El gran Nigel Tufnel decía algo así como que cuando miras el espacio profundo y lejos de las estrellas, no hay nada más negro que eso. La respuesta es que no hay mucho que lo sea. Los investigadores lograron medir el nivel de luz que prevalece en todo el universo, la tenue luz que quedó de cuando todo era nuevo, brillante y caliente.
Aunque lo lógico sería pensar que el espacio profundo es negro y oscuro, hay amplia evidencia de que existe radiación en el espacio con rayos gamma, microondas e infrarrojos, y que cuentan como luz aunque no sean visibles para el ojo humano. Con los telescopios como el Hubble y el James Webb, se ha podido calcular la cantidad de luz visible en el trasfondo, lo que se conoce como Trasfondo Óptico Cósmico o COB, que básicamente es la suma total de toda la luz generada a lo largo del curso de los 12,6 mil millones de años del universo.
Sin embargo, ha sido todo un desafío determinar el nivel. Es imposible medir el COB desde la Tierra o su entorno inmediato debido a que el polvo interplanetario dispersa la luz del sol.
La sonda espacial de la NASA
Para sortear este problema un equipo de astrónomos del Instituto de Ciencia Espacial y varias universidades de EE.UU. recurrieron a una de las herramientas más distantes de la humanidad. La sonda espacial New Horizons de la NASA se lanzó en 2006, equipada con telescopios que pueden captar largos de onda de luz visible y no visible. Su misión primaria fue pasar cerca de Plutón en 2015, y cuatro años después pasó junto a Arrokoth, un asteroide en el Cinturón de Kuiper.
En 2023 su nueva misión fue analizar el entorno del sol desde los más profundos alcances del sistema solar. La nave ahora está a 7,3 mil millones de km de la Tierra y presenta una visión sin precedentes de las regiones más oscuras del universo.
Los cálculos publicados en The Astrophysical Journal muestran que la cantidad de luz visible en el espacio profundo se condice con la cantidad total de luz generada por las galaxias desde el nacimiento del universo.
Tod Lauer, astrónomo de NOIRLab, lo interpretó diciendo: “El COB se debe completamente a las galaxias, y fuera de ellas solo encontramos oscuridad y nada más”. Suena lógico pero algunos astrónomos del estudio, incluyendo a Lauer, ya habían intentado análisis parecidos en dos ocasiones, con resultados diferentes. En 2021 se determinó que tiene que haber “un componente de origen desconocido” que emita algo de luz. Y al año siguiente el resultado “implicaba la existencia de un componente anómalo más grande todavía”.
Marc Postman, astrónomo del Instituto de Ciencia Espacial, dijo: “Los resultados muestran que la gran mayoría de la luz visible se generó en las galaxias”.