El lago Candlewood, en Connecticut, es el más grande del estado, y no es natural. Se creó en 1928, cuando una compañía eléctrica inundó granjas, bosques y hasta un pequeño pueblo para formar un embalse que alimentaría una central hidroeléctrica. Casi un siglo después, es un destino de pesca, navegación y recreación. Y también el escenario de un experimento de control biológico que salió mucho peor de lo previsto.
Una solución contra una planta invasora

El problema empezó con una planta acuática llamada miriofilo espigado (Myriophyllum spicatum). Es una especie invasora que crece con rapidez, forma densas marañas bajo el agua y dificulta la navegación, la pesca y el baño. Durante años, los responsables del lago la combatieron con distintos métodos, entre ellos bajar el nivel del agua en invierno para exponer y congelar las plantas.
Entre 2015 y 2017, con la aprobación del Departamento de Energía y Protección Ambiental de Connecticut, la autoridad del lago decidió probar otra estrategia: soltar 8.903 carpas herbívoras, un pez originario del este de Asia que se alimenta casi exclusivamente de plantas acuáticas.
Para evitar que se reprodujeran y se volvieran una plaga, se usaron carpas triploides, es decir, peces estériles. Se obtienen sometiendo los huevos fecundados a un choque de calor, frío o presión, que hace que conserven un juego extra de cromosomas: tienen 72 en lugar de 48. El método no es infalible, por lo que cada lote debe ser analizado antes de soltarse. Estos peces pueden vivir más de una década y comer grandes cantidades de vegetación: en buenas condiciones, una carpa joven puede consumir cada día su propio peso en plantas.
Un lago sin plantas

Durante algunos años, el plan pareció funcionar. Pero en 2022, la cobertura de vegetación sumergida del lago se desplomó y prácticamente desapareció. La autoridad del lago atribuyó la pérdida a una combinación de factores: el consumo de las carpas sumado a los descensos del nivel del agua en invierno. Solo sobrevivieron pequeños restos de especies nativas.
Quedarse sin plantas es un problema serio para un lago. La vegetación sumergida sirve de refugio y zona de cría para muchos peces e invertebrados, estabiliza los sedimentos del fondo y compite por los nutrientes con las algas. Según las autoridades de Connecticut, esas plantas son un hábitat clave para mantener una pesca saludable y una buena calidad del agua.
Ahora hay que sacarlas
El Departamento de Energía y Protección Ambiental del estado concluyó que la retirada activa de las carpas es necesaria. Según el organismo, si se espera a que mueran de forma natural, podrían pasar más de 20 años hasta que su población baje lo suficiente para que las plantas se recuperen.
En mayo de 2023 comenzó un programa piloto que combina la pesca eléctrica desde botes, una técnica que aturde momentáneamente a los peces para capturarlos, con redes de malla grande. Desde entonces se retiraron 460 carpas. Las autoridades estiman que harán falta entre 100 y 600 capturas más, aunque reconocen que la cifra es incierta. Los pescadores aficionados también pueden colaborar registrándose como voluntarios y reportando sus capturas.
Además, se instalaron cercados submarinos que impiden el paso de los peces herbívoros, y en la mayoría de ellos las plantas volvieron a crecer. Es una señal alentadora: según las autoridades, una vez que la población de carpas se reduzca lo suficiente, la vegetación podría recuperarse por completo en unos tres años.
La lección del control biológico
Usar un ser vivo para controlar a otro es una estrategia con una larga historia, y con fracasos célebres. El caso más conocido es el del sapo de caña, introducido en Australia en 1935 para combatir una plaga de escarabajos en los cultivos de caña de azúcar, que terminó convertido en una de las peores especies invasoras del país.
El caso de Candlewood es mucho menos dramático, porque las carpas eran estériles y su número es limitado. Pero muestra la misma lección: en un ecosistema, intervenir es fácil, y calcular todas las consecuencias es muy difícil. El objetivo ahora, según las autoridades, no es eliminar todas las plantas ni todas las carpas, sino recuperar un equilibrio que permita al lago sostener un ecosistema saludable.