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Ciencia

El James Webb acaba de detectar algo nunca visto en un visitante llegado de otro sistema estelar. Un cometa interestelar contiene una cantidad de metano que desconcierta a los astrónomos

El cometa 3I/ATLAS no solo viene de fuera del Sistema Solar. Las observaciones del telescopio espacial James Webb revelan una composición química muy distinta a la de la mayoría de los cometas conocidos, incluyendo concentraciones inusualmente elevadas de metano.
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Los cometas suelen actuar como cápsulas del tiempo. Conservan materiales prácticamente intactos desde los primeros momentos de formación de los sistemas planetarios y permiten a los astrónomos reconstruir cómo eran aquellos entornos hace miles de millones de años. Cuando uno de esos objetos llega desde otro sistema estelar, el interés científico se multiplica.

Eso es exactamente lo que ocurre con 3I/ATLAS, un visitante interestelar que atraviesa nuestro vecindario cósmico y que acaba de revelar una característica inesperada gracias al telescopio espacial James Webb.

Por primera vez, los astrónomos han detectado directamente metano en un objeto de origen interestelar. Y no se trata de una cantidad cualquiera. Los niveles observados son tan elevados que están obligando a replantear algunas ideas sobre los entornos donde se forman los cometas alrededor de otras estrellas.

Un viajero que no nació en el Sistema Solar

El James Webb acaba de detectar algo nunca visto en un visitante llegado de otro sistema estelar. Un cometa interestelar contiene una cantidad de metano que desconcierta a los astrónomos
© NASA, ESA, CSA, STScI, M. Belyakov (Caltech), I. Wong (STScI), Procesamiento de imágenes: A. Pagan (STScI).

La inmensa mayoría de los cometas que observamos proceden de regiones lejanas del propio Sistema Solar, como el Cinturón de Kuiper o la Nube de Oort.

3I/ATLAS es diferente.

Su trayectoria indica que no está ligado gravitacionalmente al Sol y que se originó en otro sistema estelar antes de emprender un viaje de millones o incluso miles de millones de años a través de la galaxia.

Estos visitantes son extremadamente raros. Cada uno representa una oportunidad única para estudiar materiales formados alrededor de otras estrellas sin necesidad de abandonar nuestro propio sistema planetario.

Por eso el James Webb dedicó observaciones especiales al objeto mientras se alejaba nuevamente del Sol tras completar su paso por la región interior del Sistema Solar.

El descubrimiento que nadie había observado antes

Las observaciones fueron realizadas utilizando el instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument), uno de los sistemas más sofisticados a bordo del telescopio. Este instrumento permite descomponer la luz infrarroja en distintas longitudes de onda y detectar la firma química de los gases presentes alrededor de un objeto.

Los resultados, publicados en The Astrophysical Journal Letters, revelaron algo inédito. Por primera vez en un cometa interestelar, los científicos detectaron directamente metano (CH₄).

La presencia del gas sugiere que permaneció protegido bajo la superficie helada del cometa durante enormes periodos de tiempo. Solo cuando el calor solar penetró en capas más profundas comenzó a liberarse hacia el espacio. Pero la verdadera sorpresa apareció al analizar las cantidades.

Una composición química que no encaja con lo habitual

Los investigadores comprobaron que la proporción de metano respecto al agua es extraordinariamente alta en comparación con la mayoría de los cometas conocidos del Sistema Solar.

El objeto también mostró otra peculiaridad. Las observaciones confirmaron que sigue siendo inusualmente rico en dióxido de carbono, expulsando cantidades muy superiores a las observadas normalmente en cuerpos similares.

La combinación de ambos elementos apunta hacia una conclusión intrigante: 3I/ATLAS probablemente se formó en un entorno químico muy distinto al que dio origen a la Tierra, los planetas y la mayor parte de los cometas que conocemos.

En otras palabras, podría estar ofreciendo una muestra directa de cómo funcionan los procesos de formación planetaria alrededor de otras estrellas.

Lo que el metano podría revelar sobre otros sistemas estelares

El James Webb acaba de detectar algo nunca visto en un visitante llegado de otro sistema estelar. Un cometa interestelar contiene una cantidad de metano que desconcierta a los astrónomos
© SPHEREx / NASA / JPL – Caltech.

Comprender la composición química de los cometas es mucho más importante de lo que parece. Estos objetos conservan información sobre las condiciones presentes cuando nacieron sus sistemas planetarios. Temperatura, distribución de materiales, composición de los discos protoplanetarios e incluso posibles procesos químicos complejos quedan registrados en su interior.

Por eso cada molécula detectada tiene valor científico. En el caso de 3I/ATLAS, las cantidades observadas de metano y dióxido de carbono sugieren que se originó en una región donde las condiciones fueron significativamente diferentes a las del entorno que formó nuestro Sistema Solar.

Los científicos creen que futuros análisis podrían ayudar a identificar qué tipos de estrellas y discos protoplanetarios favorecen este tipo de composiciones.

Una pequeña muestra de una galaxia mucho más diversa

Uno de los grandes objetivos de la astronomía moderna es comprender si nuestro Sistema Solar es representativo o una excepción dentro de la galaxia. Objetos como 3I/ATLAS ayudan a responder esa pregunta.

Cada visitante interestelar funciona como un mensajero que transporta información desde lugares imposibles de explorar directamente. Y cuanto más los estudiamos, más evidente parece que la diversidad de entornos planetarios podría ser mucho mayor de lo que imaginábamos.

El hallazgo del James Webb no significa únicamente que se haya detectado metano en un cometa procedente de otra estrella. Significa que acabamos de obtener una nueva pista sobre cómo se forman los mundos más allá de nuestro vecindario cósmico. Y esa pista apunta a que el Universo podría ser aún más variado de lo que creíamos.

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