecnología terminó formando parte real del menú Apollo.

Apollo 17 fue un paso más allá: jamón irradiado para hacer un sándwich

En diciembre de 1972, la última misión tripulada del programa lunar llevó el concepto bastante más lejos. Apollo 17 incorporó jamón esterilizado mediante radiación gamma de cobalto-60. La documentación médica del programa señala una dosis de aproximadamente 3,7 megarad, unos 37 kGy, mucho mayor que la utilizada para pasteurizar el pan.

El informe posterior de la NASA cuenta además que la colaboración con los laboratorios militares de Natick permitió combinar aquel jamón esterilizado con el pan irradiado para introducir algo sorprendentemente normal dentro de una de las misiones más extraordinarias de la historia: un sándwich de jamón.

La diferencia entre ambos tratamientos es importante. En el pan se buscaba principalmente una especie de pasteurización que redujera los microorganismos responsables del deterioro. Para determinados alimentos cárnicos podían aplicarse dosis superiores con el objetivo de lograr una esterilización mucho más intensa y permitir su almacenamiento durante largos periodos.

La propia NASA veía la radurización como un concepto comparable a pasteurizar la leche: utilizar un tratamiento físico para aumentar la seguridad alimentaria y, al mismo tiempo, prolongar la vida útil del producto.

Y no, comerlo no significaba ingerir comida radiactiva

Probablemente sea la parte más contraintuitiva de toda la historia. Un alimento irradiado no se convierte por ello en radiactivo.

La radiación atraviesa el producto y deposita energía capaz de dañar el ADN de bacterias, mohos, insectos y otros organismos, pero no deja una fuente radiactiva dentro del alimento. Es un principio parecido, salvando las diferencias de dosis y finalidad, al de someter un objeto a una radiografía: recibir radiación y contener material radiactivo son cosas completamente distintas. La FDA señala que la irradiación alimentaria no convierte la comida en radiactiva y que, correctamente utilizada, tampoco altera de forma apreciable su sabor, textura o aspecto.

Tampoco se quedó en una extravagancia de los años 70. Actualmente se utilizan rayos gamma, rayos X y haces de electrones para tratar determinados alimentos, reducir microorganismos, controlar plagas y retrasar procesos como la maduración o la germinación. La técnica cuenta con estándares internacionales y sigue utilizándose comercialmente en distintos países.

Quizá ahí esté lo más curioso de aquel sándwich de Apollo 17. Mientras los astronautas viajaban dentro de una de las máquinas más sofisticadas que la humanidad había construido, parte de la tecnología necesaria para mantenerlos sanos estaba escondida en algo tan sencillo como dos rebanadas de pan y un trozo de jamón.

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