El ser humano no es el único en fabricar seda. De hecho, más que fabricarla, procesamos este suave y resistente tejido a partir de la que elaboran los insectos. Durante años, los científicos se han preguntado por qué la seda de orugas o arañas es mucho más resistente que la que creamos los seres humanos. Un grupo de la Universidad de Oxford ha encontrado la respuesta. Los insectos usan nanotecnología.

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La razón por la que se investigan sedas más resistentes no es para lograr crear una pashmina irrompible. La seda se utiliza también en aplicaciones médicas por tratarse de un material biológico que funciona muy bien para confeccionar, por ejemplo, cartílago artificial. Sin embargo, su resistencia tiene sus límites y los científicos llevan tiempo tratando de desentrañar los misterios de la seda natural.

Para tratar de obtener respuestas, un equipo de la Universidad de Oxford y del Colegio William and Mary de Virginia, en Estados Unidos, han observado como los insectos forman la seda natural mediante un microscopio capaz de observar las hebras a nivel casi molecular.

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Lo que han encontrado es que, al formarse, la seda natural comienza formando hebras de tan solo 20 a 25 nanómetros de grosor. Cada una de estas microfibras es 16 millones de veces más fina que un cabello humano. Agrupadas, estas fibras son las responsables de la increíble reistencia de, por ejemplo, las telas de araña. Por el contrario, el proceso que se utiliza para disolver los capullos de seda y crear el tejido que conocemos inhibe por completo la formación de estas fibras. Una vez más, vamos por detrás de la naturaleza, aunque al menos estamos en el buen camino. [vía Universidad de Oxford]

Fotos: Capullos de seda natural y prendas de seda a la venta en India. holbox y Fribus Mara / Shutterstock

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