En el corazón de la Vía Láctea, a unos 26.000 años luz de la Tierra, existe un lugar donde la gravedad parece haber llevado las reglas del universo al límite. Allí se encuentra Sagitario A*, un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a unos cuatro millones de soles, rodeado de estrellas que se desplazan a velocidades extraordinarias.
Durante mucho tiempo, los astrónomos consideraron que sus inmediaciones eran un entorno especialmente hostil para la supervivencia de sistemas estelares complejos. La intensa gravedad y las interacciones entre estrellas podrían desestabilizar cualquier pareja estelar que se acercase demasiado. Pero una investigación ha encontrado algo que no encaja del todo con aquella imagen.
Un equipo internacional ha identificado dos estrellas que orbitan entre sí mientras se desplazan alrededor del agujero negro, una configuración que hasta entonces no se había confirmado tan cerca de un objeto supermasivo de estas características.
El descubrimiento, publicado en diciembre de 2024 en Nature Communications, plantea una posibilidad todavía más fascinante: que también puedan existir planetas en el entorno del centro galáctico.
Dos estrellas donde parecía imposible que sobreviviera una pareja

El sistema descubierto recibió el nombre de D9 y se encuentra dentro del denominado cúmulo S, una población de estrellas que orbita cerca de Sagitario A*. Los científicos utilizaron el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, situado en Chile, para estudiar sus movimientos durante aproximadamente quince años.
Los instrumentos SINFONI y ERIS detectaron variaciones periódicas en la velocidad del gas asociado al objeto. Aquella señal permitió establecer que D9 no era una estrella individual, sino dos estrellas que giraban alrededor de un centro de masas común.
Según explicó el Observatorio Europeo Austral, se trata de la primera pareja estelar identificada en las proximidades de un agujero negro supermasivo. Lo más sorprendente es su juventud. Los investigadores estiman que el sistema tiene unos 2,7 millones de años, una edad extraordinariamente pequeña en términos astronómicos. Sin embargo, su futuro podría ser breve. Las perturbaciones gravitatorias del entorno probablemente provocarán que ambas estrellas terminen fusionándose dentro de aproximadamente un millón de años.
D9 demuestra que una pareja de estrellas puede sobrevivir temporalmente en un entorno mucho más extremo de lo que se había podido comprobar hasta ahora.
La pista que ha llevado a los científicos a pensar en planetas

El descubrimiento contiene otro detalle especialmente interesante. Los investigadores encontraron indicios de gas y polvo alrededor de las estrellas, materiales que también intervienen en la formación de sistemas planetarios. Esto no significa que D9 tenga planetas. Tampoco demuestra que exista un disco protoplanetario capaz de producirlos. Pero sugiere que las condiciones del centro galáctico pueden ser más variadas de lo que se pensaba.
Florian Peißker, investigador de la Universidad de Colonia y autor principal del estudio, considera plausible que puedan descubrirse planetas en esa región, ya que estos suelen formarse alrededor de estrellas jóvenes. La posibilidad abre una cuestión diferente: ¿podría un planeta conservar una órbita estable mientras su estrella gira alrededor de un agujero negro supermasivo?
Desde el punto de vista gravitatorio, no es imposible. Un planeta suficientemente próximo a su estrella podría permanecer ligado a ella, siempre que las perturbaciones externas no desestabilizaran su trayectoria. Pero el entorno también presenta dificultades enormes, desde encuentros cercanos con otras estrellas hasta radiación intensa y posibles alteraciones gravitatorias. Y encontrar planetas allí no implicaría necesariamente que pudieran albergar vida.

El próximo gran telescopio podría ayudar a resolver el misterio
La detección de D9 también puede contribuir a explicar los denominados objetos G, unas fuentes misteriosas del centro galáctico que parecen nubes de gas y polvo, pero muestran comportamientos propios de estrellas.
Los autores plantean que algunos podrían ser sistemas binarios todavía activos o los restos de estrellas que ya se fusionaron. Para estudiar estos objetos con mayor precisión, los astrónomos confían en la actualización GRAVITY+ del interferómetro del VLT y en futuros instrumentos del Extremely Large Telescope, actualmente en construcción en Chile.
Estas tecnologías permitirán observar estructuras más pequeñas y movimientos más sutiles en las inmediaciones del agujero negro. Por ahora, no se ha confirmado ningún planeta orbitando Sagitario A ni ninguna de las estrellas de su entorno inmediato*. Sin embargo, D9 ha demostrado que incluso una región dominada por una gravedad extrema puede albergar sistemas estelares que parecían demasiado frágiles para sobrevivir.
El corazón de nuestra galaxia quizá no sea el lugar completamente inhóspito que imaginábamos. Y puede que algunos de sus secretos todavía estén girando alrededor de estrellas que apenas hemos empezado a distinguir.