SpaceX lleva años demostrando que sabe enviar personas y mercancías a la órbita con sus cápsulas Dragon. Su nuevo proyecto persigue algo distinto: lanzar pequeñas fábricas autónomas, dejarlas trabajar en microgravedad y recuperar sus productos sin depender de la Estación Espacial Internacional.
La primera pieza de esa estrategia se llama Starfall. La cápsula despegó este 23 de junio desde el Complejo de Lanzamiento 40 de la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral, en Florida, a bordo de un Falcon 9.
Según confirmó SpaceX a través de su cuenta oficial, Starfall fue desplegada con éxito varias horas después del lanzamiento. La empresa, sin embargo, no mostró imágenes de la cápsula ni de la etapa superior durante la transmisión y tampoco explicó qué carga lleva o cuánto tiempo permanecerá en el espacio.
El despegue utilizó el propulsor B1078, que completó su vuelo número 29 y aterrizó unos nueve minutos después sobre la plataforma marítima A Shortfall of Gravitas. Pero el verdadero protagonista viajaba dentro de la cofia: una cápsula ancha, plana y completamente nueva que SpaceX había desarrollado con bastante discreción.
Es una cápsula enorme, pero no está pensada para transportar personas
Starfall mide aproximadamente 3,1 metros de diámetro y solo 75 centímetros de altura. Su forma recuerda más a un disco de hockey gigantesco que a las cápsulas cónicas utilizadas habitualmente para transportar astronautas.
De acuerdo con la documentación presentada por SpaceX ante la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, la cápsula pesa unos 2.100 kilos vacía y puede transportar hasta 1.000 kilos de carga. Con el compartimento lleno, el conjunto podría alcanzar las 3,1 toneladas.
El vehículo no dispone de sistemas de soporte vital, asientos ni ventanas porque nunca fue concebido para llevar pasajeros. Su espacio interior está destinado a experimentos científicos, componentes tecnológicos y materiales producidos durante una estancia en microgravedad.
La documentación de la FAA autoriza dos reentradas experimentales de Starfall en el océano Pacífico. Eso no significa necesariamente que existan dos lanzamientos separados: SpaceX no ha aclarado cuántas cápsulas viajaron en esta primera misión ni cuándo se realizará la segunda demostración.
También hay una corrección respecto a las primeras informaciones sobre el proyecto. Según el análisis ambiental de la FAA, Starfall puede despegar en un Falcon 9 o en Starship, además de seguir trayectorias orbitales o suborbitales. El documento no menciona al Falcon Heavy como uno de sus vehículos previstos.
Starfall puede orientarse, pero no puede abandonar la órbita por sí misma
Una de las decisiones más extrañas del diseño es la ausencia de un sistema principal de propulsión. Starfall puede modificar su orientación mediante pequeños propulsores de gas frío alimentados con nitrógeno, pero no dispone de un motor capaz de realizar por sí solo la maniobra necesaria para salir de la órbita.
Eso significa que necesita otra estructura o etapa que la coloque en la trayectoria de regreso adecuada. SpaceX no ha explicado públicamente cómo realizará esa operación en esta primera prueba, aunque todo apunta a que la segunda etapa del Falcon 9 o una plataforma orbital asociada será responsable de iniciar el descenso.
Según detalla Spaceflight Now a partir de la documentación regulatoria, Starfall está formada por dos grandes secciones. La parte superior es una estructura de aluminio de aproximadamente 1.400 kilos que protege la carga y algunos de los sistemas de la cápsula. Debajo se encuentra un escudo térmico de fibra de carbono de unos 700 kilos.
Ese escudo contiene depósitos de nitrógeno comprimido y protege al vehículo durante el tramo más violento de la reentrada. Una vez atravesadas las capas más densas de la atmósfera, las dos secciones se separan para liberar un sistema formado por un paracaídas de frenado, otro piloto y el paracaídas principal.
La cápsula terminará amerizando en una amplia región del Pacífico situada aproximadamente a 1.300 kilómetros de la costa oeste de Estados Unidos. SpaceX pretende recuperar tanto el vehículo como sus componentes siempre que las condiciones de la misión lo permitan.
El verdadero negocio está en traer cosas desde el espacio
Lanzar mercancías a la órbita ya es relativamente habitual. El problema continúa siendo traerlas de vuelta. Solo unas pocas naves poseen escudos térmicos y sistemas de aterrizaje capaces de devolver cantidades significativas de carga sin destruirla durante la reentrada.
Según explica la FAA, SpaceX quiere utilizar Starfall para ofrecer acceso comercial a la microgravedad y al vacío, permitir que los vehículos permanezcan durante un tiempo en órbita y devolver después los productos fabricados a la Tierra. La compañía también contempla entregas rápidas de cargamentos críticos siguiendo trayectorias suborbitales entre distintos puntos del planeta.
La microgravedad puede resultar útil para producir cristales farmacéuticos, investigar nuevas formulaciones de medicamentos o estudiar materiales difíciles de fabricar bajo la gravedad terrestre. Starfall no sería necesariamente la fábrica completa, sino la última parte de la cadena logística: el recipiente que protege lo producido y permite recuperarlo.
SpaceX no está sola en este mercado. Varda Space Industries ya utiliza pequeños vehículos orbitales para procesar materiales y devolverlos mediante cápsulas W-Series. De acuerdo con la propia compañía, cinco de esas cápsulas han completado hasta ahora su reentrada, mientras la misión W-4 continúa figurando como lanzada pero todavía no recuperada.
La principal diferencia es la escala. Las cápsulas de Varda transportan cargas mucho más pequeñas, mientras que Starfall aspira a devolver hasta una tonelada. SpaceX dispone además de sus propios cohetes, lo que podría permitirle controlar el lanzamiento, la estancia orbital, la reentrada y la recuperación dentro de un mismo servicio.
El lanzamiento salió bien, pero todavía falta la parte más difícil
Hasta ahora, SpaceX confirmó el lanzamiento y el despliegue orbital de Starfall. La empresa todavía no ha anunciado que la cápsula haya completado su reentrada ni ha comunicado cuándo intentará amerizar en el Pacífico.
Esa será la prueba decisiva. Llegar a la órbita es algo que Falcon 9 realiza de manera rutinaria; sobrevivir al calentamiento atmosférico, mantener la orientación, desprender correctamente el escudo térmico y desplegar los paracaídas es lo que permitirá saber si Starfall puede cumplir su verdadera función.
La cápsula tampoco tiene todavía clientes, cargas o misiones comerciales anunciadas públicamente. Por ahora es una demostración tecnológica rodeada de bastantes incógnitas.
Pero la ambición está clara. SpaceX no quiere limitarse a lanzar las fábricas del futuro. También quiere controlar el momento en el que sus productos regresen a casa.