Durante meses se vendió como el siguiente gran salto tecnológico: servidores impulsados por energía solar en el espacio y sin límites terrestres. Ahora la propia SpaceX admite ante inversores que el plan afronta barreras enormes de radiación, refrigeración, costes y viabilidad comercial.
El lanzamiento parecía un éxito total: despegue limpio, reutilización histórica y regreso controlado del propulsor. Sin embargo, los datos posteriores revelaron un fallo en la segunda etapa que arruinó la misión principal y golpeó a uno de sus socios clave.
Viajar al espacio durante unos días es una cosa. Permanecer meses o años en la Luna es otra muy distinta. Científicos plantean que futuras bases lunares necesitarán enormes estructuras giratorias capaces de recrear la gravedad terrestre y frenar el deterioro físico de los astronautas.
La NASA acaba de cerrar una rareza histórica: una gran misión terminada antes de tiempo y por debajo del presupuesto. El telescopio Roman buscará exoplanetas, estudiará materia y energía oscuras y generará un mapa del cielo sin precedentes.
La peor sequía en décadas ha obligado a EE.UU. a tomar una decisión extrema: invertir miles de millones en desalinización industrial para que el mar empiece a alimentar a sus ciudades. No es barato, no es simple y no está exento de riesgos. Pero en el oeste del país, quedarse sin agua ya no es una hipótesis, es una cuenta atrás.
Ace es el primer robot que puede igualar a los mejores jugadores profesionales del mundo.
Ace no solo devuelve pelotas imposibles: analiza efectos, predice trayectorias y decide golpes en milisegundos. El nuevo robot de Sony ya compite con jugadores profesionales y anticipa una era en la que la inteligencia artificial también dominará el cuerpo.
Cada avance cuántico reactiva la misma pregunta: ¿pueden romper Bitcoin? Los expertos enfrían el alarmismo, aunque reconocen un desafío real a largo plazo. La clave no está en entrar en pánico, sino en prepararse antes de que llegue el momento.
Mientras medio sector mira a OpenAI y Google, Musk apunta a otro frente decisivo: la programación asistida por inteligencia artificial. Si la operación se concreta, Cursor pasará a ser una pieza clave en su imperio tecnológico.
Mientras medio planeta busca baterías milagrosas, China apostó por otra vía: modernizar un sistema casi olvidado para estabilizar renovables, reducir costes y soportar redes cada vez más exigidas.
Subimos fotos, guardamos contratos, almacenamos vídeos y hacemos copias de seguridad como si todo fuera intangible. Pero cada archivo necesita máquinas reales funcionando sin descanso. Ahora, un nuevo avance plantea una idea radical: guardar información en cristal durante milenios.
Hace veinte años, alcanzar la cima de la computación exigía edificios especializados, miles de procesadores y presupuestos millonarios. Hoy, parte de esa misma potencia cabe dentro de una torre gaming. La comparación entre IBM y una RTX moderna lo dice todo.
El espacio fue sinónimo de exploración, prestigio nacional y ciencia avanzada. China quiere añadir una nueva palabra a esa lista: industria. Su próximo movimiento no apunta solo a viajar más lejos, sino a fabricar en órbita lo que aquí abajo resulta más difícil, costoso o directamente imposible.
La inteligencia artificial copa portadas, inversiones y promesas millonarias. Pero en paralelo, sin tanto ruido, la industria estadounidense del semiconductor está entrando en otra carrera: producir chips cuánticos en masa. Si lo logran, el impacto podría ser incluso mayor.
SpaceX no solo aspira a protagonizar una de las mayores salidas a bolsa de la historia. También intenta vender una idea todavía más ambiciosa: que el futuro de la inteligencia artificial puede construirse en órbita. La visión deslumbra. La ingeniería, por ahora, pide mucha más cautela.
A veces la innovación no llega con una aleación exótica ni con inteligencia artificial. Llega con algo que parece absurdamente simple: pequeñas piezas con forma de grapa capaces de unirse, resistir peso y separarse cuando reciben la vibración adecuada.
Algunas actividades cotidianas esconden pistas sorprendentes sobre cómo funciona el cerebro. Desde desafíos mentales hasta hábitos aparentemente simples, ciertos hobbies destacan por estimular habilidades avanzadas. La inteligencia artificial identificó patrones que podrían delatar una mente con capacidades fuera de lo común.
El Léon Thévenin no es un mito: es el único buque capaz de reparar los cables submarinos que llevan el 99 % del tráfico digital del continente. Detrás de él hay un sistema global dependiente de infraestructuras físicas que pueden romperse con una tormenta o un error humano. Su historia expone una verdad incómoda: nuestra era digital pende de hilos que nadie ve, y que solo un barco puede volver a unir.
Durante años, el camino parecía claro: estudiar algo técnico, entrar en una gran empresa tecnológica y construir carrera desde ahí. Hoy, ese mapa se está redibujando. Cada vez más jóvenes estadounidenses miran hacia los hospitales, no hacia las ‘big tech’. Y la inteligencia artificial tiene mucho que ver.
La densidad del plasma era uno de los límites más temidos en la fusión nuclear. Cada intento por superarla terminaba en inestabilidad. El reactor EAST en China afirma haberlo logrado por primera vez, y el impacto puede ser enorme.