La misión Starliner CFT debía marcar el regreso triunfal de Boeing al vuelo espacial tripulado. En su lugar, se ha convertido en una advertencia mayúscula. La NASA ha confirmado que el vuelo fue catalogado internamente como un Incidente de Tipo A, la categoría más grave en su sistema de seguridad, la misma en la que figuran tragedias históricas como Challenger y Columbia, aunque en este caso sin pérdida de vidas.
La conclusión aparece en el último informe oficial de la agencia y deja claro que el problema no fue un fallo puntual, sino una acumulación de riesgos técnicos y decisiones de gestión que llevaron la misión al borde del fracaso total.
Un vuelo de días que terminó durando casi un año

La cápsula Starliner Calypso despegó el 5 de junio de 2024 rumbo a la Estación Espacial Internacional con los astronautas Butch Wilmore y Sunita Williams a bordo. La misión debía durar entre diez días y un mes. Acabó prolongándose 286 días.
Durante la maniobra de acoplamiento comenzaron los problemas más serios: cinco de los 28 propulsores de maniobra fallaron por sobrecalentamiento. El resultado fue una pérdida temporal del control completo de la nave en sus seis grados de libertad, una de las situaciones más críticas que puede afrontar una nave tripulada en órbita.
Tres de esos propulsores apuntaban en la misma dirección, lo que dejó al vehículo sin redundancia. Según las propias normas de la NASA, el acoplamiento debería haberse cancelado. No ocurrió.
El acoplamiento que nunca debió completarse

La experiencia de Wilmore, veterano del programa del transbordador espacial, fue clave para evitar un desenlace peor. Tras reiniciar el sistema y modificar las reglas de funcionamiento de los motores, cuatro de los cinco propulsores volvieron a operar y la Starliner logró acoplarse a la ISS.
El informe es claro: si los propulsores no se hubieran recuperado, o si hubieran fallado más unidades, la nave podría haber quedado varada en el espacio, con un riesgo real de pérdida de la tripulación.
A esto se sumaron otros problemas graves. Fugas reiteradas de helio en el sistema de presurización, temperaturas interiores tan bajas que los astronautas no pudieron quitarse los trajes durante el viaje, y un fallo adicional de un propulsor durante la reentrada, ya sin tripulación.
Un historial de fallos que nadie corrigió del todo

La misión CFT no fue un caso aislado. El programa Starliner arrastraba problemas desde su primer vuelo en 2019, cuando la misión OFT-1 no logró acoplarse a la ISS por un error de software y sufrió fallos en diez propulsores. En la OFT-2, en 2022, se repitieron los problemas en los motores del módulo de servicio.
Según el administrador de la NASA, Jared Isaacman, tras la OFT-2 no se tomaron las medidas correctivas necesarias. Boeing introdujo cambios que la propia NASA no llegó a comprender del todo, pero que aun así fueron aprobados. El informe habla de sistemas operando fuera de los márgenes para los que habían sido diseñados, algo incompatible con los estándares de seguridad tripulada.
El paralelismo con la crisis del 737 MAX es inevitable: una cultura de aceptar riesgos crecientes para no poner en peligro la viabilidad del programa.
Uno de los puntos más duros del informe es que, durante la crisis, la viabilidad del programa Starliner pesó más que la seguridad absoluta. Esa es la razón por la que, en su momento, la misión no fue declarada oficialmente como Incidente de Tipo A, pese a cumplir los criterios.
La crítica no es solo técnica, sino organizativa. Falta de supervisión a subcontratistas, límites de seguridad poco claros y una NASA que —en administraciones anteriores— no presionó lo suficiente a Boeing.
¿Tiene futuro la Starliner?
La próxima misión, Starliner 1, está prevista como un vuelo de carga sin tripulación. Boeing deberá financiar de su bolsillo las mejoras necesarias, y no está claro que la inversión sea suficiente para garantizar la fiabilidad exigida.
Tras este informe, la duda ya no es cuándo volverá a volar la Starliner con astronautas, sino si volverá a hacerlo alguna vez. Todo apunta a que este Incidente de Tipo A podría marcar el principio del final del programa tripulado de Boeing.
El informe de la NASA, pese a estar parcialmente censurado, es un ejercicio de transparencia poco habitual. Y su mensaje es contundente: esta vez, el desastre se evitó por muy poco.