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Ciencia

Pensábamos que la vida solo podía surgir aquí. El James Webb acaba de encontrar sus semillas en una estrella helada fuera de la galaxia

El telescopio espacial más poderoso de la historia detectó moléculas orgánicas —como alcoholes, ácidos y azúcares simples— congeladas alrededor de una estrella joven en otra galaxia. En un entorno donde nada debería sobrevivir, la química de la vida vuelve a repetirse, desafiando todo lo que creíamos saber sobre el origen biológico del cosmos.
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Durante décadas creímos que los ingredientes esenciales para la vida eran un privilegio de la Vía Láctea. Pero un hallazgo reciente del telescopio espacial James Webb (JWST) acaba de quebrar esa certeza: por primera vez, los científicos detectaron moléculas orgánicas complejas fuera de nuestra galaxia, en el hielo que rodea una estrella recién nacida.

El descubrimiento, publicado por la NASA y la Universidad de Maryland, marca un antes y un después. Lo que el Webb observó en la Gran Nube de Magallanes, a 160.000 años luz de distancia, sugiere que la química de la vida no es local, sino universal.

El hallazgo: moléculas de vida más allá de la Vía Láctea

El James Webb confirma lo impensable: hay moléculas de vida en otra galaxia, congeladas en el hielo de una estrella recién nacida
© Pexels / Jason Pittman.

En el corazón de una nube helada de polvo y gas interestelar, una joven estrella llamada ST6 brillaba débilmente. Al analizar su luz con el instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument) del James Webb, el equipo liderado por la astrónoma Marta Sewilo encontró algo inesperado: las huellas espectrales de moléculas orgánicas complejas (COMs), conocidas en la Tierra como los ladrillos de la vida.

Entre ellas aparecieron metanol, etanol, formiato de metilo, acetaldehído y ácido acético: la base del vinagre, el alcohol y los azúcares simples. También detectaron señales de glicolaldehído, una molécula precursora de estructuras como el ARN, aunque su presencia aún debe confirmarse con observaciones adicionales.

“Estas moléculas son las que hacen posible la vida tal como la conocemos”, explicó Sewilo. “Encontrarlas en un entorno tan extremo nos demuestra que la química orgánica compleja puede surgir en casi cualquier rincón del universo”.

Un entorno hostil donde la vida insiste

El James Webb confirma lo impensable: hay moléculas de vida en otra galaxia, congeladas en el hielo de una estrella recién nacida
© Pexels / Luis Felipe Alburquerque Briganti.

La Gran Nube de Magallanes es una galaxia pequeña y primitiva, con pocos elementos pesados y una radiación ultravioleta intensa que debería destruir este tipo de moléculas. Sin embargo, ahí están: congeladas en el hielo interestelar, resistiendo el tiempo y la energía del cosmos.

El coautor del estudio, Will Rocha, de la Universidad de Leiden, subrayó que estos compuestos no solo se forman, sino que además sobreviven en condiciones extremas. “Las moléculas orgánicas complejas pueden nacer tanto en el hielo como en el gas. Y una vez formadas, pueden liberarse y mezclarse con nuevas estrellas y planetas. Es la receta universal del cosmos repitiéndose”.

Por qué este hallazgo cambia la historia

El James Webb confirma lo impensable: hay moléculas de vida en otra galaxia, congeladas en el hielo de una estrella recién nacida
© Pexels / Jason Pittman.

Hasta ahora, los astrónomos solo habían detectado estas moléculas dentro de la Vía Láctea. Que aparezcan fuera implica que los mecanismos que generan vida son mucho más comunes de lo que se creía.

Para Sewilo y su equipo, la Gran Nube de Magallanes es un espejo del universo temprano: una región con menos carbono, nitrógeno y oxígeno, parecida a las primeras galaxias formadas tras el Big Bang. Si allí puede existir esta química, entonces la vida pudo tener múltiples comienzos en distintos puntos del espacio y del tiempo.

La astrónoma lo resume así: “Estas moléculas son como fósiles químicos que nos cuentan cómo el universo aprendió a hacer biología antes incluso de que existieran los planetas”.

Un vistazo al futuro: la vida como una constante

El equipo planea ampliar la investigación hacia otras protoestrellas de la Gran y Pequeña Nube de Magallanes. Su objetivo es construir un mapa de dónde y cómo se reproducen las reacciones orgánicas en el universo.

Si se confirman los resultados, podríamos estar ante la prueba más sólida de que la vida no es una rareza de la Tierra, sino un patrón cósmico, repetido una y otra vez en las estrellas, en los hielos y en el polvo interestelar.

El James Webb, en silencio y desde su mirador a un millón y medio de kilómetros de casa, parece decirnos algo que suena casi poético: que el universo entero podría estar hecho del mismo impulso que nos hizo nacer a nosotros.

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