Ramses todavía no está terminada y le quedan meses de integración y pruebas por delante. Sin embargo, algo importante acaba de ocurrir en una sala limpia de Milán: la nave de defensa planetaria de la ESA y la JAXA ha sido encendida por primera vez.
El equipo de OHB Italia suministró energía al ordenador de a bordo junto con varios de los subsistemas que ya se encuentran instalados dentro del módulo central. Hasta ahora, cada pieza se había probado individualmente. Esta vez pudieron comunicarse y funcionar como partes de una misma nave real. Para la Agencia Espacial Europea, el momento marca el paso de los cálculos, simulaciones y ensayos separados a las primeras pruebas funcionales integradas de Ramses. Y el calendario importa especialmente porque esta misión no puede simplemente retrasarse unos meses y despegar más tarde. Su objetivo se mueve.
Ramses tiene una cita que literalmente no puede perder

Se llama 99942 Apophis, tiene unos 375 metros de diámetro (aproximadamente el tamaño de un gran crucero) y el 13 de abril de 2029 protagonizará uno de los encuentros astronómicos más extraordinarios de las próximas décadas.
Ese viernes 13, Apophis pasará aproximadamente a 32.000 kilómetros sobre la superficie terrestre. Es una décima parte de la distancia entre la Tierra y la Luna y lo suficientemente cerca como para atravesar una región situada por debajo de las órbitas de muchos satélites geoestacionarios. La ESA recalca que no existe riesgo de impacto con nuestro planeta.
Lo excepcional es precisamente poder observar qué ocurre durante semejante encuentro. La gravedad terrestre ejercerá fuerzas sobre Apophis capaces de modificar su rotación y posiblemente provocar desplazamientos en su superficie. Ramses llegará antes para estudiar su forma, estructura y comportamiento y después comparará cómo ha cambiado tras atravesar las proximidades de la Tierra.
En cierto modo, será un experimento de defensa planetaria organizado por la propia naturaleza. Ramses no chocará contra Apophis ni tratará de desviarlo. Su cometido es aprender cómo responde un asteroide grande a fuerzas externas. Esa información podría resultar crucial si en el futuro aparece otro objeto similar que sí se encuentre en trayectoria de colisión con nuestro planeta.
El problema es que la nave se está construyendo contrarreloj

La ventana de lanzamiento está fijada para la primavera de 2028, a bordo de un cohete japonés H3. Eso deja menos de tres años y medio entre la firma del contrato y el despegue, un calendario extremadamente corto para una misión interplanetaria. Por eso Ramses se está ensamblando prácticamente en paralelo.
En Milán, OHB Italia trabaja sobre el módulo central, donde se encuentran el ordenador de vuelo, la memoria, la distribución de energía y otros sistemas electrónicos. Mientras tanto, en Alemania, ArianeGroup prepara el módulo de propulsión, instalando depósitos, sensores, actuadores y conexiones alrededor de su estructura de fibra de carbono. Ambos deberían unirse en la primavera de 2027 en el centro ESTEC de la ESA, en Países Bajos.
Después llegará una fase particularmente dura: la nave completa tendrá que soportar ensayos de vibraciones, simulaciones de misión y permanecer entre dos y tres semanas funcionando continuamente dentro de una cámara de vacío térmico, reproduciendo las condiciones que encontrará en el espacio. Ramses viajará además acompañada por dos CubeSats que ayudarán a investigar Apophis de cerca. La colaboración con Japón incluye el lanzamiento, paneles solares ligeros y un instrumento infrarrojo aportados por la JAXA.

Todo tiene que funcionar a tiempo porque, a diferencia de prácticamente cualquier otro destino espacial, Apophis no va a esperar a que la nave esté preparada. El 13 de abril de 2029 pasará junto a nosotros una sola vez. Y Ramses tendrá que estar allí para verlo.