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Ciencia

Tiñeron el mar de rosa fluorescente para intentar frenarle el paso al cambio climático: el insólito experimento con 16.500 galones de lejía en pleno océano

Desde un dron, o desde un satélite, la escena parece un accidente ambiental: una mancha rosa fosforescente expandiéndose sobre las aguas del Atlántico. En realidad, era justo lo contrario. Científicos estadounidenses vertieron deliberadamente miles de galones de un químico usado para tratar agua potable, con la esperanza de que el propio océano absorba más carbono del que ya absorbe
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En agosto de 2025, un equipo del Instituto Oceanográfico de Woods Hole (WHOI) llevó a cabo el primer ensayo de campo de aumento de alcalinidad oceánica autorizado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, dentro del proyecto LOC-NESS (Locking Ocean Carbon in the Northeast Shelf and Slope). La prueba se realizó en la cuenca de Wilkinson, en aguas federales del Golfo de Maine, a unos 80 kilómetros de la costa de Massachusetts.

Durante una dispersión controlada de seis horas, el equipo introdujo hidróxido de sodio de alta pureza, el mismo compuesto que se usa habitualmente para ajustar el pH del agua potable, en las aguas superficiales de la zona. En total se liberaron unos 16.500 galones (65.000 litros) de la solución sobre un área de apenas un kilómetro cuadrado.

Cómo funciona esto de alcalinizar el océano

El océano ya absorbe de forma natural entre el 25% y el 30% de las emisiones de carbono generadas por la actividad humana cada año. Al añadir hidróxido de sodio, se modifica el equilibrio químico del agua, permitiendo que el carbono disuelto se convierta en bicarbonato, una forma estable que ya abunda de manera natural en el mar. Ese cambio permite que la superficie oceánica capte más dióxido de carbono de la atmósfera y ayuda a contrarrestar la acidificación que dificulta a corales y moluscos formar sus caparazones.

El colorante que lo hizo posible: rastrear cada gota de líquido

Para poder seguir el rastro exacto del químico, los científicos lo combinaron con 760 litros de un colorante fluorescente rojo conocido como Rhodamine Water Tracer, sin toxicidad para el ecosistema. Ese tinte permitió a un segundo barco, planeadores submarinos autónomos y satélites rastrear el movimiento del agua tratada dentro de una zona de monitoreo de unos 3.600 kilómetros cuadrados durante varios días, mientras sensores medían el pH, la temperatura y la salinidad en tiempo real.

Adam Subhas, químico marino de Woods Hole e investigador principal de LOC-NESS, señaló que estos primeros resultados demuestran que los despliegues de aumento de alcalinidad a pequeña escala pueden diseñarse, rastrearse y monitorearse con alta precisión.

Los resultados: ¿le hizo daño a la vida marina?

Los resultados preliminares, presentados en febrero de 2026 durante la Ocean Sciences Meeting en Glasgow, no encontraron diferencias significativas en bacterias, fitoplancton, clorofila, zooplancton, larvas de peces ni larvas de langosta dentro y fuera de la zona tratada. Rachel Davitt, investigadora de la Universidad de Rutgers que participó del monitoreo, remarcó que medir específicamente las larvas de peces y langosta era clave, dado que pescadores locales habían expresado su preocupación por un posible impacto en esas poblaciones.

A pesar del aspecto alarmante de la mancha rosa, las lecturas de pH regresaron a sus niveles normales dentro de los plazos esperados, lo que sugiere que este tipo de intervenciones puede controlarse con bastante precisión a esta escala reducida.

El problema de escalar esto a nivel planetario

El propio equipo de Woods Hole advierte que ningún efecto medible no es lo mismo que ausencia total de riesgo: el estudio no midió directamente el impacto sobre animales más grandes ni sobre niveles superiores de la cadena alimentaria, y los posibles efectos sobre la actividad pesquera todavía requieren de modelado adicional.

Escalar esta tecnología hasta niveles que realmente incidan en el calentamiento global implicaría cantidades masivas de material y una vigilancia constante para descartar efectos secundarios a largo plazo sobre las comunidades pesqueras. Según la propia institución, la remoción de carbono marino podría eventualmente complementar la acción climática, pero no puede reemplazar los recortes urgentes en las emisiones de combustibles fósiles.

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