Durante siglos, los seres humanos han observado el cielo intentando anticipar los movimientos de los objetos que atraviesan el espacio. Pero en 2029 ocurrirá algo especialmente llamativo: un asteroide de cientos de metros de longitud pasará extraordinariamente cerca de la Tierra y podrá ser estudiado con un nivel de detalle poco habitual. No habrá que esperar a que una nave lo alcance después de años de viaje. Esta vez, será el propio visitante cósmico el que se acerque hasta nosotros.
Un encuentro que ya tiene fecha
El protagonista de esta historia es 99942 Apophis, un asteroide descubierto en 2004 que durante un tiempo generó preocupación entre los astrónomos debido a su trayectoria. Con10 títulos alternativos para Google Discover
1. El asteroide gigante que se acercará a la Tierra en 2029 y ya tiene a los científicos en alerta
2. Un asteroide del tamaño de la Torre Eiffel se acerca a la Tierra: así será su histórico encuentro
3. La fecha que todos miran en el calendario el paso de los años, nuevas observaciones permitieron calcular con mucha mayor precisión su órbita y descartar un impacto contra la Tierra.
La fecha que concentra ahora toda la atención es el 13 de abril de 2029. Ese día, Apophis pasará a unos 32.000 kilómetros de la superficie terrestre, una distancia que puede parecer enorme a escala humana, pero que resulta sorprendentemente pequeña en términos astronómicos.
El asteroide tiene un diámetro medio de aproximadamente 340 metros y una longitud máxima cercana a los 450 metros. Sus dimensiones lo hacen comparable, por su altura, con estructuras tan conocidas como la Torre Eiffel.
La proximidad del encuentro es precisamente lo que convierte al acontecimiento en una oportunidad extraordinaria. Un objeto de semejante tamaño no suele acercarse tanto a nuestro planeta y, además, hacerlo con una trayectoria conocida con tanta anticipación.
Durante un tiempo, Apophis llegó a ser asociado popularmente con la idea del “Dios del caos”, debido a su nombre y a las primeras estimaciones sobre su posible riesgo. Sin embargo, las observaciones acumuladas permitieron descartar esa amenaza. La NASA sostiene que no existe riesgo de impacto con la Tierra durante al menos los próximos cien años.
Lo que antes podía parecer una amenaza se transformó, así, en algo mucho más interesante para la ciencia.

La Tierra también modificará al asteroide
Apophis no solo será observado mientras pasa cerca. Los investigadores quieren descubrir qué le ocurrirá durante ese encuentro.
El asteroide se formó hace unos 4.600 millones de años, aproximadamente en la misma época en que surgió el sistema solar. Se cree que originalmente se encontraba en el cinturón principal de asteroides, situado entre Marte y Júpiter, antes de que las interacciones gravitatorias modificaran su trayectoria.
Por su composición, Apophis pertenece al grupo de los asteroides de tipo S, caracterizados principalmente por materiales rocosos y la presencia de metales como hierro y níquel.
Cuando se aproxime a la Tierra, la gravedad de nuestro planeta ejercerá fuerzas sobre él. Esas fuerzas podrían provocar modificaciones en su rotación, movimientos en su superficie e incluso desplazamientos de material.
Los científicos estarán especialmente atentos a estos cambios porque permitirán estudiar el interior y la estructura de un asteroide de una manera que sería extremadamente difícil de conseguir mediante observaciones lejanas.
La misión será, en cierto sentido, un experimento natural. La Tierra proporcionará las condiciones necesarias y los instrumentos científicos se encargarán de registrar lo que suceda.
Varias misiones esperan aprovechar el momento
El interés por Apophis no se limita a los observatorios terrestres. Varias agencias espaciales están preparando misiones para aprovechar al máximo el acercamiento.
La NASA utilizará OSIRIS-APEX, una misión que anteriormente visitó el asteroide Bennu. Después de completar aquella etapa, la nave fue redirigida para estudiar Apophis tras su encuentro con la Tierra.
La Agencia Espacial Europea también prepara Ramses, una misión diseñada para acompañar al asteroide durante su aproximación y observar cómo cambia como consecuencia de su paso cercano.
La combinación de estas misiones con telescopios y radares terrestres permitirá obtener una cantidad excepcional de información. Los científicos podrán analizar variaciones en el brillo, la rotación, la forma y el comportamiento de la superficie.
Además, el paso será suficientemente cercano como para que Apophis pueda observarse desde la Tierra en determinadas regiones y bajo buenas condiciones. Los habitantes del hemisferio oriental tendrán mejores oportunidades para localizarlo durante el acontecimiento.
Pero hay otro detalle que hace todavía más interesante el encuentro. La gravedad terrestre modificará ligeramente la trayectoria del asteroide. Actualmente, Apophis completa una vuelta alrededor del Sol aproximadamente cada 0,9 años y pertenece a la categoría de objetos Aten.
Después de su encuentro con la Tierra, su órbita cambiará y pasará a comportarse como un objeto de tipo Apolo, con un período cercano a 1,2 años.
Un ensayo para proteger a la Tierra en el futuro
Aunque Apophis no representa una amenaza conocida, su visita tendrá una importancia que va mucho más allá de la curiosidad científica.
Cada nuevo asteroide detectado cerca de nuestro planeta representa una oportunidad para mejorar los sistemas de vigilancia y comprender mejor cómo reaccionan estos objetos ante las fuerzas gravitatorias. Esa información puede resultar fundamental si en el futuro aparece un cuerpo cuya trayectoria sí implique un riesgo.
El encuentro de 2029 permitirá poner a prueba tecnologías, modelos orbitales y estrategias de observación. También servirá para estudiar cómo respondería un asteroide ante diferentes fuerzas naturales, algo especialmente relevante para la defensa planetaria.
Por eso, Apophis llegará a las proximidades de la Tierra sin necesidad de convertirse en una amenaza para convertirse en protagonista. Durante unas horas, un objeto formado hace miles de millones de años ofrecerá a la humanidad una oportunidad excepcional para observar de cerca una pieza del pasado del sistema solar.
Y cuando vuelva a alejarse, dejará algo más que imágenes: una enorme cantidad de datos que podrían ayudar a preparar a la humanidad para el próximo visitante.
[Fuente: La Nación]