Las misiones espaciales suelen diseñarse para responder preguntas muy concretas. En el caso de Hayabusa2, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) quería estudiar pequeños cuerpos del Sistema Solar y comprender mejor los materiales que participaron en la formación de los planetas. Sin embargo, una extensión de la misión podría terminar resolviendo un misterio completamente diferente.
Lo que comenzó como un viaje hacia un diminuto asteroide cercano a la Tierra ha derivado en una hipótesis que mezcla exploración espacial, arqueología orbital y una de las misiones perdidas más famosas de la Unión Soviética. La pregunta parece sacada de una novela de ciencia ficción: ¿y si el objeto que Hayabusa2 se dispone a visitar no fuera exactamente un asteroide?
Un objetivo mucho más extraño de lo que parecía

Tras completar con éxito su histórica visita al asteroide Ryugu y devolver muestras a la Tierra en 2020, la JAXA decidió prolongar la vida operativa de Hayabusa2. El nuevo destino elegido fue 1998 KY26, un pequeño objeto cercano a la Tierra que la nave debería alcanzar en julio de 2031. Sobre el papel parecía un objetivo interesante, aunque relativamente sencillo. Sin embargo, las observaciones más recientes comenzaron a cambiar esa percepción. En 2024, investigadores utilizaron el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral para estudiar el objeto con más detalle.
Los resultados sorprendieron incluso a los especialistas. Según explicó el astrónomo Toni Santana-Ros, el cuerpo resultó ser mucho más pequeño de lo esperado, con apenas unos 11 metros de diámetro. Además, gira aproximadamente el doble de rápido de lo previsto y refleja mucha más luz de la que los modelos anticipaban.
La situación genera una imagen casi cómica: la propia Hayabusa2 mide unos seis metros de largo, más de la mitad del tamaño del objeto que pretende visitar.
La teoría que conecta el asteroide con la Unión Soviética
Las características observadas despertaron el interés de varios investigadores, pero también dieron pie a una hipótesis mucho más llamativa. Un estudio preliminar alojado en el Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian plantea que 1998 KY26 podría no ser un asteroide convencional.
Los autores sugieren que, bajo determinadas condiciones orbitales, existe una posibilidad remota de que el objeto esté relacionado con Phobos 1, una sonda soviética lanzada en 1988 con destino a Marte.
La misión formaba parte de un ambicioso programa destinado a estudiar Fobos, una de las lunas marcianas. Todo parecía desarrollarse con normalidad hasta que ocurrió un error que se convirtió en uno de los accidentes más famosos de la historia espacial soviética.
El error que hizo desaparecer una nave espacial
Phobos 1 fue lanzada el 7 de julio de 1988 y mantuvo contacto con la Tierra durante varias semanas. Pero el 2 de septiembre de ese mismo año dejó de responder.
La causa fue extraordinariamente simple y devastadora al mismo tiempo: una secuencia incorrecta enviada desde tierra provocó que la nave desactivara sistemas fundamentales para su orientación.
Según la explicación más aceptada, un error en el código (relacionado con un carácter mal colocado en una instrucción) desencadenó la pérdida de control de la misión. Desde entonces, la sonda quedó convertida en un objeto errante del Sistema Solar.
¿Realmente podría tratarse de la nave perdida?

Los propios autores del estudio reconocen que la hipótesis es altamente especulativa. Para que Phobos 1 terminara ocupando una órbita compatible con la observada actualmente en 1998 KY26 serían necesarios varios cambios de velocidad acumulados a lo largo del tiempo.
Aun así, algunos detalles continúan alimentando el debate. El objeto presenta una reflectividad relativamente elevada, parece más alargado de lo habitual y soporta velocidades de rotación extremadamente rápidas sin desintegrarse.
Ninguna de estas características demuestra un origen artificial. De hecho, la explicación más probable sigue siendo que se trate de un pequeño asteroide con propiedades poco comunes. Pero tampoco son rasgos que permitan descartar completamente otras posibilidades.
Hayabusa2 tendrá la respuesta definitiva
La gran ventaja de esta historia es que no dependerá únicamente de modelos matemáticos o simulaciones. Hayabusa2 llegará físicamente hasta el objeto.
Cuando la nave japonesa alcance 1998 KY26 en 2031, los científicos podrán observarlo con una precisión imposible desde la Tierra. Analizarán su forma, composición, comportamiento superficial y características estructurales.
Si se trata de un asteroide, ayudará a comprender mejor una categoría de cuerpos extremadamente pequeños y rápidos que apenas conocemos. Y si la hipótesis más sorprendente resultara cierta, la misión japonesa podría protagonizar uno de los encuentros más inesperados de la historia de la exploración espacial: localizar accidentalmente los restos de una nave soviética perdida desde hace más de cuatro décadas.
Por ahora, la explicación más razonable sigue apuntando a que 1998 KY26 es simplemente un asteroide muy peculiar. Pero la historia demuestra que el Sistema Solar tiene una curiosa costumbre: cuando parece que todo está resuelto, suele aparecer algo capaz de sorprender incluso a los astrónomos más experimentados.