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Imagen: SETI

¿Hay alguien ahí fuera? Según el astrofísico británico Cristopher Conselice, la respuesta es sí. Conselice y su colega Tom Westby han desarrollado un método para calcular el posible número de civilizaciones extraterrestres en nuestra galaxia, así como las razones por las que aún no las hemos encontrado.

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A falta de evidencias, la existencia de vida inteligente más allá de nuestro planeta es algo sobre lo que, por ahora, solo podemos elucubrar. Hay decenas de teorías al respecto, y la de Conselice y Westby es tan buena como cualquier otra, pero al menos cuenta con el beneficio de haber partido de un ejemplo de civilización inteligente real: el nuestro. La teoría acaba de presentarse en la revista The Astrophysical Journal.

Para tratar de calcular la probabilidad de vida inteligente en otros planetas, Conselice y Westby han desarrollado una métrica llamada Límite Astrobiológico Copernicano. En esencia lo que han hecho es extrapolar las características de nuestra propia civilización al resto de nuestra galaxia. Los seres humanos vivimos en un planeta rocoso rico en metales (una parte crucial para la vida) y en zona habitable respecto a nuestra estrella, una enana amarilla o estrella tipo espectral G2 en su secuencia principal.

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Una llamarada solar captada por el Observatorio de Dinámicas Solares de la NASA en 2017.
Imagen: NASA/SDO/Goddard

Los astrobiólogos intuyen que podría haber vida alrededor de otras estrellas en condiciones mucho más extremas. Si Conselice y Westby se han limitado a las estrellas como la nuestra (mucho menos comunes) ha sido sencillamente porque sabemos de forma empírica que pueden albergar vida si se dan las condiciones adecuadas. Nosotros somos la prueba viviente de ello.

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Conselice y Westby asumen que la vida surge siempre que estas condiciones de estrella, cantidad de metales y zona habitable se cumplen, y se prolonga durante toda la vida de la estrella. Es una consideración muy optimista teniendo en cuenta la cantidad de eventos que pueden erradicar por completo la vida en un planeta, pero nos sirve para hacer al menos un cálculo inicial. El resultado una vez aplicamos los últimos datos de que disponen los astrónomos sobre número de estrellas y planetas, es el Límite Astrobiológico Copernicano Débil. Arroja una cifra de miles de millones de potenciales civilizaciones.

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Aquí llega la segunda parte. Sabemos que la vida inteligente se toma su tiempo en aparecer. En la Tierra, nuestra especie surgió tras alrededor de 4.500 millones de años de evolución. Finalmente sabemos que, aunque llevamos más tiempo sobre nuestro planeta, las comunicaciones tardan en desarrollarse. La primera señal de radio que emitimos no llegó hasta 1895 y apenas llevamos cien años transmitiendo señales de ese tipo (mucho menos si hablamos de señales lo bastante fuertes como para salir al espacio). Si aplicamos todos estos datos al número de estrellas en nuestra galaxia nos sale lo que Conselice y Westby llaman el Límite Astrobiológico Copernicano Fuerte, que es la cantidad mínima de civilizaciones como la nuestra que podría haber ahí fuera. Ese límite es de 36.

La pregunta que surge de inmediato es evidente. Si hay 36 civilizaciones como la nuestra ahí fuera, ¿por qué no hemos hallado indicios de ellas? La respuesta está en la velocidad de la luz. Las señales de radio están compuestas de radiación electromagnética y por tanto solo son capaces de viajar, como máximo, a la velocidad de la luz. Si nuestra primera transmisión de radio hubiera salido de la Tierra llevaría solo 125 años luz viajando por el espacio. Si repartimos las 36 civilizaciones que se supone que existen de manera equidistante por los vastos rincones de nuestra galaxia nos sale que entre ellas hay una distancia media de 17.000 años luz.

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Foto: Alex Cherney/CSIRO

Nuestros vecinos están tan absurdamente lejos que nuestra primera transmisión apenas ha comenzado a cubrir la distancia que nos separa de ellos. Eso sin tener en cuenta que la primera transmisión de radio nunca pasó de nuestra ionosfera, y que aunque ya hemos enviado señales más potentes las interferencias electromagnéticas del medio cósmico probablemente harían la señal ilegible después de tanto tiempo. Encima damos por hecho que las civilizaciones están distribuidas uniformemente. Podríamos tener una increíble mala suerte y vivir en un vecindario cósmico especialmente poco poblado, con lo que nuestras señales (o las de ellos) tardarían aún más en llegar.

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En definitiva, que más nos vale hacernos con un transmisor bien potente o nos pasaremos muchos miles de años más esperando esa prueba que tantos ansían. La búsqueda de vida extraterrestre tiene un cierto halo romántico, casi filosófico. Sin embargo Conselice tiene una razón más práctica para averiguar si existe vida inteligente en otros planetas. Es una pista para nuestro propio futuro. El astrofísico explica:

Nuestro estudio sugiere que la búsqueda de civilizaciones extraterrestres inteligentes no solo es la búsqueda de formas de vida. También nos daría claves sobre cuánto tiempo puede sobrevivir la nuestra. Descubrir que la vida inteligente es más común de lo que pensamos significa que nuestra civilización puede existir mucho más tiempo que unos pocos cientos de años. Del mismo modo, descubrir que no hay otras civilizaciones en nuestra galaxia sería una muy mala noticia para nuestra supervivencia a largo plazo. Buscar vida inteligente extraterrestre, incluso si no la encontramos, es tratar de averiguar nuestro propio futuro y destino como civilización.

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[The Astrophysical Journal vía Science Alert]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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