Rascacielos el Brickell, el distrito financiero de Miami. Imagen: Jimmy Baikovicius / Flickr

En contra de los pronósticos iniciales, el huracán Irma no pasó directamente por encima de Miami; pero la ciudad más poblada de Florida sufrió fuertes ráfagas de viento que causaron apagones, inundaciones y algunos destrozos. Otro efecto inesperado fueron los mareos de quienes decidieron no evacuar sus rascacielos.

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Nos situamos en Brickell, el distrito financiero de Miami. Las im√°genes que llegan de aquel d√≠a parecen sacadas de una pel√≠cula de ciencia ficci√≥n. Las calles se convirtieron en r√≠os, dos enormes gr√ļas colapsaron sobre sendos edificios en construcci√≥n y los lujosos rascacielos que dan a la bah√≠a empezaron a oscilar en medio de las intensas r√°fagas que arrastraba el hurac√°n de categor√≠a 4.

Juanje G√≥mez, un dise√Īador y desarrollador web que trabaja para Univision, no hab√≠a notado nunca el movimiento de su edificio. ‚ÄúNosotros vivimos en una planta 21, en primera l√≠nea frente a la bah√≠a‚ÄĚ, explica. ‚ÄúEl edificio tiene 23 plantas, por lo que estamos casi arriba del todo. El domingo por la ma√Īana me despert√≥ el ruido del suelo crujiendo. Pens√© que hab√≠a alguien caminando en la habitaci√≥n, pero era el balanceo del edificio que hac√≠a crujir el suelo de madera‚ÄĚ.

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‚ÄúLos ventanales vibraban mucho y se sent√≠a c√≥mo el edificio oscilaba por el viento‚ÄĚ, a√Īade Ronny Rojas. El periodista de Univision Noticias grab√≥ el escalofriante ruido que hac√≠a su casa con el vaiv√©n del edificio y subi√≥ el video a Twitter. Desde su ventana pod√≠a ver la avenida principal del centro financiero inundada y algunos botes que hab√≠an sido arrastrados a tierra por el mar.

Cononut Grove, Brickell y Downtown Miami, los tres barrios más al sur del litoral de Miami, fueron las zonas más afectadas por las inundaciones. Uno pensaría que una inundación no es problema cuando te refugias en un piso 21, pero el agua que invadía las calles y el balanceo incesante de su edificio le dieron a Juanje Gómez la nauseabunda sensación de encontrarse en un barco.

‚ÄúDurante el d√≠a, trabajando con el port√°til, sent√≠a que me mareaba‚ÄĚ, comenta. ‚ÄúYo me suelo marear en un coche si intento leer en √©l, y era la misma sensaci√≥n‚ÄĚ. Juanje nos envi√≥ este video de su ba√Īera para ilustrar el movimiento de su edificio. ‚ÄúTen√≠amos la ba√Īera llena de agua para contar con ella en caso de emergencia ‚ÄĒdice‚ÄĒ y se mov√≠a como si la estuviesen balanceando. Tambi√©n la l√°mpara se mov√≠a de un lado a otro, como se ve en los videos de terremotos‚ÄĚ.

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Como Juanje, las personas que decidieron quedarse en Brickell no contaron con el efecto del viento sobre los rascacielos. Se sentían seguros en sus apartamentos (todo lo seguro que puede sentirse uno cuando escucha un rascacielos crujir), pero acabaron mareados por el balanceo del edificio.

Las calles se inundaron en el distrito financiero de Miami con el paso del huracán Irma. Imagen: Juanje Gómez / Univision

Los rascacielos tienen una enorme tolerancia al balanceo. Podr√≠an oscilar mucho m√°s de lo permitido y seguir√≠an siendo perfectamente estables y estructuralmente firmes, pero est√°n dise√Īados precisamente para que las personas no notemos el balanceo. El cuerpo humano no tolera el movimiento r√≠tmico: nos pone enfermo, nos hace perder la concentraci√≥n y nos da miedo. De hecho, muchas personas creen que los edificios no deber√≠an moverse nunca.

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La realidad, claro, es justo la contraria. Todos los edificios se mueven: desde las pir√°mides de Egipto hasta el Pent√°gono. Tal vez solo a una escala min√ļscula y durante las tormentas mas severas, pero todo sistema material y estructural debe deformarse bajo su carga. Nada puede ser infinitamente r√≠gido. Por suerte, los seres humanos somos receptores terriblemente malos de ese movimiento.

No fue hasta que empezamos a construir m√°s alto, m√°s estrecho y m√°s ligero que los edificios superaron el umbral de la percepci√≥n humana. Los arquitectos de los a√Īos 30 ya lo sab√≠an. En un n√ļmero de 1938 de la revista Popular Science Monthly, el ingeniero David Cushman Coyle aparece inclinado sobre un enorme cachivache de invenci√≥n propia bajo el titular ‚ÄúUna nueva m√°quina demuestra que los rascacielos tiritan con el viento‚ÄĚ. Coyle hab√≠a subido a la cima de los rascacielos m√°s altos de Nueva York para medir el movimiento que hac√≠a que la gente sufriera n√°useas, algo que llamaban la ‚Äúenfermedad del cielo‚ÄĚ. El ingeniero advirti√≥ a sus colegas que la estructura de un edificio deb√≠a ser lo suficientemente r√≠gida como para mantener la vibraci√≥n causada por el viento ‚Äúdentro de los l√≠mites que inspiran confianza a los ocupantes del edificio‚ÄĚ.

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Tras levantar los edificios Chrysler y Empire State, los ingenieros entendieron que no era suficiente con dise√Īar la integridad estructural de los rascacielos: ten√≠an que construir en base a la confianza humana. Lo que no sab√≠an entonces (y todav√≠a est√°n aprendiendo) es d√≥nde est√°n los l√≠mites de esa confianza.

Brickell en medio de las intensas ráfagas que arrastraba el huracán de categoría 4. Imagen: Getty

Los rascacielos empiezan a oscilar cuando las vibraciones causadas por los v√≥rtices de viento entran en armon√≠a con la frecuencia natural del edificio. Una analog√≠a popular entre los ingenieros es la imagen de un ni√Īo peque√Īo en un columpio: el ni√Īo estira las piernas para llegar m√°s alto; si lo hace al ritmo adecuado, el columpio se eleva cada vez m√°s. Puede que le tome alg√ļn tiempo conseguirlo, pero una vez que lo hace, necesita poco esfuerzo para mantener el balanceo. As√≠ es como un rascacielos de acero y hormig√≥n de 500.000 toneladas llega a balancearse a un lado y a otro durante periodos m√°s prolongados.

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Un edificio de cuarenta pisos puede oscilar 30 centímetros a la izquierda y 30 centímetros a la derecha con un periodo de cuatro segundos. Un edificio de 100 pisos puede moverse hasta un metro a cada lado con un periodo de 10 segundos. Cuanto más alto sea el edificio, más largo su periodo de movimiento cíclico. Pero, como decíamos, los humanos somos terribles perceptores de la velocidad, y en un rascacielos no somos muy distintos a una mosca sobre un elefante.

La desembocadura del río Miami a la Bahía Biscayne durante el huracán. Imagen: AP

Lo que s√≠ podemos sentir es la aceleraci√≥n. La aceleraci√≥n es lo que hace que perdamos el equilibrio en un autob√ļs o un vag√≥n de metro. Y la aceleraci√≥n, en el √ļltimo piso de un edificio residencial durante una tormenta, es del orden de las dieciocho mil√©simas partes de 1 g (o las veinticinco mil√©simas partes de 1 g para un edificio de oficinas azotado por un hurac√°n). No suena muy alarmante.

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Nuestra percepci√≥n del movimiento es una mezcla de psicolog√≠a (¬Ņrealmente sentimos el edificio moverse o vimos la l√°mpara balancearse?) y fisiolog√≠a. A principios de los a√Īos sesenta, un ingeniero brit√°nico llamado E. G. Walsh confirm√≥ por primera vez que nuestra capacidad de detectar el movimiento deriva del aparato vestibular de nuestro o√≠do interno. En experimentos llevados a cabo en una escuela para ni√Īos sordos, se pidi√≥ a los ni√Īos que se acostaran en una camilla suspendida entre cuatro alambres, que poco a poco se balance√≥ hacia adelante y hacia atr√°s. En comparaci√≥n con otros sujetos, los ni√Īos con un aparato vestibular da√Īado percibieron √ļnicamente los movimientos m√°s fuertes.

Hoy en día, los investigadores creen que las personas más sensibles pueden sentir el movimiento de los edificios con aceleraciones de tres a cuatro mili-g. El malestar comienza a notarse entre los 10 y los 20 mili-g. Y es cuando percibimos ese movimiento hacia adelante y hacia atrás, en periodos de entre tres y seis segundos, que nos volvemos particularmente susceptibles a las náuseas.