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Ciencia

Tal vez se haya encontrado el registro más antiguo de alguien que sufrió puñaladas en el rostro con un objeto afilado

Si la hipótesis está en lo cierto el fósil representa la primera instancia de apuñalamiento.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Incluso hoy, una puñalada en el rostro se considera una lesión de gravedad. De modo que podemos imaginar lo que habrá sido para alguien que vivió hace decenas de miles de años. Pero la perseverancia humana es algo notable, porque mucho antes de que existieran los procedimientos médicos modernos, uno de nuestros antiguos ancestros sobrevivió a una puñalada en la cara.

En un trabajo de investigación que se publicó el mes pasado en Scientific Reports, un grupo de arqueólogos describe los resultados de un nuevo análisis de Qafzeh 25, un fósil humano que se calcula tiene entre 92.000 y 145.000 años de antigüedad. En este reciente estudio los científicos usaron técnicas avanzadas que revelaron que un individuo, Qafzeh 25, tenía una marca de corte en su mandíbula inferior izquierda. Tal vez la lesión haya sido por accidente, pero el equipo piensa que “lo más probable es que haya resultado de la violencia interpersonal”. Si su hipótesis está en lo cierto, el físil representa la primera instancia de apuñalamiento que se haya descubierto entre los primeros humanos.

“Estos hallazgos brindan nueva evidencia en el continuo debate sobre los orígenes de las conductas complejas como la violencia interpersonal, el cuidado de las personas enfermas o heridas, y las prácticas funerarias”, afirmó Ana Pantoja Pérez, autora principal del trabajo y arqueóloga del Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana, de España.

Redescubrir una lesión

Las excavaciones en la cueva Qafzeh en lo que hoy es Israel en la década de 1930 y luego, en la de 1970, descubrieron los restos de al menos 27 individuos. Entre ellos estaba Qafzeh 25, un esqueleto parcial, probablemente de un varón adulto, que se excavó en 1979. Su ubicación en la cueva sugería que se lo había sepultado intencionalmente, tal vez en alguna práctica funeraria primitiva.

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©Spain National Research Center for Human Evolution

En este último análisis los arqueólogos utilizaron un método integral para obtener una imagen más clara d ela anatomía de Qafzeh 25, según explicaron en declaraciones. Encontraron “una serie de anomalías óseas” en el lado izquierdo de la mandíbula, y lo fascinante fue que había señales de reconstrucción del hueso que indicaban que la lesión sanó mientras la persona estaba viva. Además el equipo detectó defectos en el esmalte y caries ocultas en sus dientes.

¿Accidente, o conflicto?

Como suele suceder en los descubrimientos arqueológicos, sólo se puede inferir o efectuar una suposición informada sobre lo que ocurrió para que el individuo sufriera esta lesión. Es muy posible que se tratara de un accidente, por ejemplo, mientras estaba cazando. Pero los investigadores creen que hay buenas probabilidades de que la herida fuera causada durante un conflicto interpersonal. Por ejemplo, en general las lesiones faciales como resultado de conflictos interpersonales suelen estar del lado izquierdo del rostro, suponiendo que el atacante haya sido diestro.

Al combinar esto con el trauma con algo afilado y utilizado con fuerza, algo bastante infrecuente en los fósiles humanos, “inferimos que la interpretación de un conflicto interpersonal es más plausible que la de un accidente, aunque esto último no se puede descartar”, escriben en el trabajo. En todo caso, el hecho de que el registro fósil muestre señales de recuperación indica que la persona sobrevivió a la lesión. Para los investigadores eso refuerza “la idea de la resiliencia y tal vez, del cuidado y atención de la comunidad”.

Un animal social

Por razones obvias resulta muy difícil investigar aspectos del pasado humano como la violencia, la atención a los enfermos, y las conductas funerarias. Pero cuando surge la oportunidad, estos descubrimientos echan luz sobre los modos en que los humanos se han ocupado del cuidado mutuo al vivir en comunidad. Eso vale incluso cuando la presencia del enfermo haya sido una “carga”, como lo indica el descubrimiento de la mujer de Pazyryk, que sobrevivió a una lesión y cirugía de mandíbula.

En última instancia, los hallazgos representan “aspectos fundamentales que permiten entender la evolución social y cultural de nuestra especie”, según señaló Pantoja Pérez.

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