Saltar al contenido
Ciencia

Unas ardillas hicieron sus necesidades hace 700.000 años y dejaron congelado un mapa genético de un mundo desaparecido. Sus heces conservan ADN de mamuts, bisontes, caballos y un linaje de roedores que nadie sabía que había existido

Trece pequeñas muestras recuperadas en madrigueras del permafrost canadiense permitieron reconstruir animales, plantas y microorganismos de la antigua Beringia. Una de ellas contiene el genoma mitocondrial más antiguo obtenido hasta ahora de unas heces.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

A simple vista son pequeñas bolitas oscuras, aproximadamente del tamaño de los excrementos de un conejo. Para los científicos, sin embargo, representan algo mucho más extraordinario: archivos genéticos capaces de conservar un ecosistema completo durante cientos de miles de años.

Un equipo internacional analizó 13 coprolitos (heces antiguas) recuperados de madrigueras de ardillas terrestres en el territorio canadiense del Yukón. Las muestras contenían ADN de los propios roedores, pero también de mamuts lanudos, bisontes de estepa, caballos, liebres, insectos, microorganismos y más de 200 grupos de plantas.

El material más antiguo tiene alrededor de 700.000 años. Eso convierte a estas heces congeladas en una de las fuentes de ADN antiguo más longevas estudiadas hasta ahora y demuestra que, bajo las condiciones adecuadas, un excremento puede contar más sobre un paisaje desaparecido que algunos huesos.

El volcán que puso fecha a las heces

Unas ardillas hicieron sus necesidades hace 700.000 años y dejaron congelado un mapa genético de un mundo desaparecido. Sus heces conservan ADN de mamuts, bisontes, caballos y un linaje de roedores que nadie sabía que había existido
© Nature Communications.

El trabajo, publicado en Nature Communications, estudió muestras que abarcan desde el Holoceno hasta el Pleistoceno medio. Las más recientes tenían unos 680 años, mientras que otras correspondían a diferentes episodios glaciales ocurridos hace entre 17.000 y 80.000 años.

La muestra más espectacular no pudo fecharse mediante radiocarbono porque ese método deja de ser fiable mucho antes de alcanzar los 700.000 años. Su edad se estableció gracias a su posición debajo de la ceniza volcánica de Gold Run, una capa del Yukón datada en 688.000 años, con un margen de unos 44.000.

Las madrigueras permanecieron selladas dentro del permafrost. El frío frenó las reacciones químicas y la actividad microbiana que normalmente destruyen el ADN, permitiendo conservar fragmentos genéticos durante numerosos ciclos glaciales.

Para descartar contaminación moderna, los investigadores procesaron 13 controles negativos junto con las muestras. Ninguno contenía las señales genéticas encontradas en los coprolitos. Los fragmentos también presentaban el tamaño reducido y las alteraciones químicas características del ADN auténticamente antiguo.

Las ardillas no cazaban mamuts, pero pudieron comérselos

Encontrar ADN de grandes mamíferos dentro de unas heces plantea una pregunta evidente: ¿qué hacían las ardillas con ellos?

No significa que pequeños roedores derribaran mamuts o bisontes. Las ardillas terrestres son omnívoras oportunistas y pueden consumir insectos, pequeños vertebrados y restos de animales muertos. Tras pasar hasta ocho meses hibernando, emergen con una necesidad enorme de recuperar energía y aprovechan prácticamente cualquier alimento disponible.

También arrastran plantas, huesos y materiales variados hasta sus madrigueras. Parte del ADN pudo proceder de carroña ingerida y otra parte pudo incorporarse desde el sedimento o los restos almacenados alrededor de las heces. El estudio reconoce que todavía resulta difícil separar completamente la dieta del material ambiental.

Lo importante es que la señal conjunta permite reconstruir el paisaje. Las muestras describen una estepa fría y seca dominada por hierbas, artemisas y otras plantas bajas. Allí convivían mamuts, caballos, bisontes, lobos, pequeños roedores y un gran felino que pudo ser un puma o el llamado guepardo americano.

Era la estepa de los mamuts, un ecosistema que se extendió por buena parte del hemisferio norte y que no posee un equivalente exacto en la actualidad.

Un linaje desconocido escondido dentro del excremento

El equipo reconstruyó 18 genomas mitocondriales: doce de ardillas terrestres, uno de liebre, dos de bisontes y tres de caballos. Otros seis genomas de mamut serán analizados con detalle en un trabajo separado. La ardilla de 700.000 años pertenecía a una población desconocida. Su pariente vivo más cercano es Urocitellus undulatus, una especie que actualmente habita zonas de Siberia, China, Mongolia y Kazajistán. Ambos linajes se habrían separado hace aproximadamente 1,1 millones de años.

El hallazgo demuestra que los restos atribuidos automáticamente a las ardillas actuales del Yukón pueden esconder especies o poblaciones completamente diferentes. También convierte ese ADN mitocondrial en el más antiguo reconstruido hasta ahora a partir de heces.

Los paleontólogos suelen buscar huesos, dientes o sedimentos. Ahora tienen un archivo adicional: pequeñas deposiciones olvidadas por unas ardillas que, 700.000 años después, han terminado contando la historia de todo el mundo que las rodeaba.

Compartir esta historia

Artículos relacionados