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Ciencia

Pueden pasar hasta ocho meses sin beber agua: el sorprendente secreto de las ardillas que desconcierta a la ciencia

Algunas especies de ardillas terrestres pueden permanecer hasta ocho meses sin beber agua durante la hibernación. Investigaciones científicas descubrieron que su cerebro reduce la sensación de sed, incluso cuando el organismo presenta señales de deshidratación. Este mecanismo podría ayudar a comprender nuevas estrategias de supervivencia en condiciones extremas.
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La capacidad de ciertos animales para sobrevivir durante el invierno continúa sorprendiendo a los científicos. Mientras algunas especies migran hacia regiones más cálidas, otras desarrollaron mecanismos fisiológicos extraordinarios que les permiten resistir temperaturas extremas y largos períodos sin alimentarse.

Entre ellas se encuentran las ardillas terrestres de trece franjas (Ictidomys tridecemlineatus), pequeños roedores capaces de permanecer entre seis y ocho meses sin beber una sola gota de agua.

Lo más sorprendente es que, aunque su organismo presenta señales de déficit de líquidos, estos animales parecen no experimentar la necesidad de beber. Investigaciones desarrolladas por científicos de la Universidad de Yale permitieron identificar qué ocurre en su cerebro durante este proceso.

Un corazón que puede pasar de 300 a solo unos pocos latidos

Durante la hibernación, las ardillas terrestres experimentan transformaciones fisiológicas extremas.

Su temperatura corporal puede descender desde aproximadamente 37 °C hasta valores cercanos a los 2 o 4 °C. Al mismo tiempo, su metabolismo y frecuencia cardíaca disminuyen considerablemente para reducir el consumo energético.

Sin embargo, estos animales no permanecen completamente dormidos durante todo el invierno. Cada dos o tres semanas atraviesan períodos breves de despertar, durante los cuales recuperan temporalmente su temperatura corporal y algunas funciones fisiológicas habituales.

Estos episodios pueden durar entre 24 y 48 horas, pero existe algo particularmente extraño: incluso cuando despiertan, no buscan agua.

Pueden pasar hasta ocho meses sin beber agua: el sorprendente secreto de las ardillas que desconcierta a la ciencia
© Josh Withers – Youtube.

¿Por qué no sienten sed después de tantos meses?

Un estudio publicado en la revista Science en noviembre de 2024 encontró que la respuesta podría encontrarse en determinadas regiones cerebrales encargadas de regular la sed.

Los investigadores analizaron la actividad neuronal de ardillas terrestres durante diferentes períodos del año.

Descubrieron que, durante la hibernación, algunas neuronas situadas en los órganos circunventriculares disminuyen considerablemente su actividad. Estas estructuras cerebrales participan en la detección de señales químicas relacionadas con el equilibrio de líquidos del organismo.

Normalmente, cuando un mamífero pierde agua, el cerebro activa mecanismos que generan la necesidad de beber. Sin embargo, las ardillas hibernantes presentan una respuesta mucho más débil frente a esas mismas señales.

Su organismo detecta la deshidratación, pero el cerebro responde diferente

Uno de los descubrimientos más llamativos fue que las ardillas presentaban alteraciones hormonales compatibles con un déficit de líquidos.

Los científicos registraron aumentos en sustancias como la angiotensina II y la aldosterona, relacionadas con la regulación del agua y las sales corporales.

A pesar de estas señales, los animales no mostraban el comportamiento habitual de búsqueda de agua.

Esta adaptación podría evitar que abandonen sus refugios subterráneos durante el invierno, cuando las temperaturas extremas y los depredadores representan amenazas importantes.

Un mecanismo que podría inspirar nuevas investigaciones médicas

Los científicos también descubrieron que estos animales modifican el equilibrio de sustancias disueltas en sus fluidos corporales, contribuyendo a conservar agua durante el letargo. Comprender estos mecanismos podría aportar información relevante sobre la regulación de la sed y el funcionamiento del sistema nervioso.

Aunque todavía no existen aplicaciones médicas directas, los investigadores consideran que estudiar estas adaptaciones podría contribuir al conocimiento de la fisiología humana.

El descubrimiento demuestra que la supervivencia de algunos animales no depende únicamente de resistir condiciones extremas, sino también de modificar temporalmente señales biológicas tan fundamentales como la sed.

 

 

Fuente: Futura Science.

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