En la madrugada del pasado Lunes hora española (sobre las 2.00 GMT) un enorme asteroide de 271 metros de diámetro debería haber "rozado" la Tierra, pasando a 3,3 millones de kilómetros de distancia. Poco en términos astronómicos. Sin embargo, nadie lo pudo observar. Y no solo eso: los astrónomos aseguran ahora no tener ni idea de dónde se encuentra en el espacio.

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Responsables de la red de telescopios Slooh han publicado un comunicado pidiendo la colaboración de la comunidad científica para localizar la posición exacta del asteroide 2000 EM26, apodado como "Moby Dick" por su tamaño. De hecho está clasificado dentro de la categoría de "potencialmente peligroso". ¿Cómo es posible que no se conozcan sus coordenadas?

La explicación más probable es que se ha calculado erróneamente su órbita y que el asteroide pasó en realidad más lejos de la Tierra de lo esperado. El 2000 EM26 se pudo observar por última vez hace 14 años durante solo 9 días. Así hasta hoy, que debería haber pasado a 8,8 distancias lunares de la Tierra y a una velocidad de 43.000 kilómetros hora, pero no lo ha hecho. O al menos no se ha podido observar.

Responsables del Observatorio del Teide, del Instituto de Astrofísica de Canarias, una de las principales localizaciones de la red Slooh, han asegurado a Gizmodo en Español que la meteorología hizo imposible la observación del asteroide, tal y como estaba previsto. Ninguno de los otros observatorios asociados a Slooh pudo seguir su rastro.

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"Pedimos la asistencia de astrónomos aficionados para encontrar a este asteroide. Como recompensa promoveremos su trabajo en nuestra página durante un año", ha dicho Michael Paolucci, responsable de Slooh.

Si ninguno de estos astrónomos o telescopios nocturnos como el de Canarias logra dar con las coordenadas del asteroide, es posible que uno de los grandes telescopios de la NASA o la ESA lo pueda hacer. De hecho estas son las últimas coordenadas del asteroide publicadas por la NASA/JPL. Veremos si la nueva búsqueda surte efecto. [vía Slooh y Universetoday]

Ilustración: Mark A. Garlick, University of Warwick y University of Cambridge