Hace unos 252 millones de años, la vida en la Tierra atravesó la mayor crisis de su historia. La extinción masiva del final del Pérmico eliminó cerca del 90% de las especies marinas y alrededor del 70% de los vertebrados terrestres. Los ecosistemas tardaron millones de años en recuperarse, por lo que el episodio recibió un nombre contundente: la Gran Mortandad.
Los científicos coinciden en que el desencadenante principal fueron las enormes erupciones de las Traps Siberianas. Durante un largo periodo, esta actividad volcánica liberó grandes cantidades de dióxido de carbono, elevó la temperatura global y redujo el oxígeno disponible en los océanos.
Sin embargo, todavía quedaba una pregunta sin resolver: ¿por qué algunas especies desaparecieron mientras otras lograron sobrevivir y dominar los mares posteriores?
Respirar se convirtió en una cuestión de supervivencia
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences propone que la respuesta estuvo en la fisiología de los animales y, concretamente, en su capacidad para seguir respirando bajo condiciones extremas.
Cuando la temperatura del agua aumenta, el metabolismo de los animales se acelera. Esto significa que sus células necesitan consumir más oxígeno para mantener sus funciones. Al mismo tiempo, el agua caliente retiene menos oxígeno disuelto.
La combinación es especialmente peligrosa: los organismos necesitan más oxígeno justo cuando el océano tiene menos para ofrecerles.
Este proceso, conocido como hipoxia dependiente de la temperatura, pudo funcionar como un filtro biológico durante la Gran Mortandad. Las especies con sistemas respiratorios menos eficientes habrían perdido rápidamente los hábitats necesarios para sobrevivir.
¿Qué desató la mayor extinción masiva de la Tierra? Un estudio confirma por qué desapareció el 96 % de la vida marina.
🌋 Un trabajo liderado por científicos de la Universidad de Stanford concluye que el calentamiento extremo de los océanos y la pérdida de oxígeno fueron los… pic.twitter.com/ls4N6xlD3d— Enrique Coperías (@CienciaDelCope) July 11, 2026
Los animales actuales ayudaron a reconstruir el pasado
Como no es posible medir el metabolismo de organismos extinguidos hace millones de años, los investigadores estudiaron a representantes modernos de los principales grupos que habitaban aquellos océanos.
El equipo analizó animales relacionados con la antigua fauna paleozoica, como los braquiópodos y los crinoideos, y los comparó con grupos que prosperaron después de la extinción, como los bivalvos y los gasterópodos.
Mediante experimentos de respirometría, los científicos midieron cuánto oxígeno necesitaba cada grupo cuando aumentaba la temperatura. Luego combinaron esos resultados con modelos climáticos que reconstruían las condiciones del océano al final del Pérmico.
Los datos mostraron que varios representantes de la fauna paleozoica eran mucho más sensibles a la falta de oxígeno. Cuando el agua se calentaba, perdían rápidamente la capacidad de obtener el oxígeno necesario para sostener su metabolismo.
Los grupos que dominaron los océanos después de la extinción, en cambio, toleraban mejor esas condiciones. Su sistema respiratorio y circulatorio les permitió conservar una mayor cantidad de hábitats disponibles.
La extinción no afectó a todas las especies por igual
La Gran Mortandad no eliminó organismos de forma completamente aleatoria. Las especies menos preparadas para soportar océanos cálidos y pobres en oxígeno fueron las más perjudicadas.
Esto ayuda a explicar por qué la extinción no solo redujo drásticamente la biodiversidad, sino que también cambió la composición de los ecosistemas. Los animales que dominaban los mares paleozoicos perdieron protagonismo, mientras otros grupos ocuparon los espacios que habían quedado vacíos.
El nuevo estudio no reemplaza la explicación volcánica. Su aporte consiste en mostrar cómo las consecuencias del volcanismo actuaron sobre la fisiología de los animales y determinaron cuáles tenían mayores posibilidades de sobrevivir.
Una advertencia para los océanos actuales
La investigación también ofrece una enseñanza para el presente. Los océanos modernos están absorbiendo gran parte del calor asociado con el cambio climático y algunas regiones ya registran una reducción del oxígeno disponible.
Aunque la situación actual no es comparable con la Gran Mortandad, el mecanismo fisiológico es similar. Cuando el agua se calienta, los animales necesitan más oxígeno mientras el océano puede proporcionarles menos.
Las especies más vulnerables podrían perder hábitats, desplazarse hacia aguas frías o sufrir una reducción de sus poblaciones.
Hace 252 millones de años, sobrevivir no dependió únicamente de soportar las erupciones o el aumento de las temperaturas. Para muchos animales, la diferencia estuvo en una capacidad mucho más básica: poder seguir respirando.