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Ciencia

¿Por qué las estrellas parpadean y los planetas no? La ciencia explica un fenómeno que vemos todas las noches

Cuando observamos el cielo nocturno, las estrellas parecen parpadear, cambiar de intensidad e incluso mostrar distintos colores. Aunque podría parecer que su luz está variando, la explicación se encuentra mucho más cerca de nosotros. La atmósfera terrestre es responsable de este curioso fenómeno, conocido como centelleo atmosférico.
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Mirar las estrellas durante una noche despejada puede revelar un espectáculo sorprendente: pequeños puntos luminosos que parecen encenderse y apagarse constantemente.

Algunas incluso muestran destellos azulados, rojizos o verdosos que cambian en cuestión de segundos.

Sin embargo, las estrellas no están parpadeando realmente como las vemos desde la Tierra. La explicación se encuentra en un fenómeno físico que ocurre dentro de nuestra propia atmósfera.

Se conoce como centelleo atmosférico y está relacionado con la manera en que la luz atraviesa el aire antes de llegar a nuestros ojos.

La atmósfera terrestre es responsable del parpadeo de las estrellas

La luz de una estrella puede viajar durante cientos o miles de años antes de alcanzar nuestro planeta.

Pero cuando llega a la Tierra debe atravesar diferentes capas atmosféricas, cada una con temperaturas, densidades y movimientos distintos.

Estas variaciones modifican ligeramente la trayectoria de los rayos luminosos mediante un fenómeno conocido como refracción. El resultado es que la cantidad de luz que llega a nuestros ojos cambia continuamente, haciendo que las estrellas parezcan aumentar y disminuir su brillo.

Es un efecto similar al que observamos sobre una carretera muy caliente, cuando los objetos lejanos parecen deformarse o temblar. En realidad, no son los objetos los que se mueven, sino que la luz cambia de dirección al atravesar diferentes capas de aire.

¿Por qué las estrellas parpadean y los planetas no? La ciencia explica un fenómeno que vemos todas las noches
© Valeria Nikitina – Pexels

Por qué algunas estrellas parecen cambiar de color

El centelleo atmosférico no solamente modifica el brillo aparente de las estrellas.

También puede provocar pequeñas variaciones de color.

Esto ocurre porque las diferentes longitudes de onda de la luz se desvían de manera ligeramente distinta cuando atraviesan la atmósfera. En determinadas condiciones, una estrella puede mostrar destellos rojizos, azulados o verdosos, especialmente cuando se encuentra cerca del horizonte.

El fenómeno suele ser más intenso en esa posición porque la luz debe atravesar una porción mayor de atmósfera antes de llegar al observador. Por eso, una estrella puede parecer relativamente estable cuando está alta en el cielo y comenzar a titilar intensamente cuando se acerca al horizonte.

¿Por qué los planetas casi nunca parpadean?

Una de las diferencias más interesantes del cielo nocturno es que las estrellas suelen titilar mucho más que los planetas. La explicación está relacionada con la distancia y el tamaño aparente de estos objetos.

Las estrellas se encuentran tan lejos que, incluso observadas mediante telescopios convencionales, aparecen prácticamente como puntos luminosos.

Los planetas, en cambio, están mucho más cerca y presentan pequeños discos aparentes. La luz que recibimos de distintas regiones de un planeta atraviesa caminos atmosféricos ligeramente diferentes, por lo que muchas fluctuaciones se compensan entre sí.

Esto hace que su brillo parezca más estable.

Sin embargo, los planetas también pueden titilar cuando están cerca del horizonte o cuando existe una turbulencia atmosférica especialmente intensa.

¿Las estrellas también parpadean cuando las vemos desde el espacio?

Fuera de la atmósfera terrestre, el fenómeno prácticamente desaparece. Los telescopios espaciales, como Hubble y James Webb, pueden observar objetos astronómicos sin sufrir las distorsiones provocadas por las turbulencias del aire.

Esto permite obtener imágenes mucho más nítidas.

Sin embargo, algunas estrellas experimentan variaciones reales de luminosidad debido a pulsaciones, eclipses o procesos físicos propios. La conclusión es que el parpadeo que observamos habitualmente no ocurre en las estrellas, sino en el último tramo del viaje de su luz hasta nuestros ojos.

Así, uno de los espectáculos más familiares del cielo nocturno es, en realidad, una consecuencia directa de vivir bajo una atmósfera en constante movimiento.

 

 

Fuente: Muy Interesante.

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