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Foto: webandi (pixabay)

La Tierra tarda 365,24 días en dar una vuelta alrededor del Sol, lo que significa que el año del calendario, de 365 días, termina 0,24 días antes de que el planeta complete un año sideral. Al cabo de dos años, el calendario se habrá retrasado casi la mitad de un día; y al cabo de tres años, le habrán faltado 17 horas.

Para corregir esta desviación, el calendario gregoriano añade un día extra, el 29 de febrero, cada cuatro años: los años bisiestos. Sin embargo, el 29 de febrero hace que el calendario pase de estar bastante retrasado con respecto al Sol a estar ligeramente adelantado, como ilustra James O’Donoghue en este vídeo:

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Para evitar que los años se alarguen por culpa de los bisiestos, el calendario gregoriano los divide en dos: seculares (el último año de cada siglo) y no seculares (el resto). Los seculares solo son bisiestos si son divisibles por 400, mientras que los no seculares son bisiestos siempre que sean divisibles por 4.

En otras palabras: los años bisiestos aparecen cada cuatro años, pero nos saltamos uno cada 100 años (el 1900, el 2100, el 2200...) a menos que sea divisible por 400 (el 1600, el 2000, el 2400...).

Si no tuviéramos años bisiestos, las estaciones se moverían siete días cada 29 años y en el hemisferio norte acabaría haciendo calor en febrero. Bueno, espera... eso ya está ocurriendo de todas formas.

Matías tiene dos grandes pasiones: Internet y el dulce de leche

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