Durante años, los troncos y ramas que caían al río Murray, conocidos en Australia como snags, eran retirados de forma sistemática por considerarse obstáculos para la navegación y el manejo del cauce. El problema, según documenta el Arthur Rylah Institute for Environmental Research, es que esos mismos troncos cumplían una función ecológica central: formaban parte del hábitat donde los peces nativos se refugiaban, se alimentaban y se reproducían. Su eliminación histórica fue reconocida como uno de los factores asociados al deterioro del hábitat fluvial y a la disminución de las poblaciones de peces nativos en toda la cuenca.
4.450 troncos devueltos a un tramo de 110 kilómetros

En el marco del programa The Living Murray, impulsado por la Murray-Darling Basin Authority, entre 2007 y 2010 se incorporaron 4.450 grandes piezas de madera, la mayoría de más de una tonelada de peso, a lo largo de un tramo de aproximadamente 110 kilómetros del río Murray, entre Lake Hume y Lake Mulwala. Los troncos provenían de árboles recuperados durante la construcción de una gran carretera cercana, en lugar de descartarse como residuo de obra.
Un tronco sumergido no es solamente madera bajo el agua: genera zonas de menor corriente, refugios frente a depredadores y superficies donde se acumulan organismos que sirven de alimento para distintas especies. Para el Murray cod, uno de los peces nativos más emblemáticos de Australia, este tipo de estructuras resulta especialmente relevante para su supervivencia.
Siete años de seguimiento antes de sacar conclusiones

Los responsables del proyecto no se conformaron con asumir que más troncos significaba, sin más, más peces. Antes de la restauración, comenzaron a recopilar datos de referencia, y después siguieron las poblaciones de peces durante siete años (2007-2013), comparando el tramo intervenido con sectores de control donde no se habían colocado troncos. El equipo, liderado por el investigador Jarod Lyon del Arthur Rylah Institute, estudió especialmente al Murray cod y al golden perch, además del trout cod y el silver perch.
El operativo de monitoreo fue enorme: se marcaron 3.839 ejemplares de Murray cod y 3.316 de golden perch con etiquetas PIT y externas, además de colocar radiotransmisores a cerca de 1.400 peces para rastrear sus movimientos. En total, el equipo analizó más de seis millones de registros de peces marcados, combinados con información de bitácoras de pescadores deportivos.
El efecto panal de miel
Los resultados, publicados en el paper Increased population size of fish in a lowland river following restoration of structural habitat, mostraron que en el tramo restaurado la población de Murray cod aumentó aproximadamente tres veces, mientras que en los sectores de control las poblaciones disminuyeron o se mantuvieron fluctuantes. La densidad de golden perch, por su parte, se duplicó en la zona intervenida.
Los propios investigadores bautizaron el fenómeno como efecto panal de miel (honeypot effect): al ofrecer estructuras de hábitat de calidad, el tramo restaurado no solo sostuvo mejor a sus propios peces, sino que atrajo ejemplares desde tramos vecinos, funcionando como un polo de concentración de biodiversidad dentro de un río mucho más extenso.
Una lección que trasciende un solo río
El estudio concluyó que recuperar el hábitat estructural de un río puede aumentar la abundancia de peces a escala poblacional, incluso en cursos de agua grandes y muy intervenidos por la actividad humana, como el propio Murray. La investigación se convirtió en una de las referencias más citadas en el campo de la restauración fluvial a nivel mundial, precisamente por la escala del experimento y el rigor de siete años de seguimiento científico antes de sacar conclusiones.