Cuando una inundación arrasa una ciudad, algunas de las prioridades resultan evidentes: proteger a la población, mantener funcionando hospitales, recuperar carreteras y restablecer servicios básicos. Pero hay otra clase de pérdida que puede aparecer entre el agua, el barro o las llamas y que no siempre admite una reconstrucción sencilla.
Un archivo histórico empapado. Una colección arqueológica evacuada demasiado tarde. Un edificio centenario golpeado por una tormenta. Un paisaje cultural consumido por un incendio.
Con El Niño de 2026 intensificándose rápidamente, la UNESCO ha decidido actuar antes de que esa escena se repita a gran escala. La organización acaba de poner en marcha Cultura x El Niño, una campaña internacional diseñada específicamente para proteger patrimonio cultural y natural, museos, bibliotecas, archivos y prácticas culturales frente a los fenómenos extremos que pueden acompañar al evento climático. Y esta vez hay una razón para moverse pronto.
El Niño todavía tiene margen para hacerse mucho más fuerte

La Organización Meteorológica Mundial confirmó a comienzos de septiembre que El Niño está firmemente establecido en el Pacífico tropical y que debería seguir intensificándose durante los próximos meses.
Sus modelos sitúan en prácticamente el 100% la probabilidad de que continúe hasta febrero de 2027, y apuntan a que podría alcanzar una intensidad “muy fuerte” antes de llegar a su máximo hacia finales de este año.
Eso no significa que todos los países vayan a sufrir las mismas consecuencias. La propia OMM advierte que la intensidad de El Niño no determina por sí sola lo que ocurrirá en una región concreta. Otros factores oceánicos y atmosféricos pueden amplificar o reducir sus efectos. Sin embargo, el abanico de riesgos es amplio: sequías, lluvias torrenciales, inundaciones, deslizamientos, incendios forestales y temperaturas extremas.
Para un museo, un archivo o un yacimiento arqueológico, cualquiera de ellos puede convertirse rápidamente en una emergencia.
La amenaza tampoco es hipotética. Tras el incendio que afectó en 2022 a más de 100 hectáreas del Parque Nacional Rapa Nui, incluido el entorno de Rano Raraku, la UNESCO tuvo que financiar evaluaciones de daños y nuevos planes de gestión del riesgo. En Argentina, el organismo también ha trabajado en la preparación frente a incendios en el Parque Nacional Los Alerces, después de años de grandes superficies quemadas.
Hay 150.000 dólares para empezar. El plan va bastante más allá del dinero

La UNESCO ha reservado inicialmente 150.000 dólares de su Fondo de Emergencia para el Patrimonio para preparar a los países considerados prioritarios. La cifra es solo el punto de partida: la organización anticipa que necesitará recursos adicionales si los impactos empiezan a producirse simultáneamente en diferentes regiones.
El trabajo comenzará antes de las catástrofes. Entre las medidas previstas están evaluar qué sitios presentan mayor riesgo, actualizar planes de emergencia, identificar dónde trasladar colecciones, preparar almacenamiento temporal para piezas patrimoniales y establecer protocolos de actuación frente a inundaciones, incendios, tormentas y sequías.
También hay algo menos visible que salvar. El patrimonio no termina en un edificio o en los objetos guardados dentro de una vitrina. El Niño puede interrumpir tradiciones, actividades culturales, turismo y formas de vida vinculadas durante generaciones a determinados territorios. UNESCO señala especialmente a las comunidades locales e indígenas, tanto por su exposición a esos cambios como por el conocimiento ambiental que pueden aportar para anticiparlos.
La idea es llegar antes que el agua y el fuego
Ese es, en realidad, el cambio de estrategia. El Fondo de Emergencia para el Patrimonio existe desde 2015 y normalmente permite reaccionar rápidamente cuando guerras o desastres amenazan bienes culturales. Con esta campaña, UNESCO pretende utilizar previsiones climáticas y sistemas de alerta para mover piezas, preparar instituciones y organizar respuestas antes de que llegue el desastre.
El Niño alcanzará previsiblemente su fase más intensa dentro de unos meses. Todavía no sabemos exactamente dónde dejará sus peores consecuencias. Pero para la UNESCO hay algo que sí está claro: esperar a que una biblioteca esté bajo el agua o un sitio arqueológico rodeado por las llamas es llegar demasiado tarde.