Image: National Archives and Records Administration

A√Īo 1918, m√°s o menos a partir del mes de abril. Por aquellas fechas, cualquiera que se acercara a alguno de los numerosos parques de Nueva York, se pod√≠a encontrar con extra√Īas figuras, todas un tanto espeluznantes, escondidas entre las rocas y los √°rboles de los espacios p√ļblicos.

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En realidad, se trataba de mujeres disfrazadas o camufladas de un tipo de hierba seca especial (también tenían trajes de roca), la mayoría formaban parte del conocido como Women’s Reserve Camouflage Corps, una división olvidada de la Liga Nacional para el Servicio Femenino.

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Poco despu√©s, a esta iniciativa se sumaban artistas de todo Estados Unidos. La idea: ayudar con el esfuerzo b√©lico durante la Primera Guerra Mundial. Las mujeres estaban utilizando su creatividad y habilidades para desarrollar dise√Īos y patrones que imitaban el paisaje para proporcionarles a los soldados protecci√≥n en el campo de batalla.

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De hecho, los parques se usaron como laboratorios para probar los diferentes trajes de camuflaje, y las calles de la ciudad de Nueva York se utilizaron como estudios para pintar dise√Īos deslumbrantes que pod√≠an distraer a los barcos de guerra enemigos.

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De ah√≠ esas poses y figuras tan extra√Īas de las fotos rescatadas hace unos a√Īos por el National Archives and Records Administration, con las mujeres encorvadas detr√°s de los troncos de los √°rboles o api√Īadas contra las rocas.

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Lo cierto es que hay que retroceder en el tiempo para darle a estas instant√°neas su justa importancia. Las mujeres desempe√Īaron un papel crucial durante el esfuerzo b√©lico, trabajando en f√°bricas, hospitales y muchas otras organizaciones militares. Al mismo tiempo, el camuflaje se convirti√≥ en una t√°ctica militar cada vez m√°s importante durante la Primera Guerra Mundial.

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Cuentan los historiadores que los primeros en tomarse muy en serio el camuflaje fueron los franceses, desarrollando diferentes técnicas y reclutando artistas, escultores, arquitectos, fabricantes de moldes o caricaturistas para la causa. La idea se extendió a Estados Unidos, pero cuando la mayoría de los hombres tuvieron luchar en el frente, el trabajo se dejó a las mujeres.

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El primer grupo de la Women‚Äôs Reserve Camouflage Corps lleg√≥ de diferentes partes del estado de Nueva York y de Filadelfia, casi todas artistas en activo. Para formar parte de la unidad militar, las mujeres deb√≠an tener alg√ļn tipo de entrenamiento en pintura, escultura, fotograf√≠a o tallado en madera. Ah, y estar en perfectas condiciones f√≠sicas.

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Aunque no había límite de edad, la mayoría no pasaban la treintena. Después de pagar una tarifa de poco más de 40 dólares por el uniforme y la matrícula, las mujeres estaban listas para aprender el arte y la ciencia del camuflaje. Un piso en Madison Avenue fue la sede principal. Allí, el teniente H. Ledyard condujo el mismo entrenamiento que brindaba a los hombres del Cuerpo de Camuflaje de Nueva York.

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Con el fin de crear la mejor protecci√≥n para los soldados, Towle cre√≠a firmemente que a las mujeres se les deb√≠a ense√Īar los entresijos de la guerra moderna, incluidas las formaciones y maniobras del ej√©rcito. Un curso intensivo de tres meses que finalizaba con las ‚Äúpr√°cticas‚ÄĚ en los parques, donde las mujeres se mover√≠an por el entorno y probar√≠an sus dise√Īos. Los mejores se enviar√≠an al ej√©rcito.

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Por cierto, la Armada de Estados Unidos comenz√≥ a usar camuflaje ese mismo a√Īo, llegando a pintar m√°s de 1.000 embarcaciones con todo tipo de patrones extra√Īos inspirados en algunos dise√Īos de las mujeres. Un dato de la importancia de este grupo: de los 95 barcos hundidos por los submarinos alemanes despu√©s a partir de julio de 1918, solo 18 de ellos estaban camuflados. [Unwritten-Record, BusinessInsider]