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Ciencia

Si guardaste el protector solar del verano pasado, revisalo antes de usarlo: puede que ya no proteja tu piel

Ese protector solar que quedó olvidado en un cajón podría seguir funcionando, pero no siempre. La fecha de vencimiento, el tiempo desde que fue abierto y, sobre todo, cómo estuvo almacenado determinan si todavía ofrece la protección prometida o si es momento de reemplazarlo.
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Con la llegada del calor aparece una escena bastante habitual: abrimos un cajón, encontramos el protector solar del verano pasado y pensamos que todavía puede servir. Después de todo, el envase sigue medio lleno y la crema parece normal.

La respuesta, sin embargo, no es tan sencilla. Un protector solar no deja automáticamente de funcionar cuando cambia la temporada, pero tampoco conviene utilizarlo indefinidamente. Su antigüedad, la fecha indicada por el fabricante y las condiciones en las que pasó los últimos meses son claves para saber qué hacer.

La fecha del envase es el primer dato que hay que mirar

La FDA establece que los protectores solares comercializados en Estados Unidos deben incluir una fecha de vencimiento, salvo que el fabricante pueda demostrar que mantienen su estabilidad durante al menos tres años. Si un producto no tiene fecha, el organismo recomienda considerarlo vencido tres años después de su compra.

En otros mercados también es habitual encontrar el símbolo PAO —Period After Opening—, representado por un pequeño recipiente abierto acompañado de una cifra, como “12M”. Indica durante cuánto tiempo recomienda el fabricante utilizar el producto después de abrirlo.

La American Academy of Dermatology aconseja directamente descartar un protector una vez superada su fecha de vencimiento, ya que sus componentes pueden deteriorarse y dejar de proporcionar la protección esperada.

Un experimento descubrió que algunos sobrevivieron otro verano

Aquí aparece un dato interesante. La organización francesa de consumidores Que Choisir quiso comprobar qué ocurría realmente con los protectores abiertos de una temporada a otra.

Para hacerlo, sometió ocho cremas solares a condiciones que simulaban su uso habitual: frío, temperaturas de hasta 40 °C, radiación ultravioleta y posteriormente unos 13 meses almacenadas a 20 °C. Después de aproximadamente 14 meses, volvieron a medir su protección frente a los rayos UVA y UVB.

El resultado fue llamativo: seis de los ocho protectores conservaron sus características. Uno de los productos que falló mostraba además una clara separación entre sus componentes acuosos y grasos.

Eso sugiere que algunos productos correctamente conservados pueden mantenerse estables más allá de los 12 meses después de abiertos. Pero el estudio analizó solamente ocho protectores, por lo que no permite asumir que cualquier crema del verano pasado seguirá funcionando.

El calor puede arruinarlo mucho antes

Más importante que guardar el protector durante unos meses puede ser dónde pasó ese tiempo.

Dejarlo dentro de un automóvil caliente, expuesto directamente al sol o sometido repetidamente a altas temperaturas puede acelerar su degradación. La Academia Estadounidense de Dermatología advierte que el calor puede hacer que un protector se deteriore incluso antes de alcanzar su fecha de vencimiento.

Hay algunas señales que no dejan demasiado margen para las dudas: cambio de olor o color, textura diferente, separación de fases o una consistencia excesivamente líquida, seca o grumosa son motivos para descartarlo.

Si guardaste el protector solar del verano pasado, revisalo antes de usarlo: puede que ya no proteja tu piel
© Magnific

Hay un ingrediente que merece especial atención

Que Choisir hace una excepción particular con los protectores que contienen octocrileno y recomienda no reutilizarlos al año siguiente. Una investigación publicada en Chemical Research in Toxicology encontró que este filtro UV puede degradarse formando benzofenona y que sus concentraciones aumentaron cuando los productos analizados fueron sometidos a envejecimiento acelerado.

La conclusión práctica es bastante sencilla: la etiqueta sigue siendo la referencia más segura.

Si el protector venció, no sabés cuándo lo compraste, cambió su aspecto o pasó meses sometido al calor, reemplazarlo es la opción más prudente. Ahorrar el resto del frasco puede parecer tentador, pero cuando lo que está en juego es proteger la piel de la radiación ultravioleta, no merece demasiado la pena experimentar.

 

 

Fuente: Futura Science.

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