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Ciencia

Todo el mundo mira a San Andrés, pero el terremoto más brutal de Norteamérica podría nacer bajo el océano. Cascadia puede hacer temblar 1.000 kilómetros de costa y lanzar un tsunami en apenas 15 minutos

En 1700, la zona de subducción de Cascadia se rompió a lo largo de la costa y envió un tsunami hasta Japón. Más de tres siglos después, las placas siguen bloqueadas y los científicos estudian un escenario capaz de combinar varios minutos de sacudidas, hundimiento costero y una evacuación contrarreloj.
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Cada vez que varios terremotos coinciden en los titulares, el “Big One” vuelve a aparecer como si fuese el nombre propio de un único desastre pendiente. En realidad, los sismólogos utilizan la expresión de una manera mucho más flexible: describe el próximo gran terremoto capaz de transformar una región.

Por eso, el Big One de Los Ángeles no sería el mismo que preocupa en San Francisco, Seattle o Vancouver. La diferencia no reside únicamente en la magnitud. También importan el tipo de movimiento, la profundidad, la duración, las ciudades expuestas y, sobre todo, si la ruptura puede levantar el fondo del mar.

Cascadia tiene algo que San Andrés no puede ofrecer: una ruptura de magnitud 9

Todo el mundo mira a San Andrés, pero el terremoto más brutal de Norteamérica podría nacer bajo el océano. Cascadia puede hacer temblar 1.000 kilómetros de costa y lanzar un tsunami en apenas 15 minutos
© Bidart Fan San Andreas fault research team, University of California Irvine / Arizona State University.

La zona de subducción de Cascadia recorre aproximadamente 1.000 kilómetros frente a las costas de Canadá y Estados Unidos. Allí, las placas oceánicas de Juan de Fuca y Gorda se introducen lentamente bajo la placa Norteamericana.

Una parte del contacto permanece bloqueada por la fricción. Las placas continúan moviéndose, pero la zona atascada acumula deformación hasta que termina deslizándose bruscamente. Si la ruptura se extendiese por todo el margen, podría producir un terremoto cercano a magnitud 9.

Eso ya ocurrió el 26 de enero de 1700. No existían sismógrafos en Norteamérica, pero los científicos reconstruyeron el evento mediante bosques costeros hundidos, depósitos marinos, relatos indígenas y registros japoneses de un misterioso tsunami que llegó sin que Japón hubiera sentido ningún terremoto cercano.

El Pacific Northwest Seismic Network calcula que Cascadia ha producido al menos 19 grandes terremotos durante los últimos 10.000 años. Un informe del USGS publicado en 2025 sitúa alrededor del 10% la probabilidad de una ruptura completa de magnitud 9 durante los próximos 50 años.

La sacudida podría prolongarse entre tres y cinco minutos. Después llegaría el segundo golpe: al elevarse o hundirse verticalmente el fondo marino, el océano también se desplazaría. En algunos puntos de Oregón, los modelos oficiales calculan que el tsunami podría alcanzar la costa en aproximadamente 15 minutos.

San Andrés no puede alcanzar magnitud 9, pero tampoco lo necesita

Todo el mundo mira a San Andrés, pero el terremoto más brutal de Norteamérica podría nacer bajo el océano. Cascadia puede hacer temblar 1.000 kilómetros de costa y lanzar un tsunami en apenas 15 minutos
© Bidart Fan San Andreas fault research team, University of California Irvine / Arizona State University.

San Andrés funciona de otra manera. Es una falla transformante: las placas del Pacífico y Norteamericana se deslizan horizontalmente una junto a otra. Su geometría no permite movilizar una superficie tan ancha y profunda como una zona de subducción.

El USGS estima que su límite físico se encuentra alrededor de magnitud 8,3. Eso no la vuelve inofensiva. Los terremotos de 1857 y 1906 alcanzaron aproximadamente magnitud 7,9, y el segundo destruyó buena parte de San Francisco.

Hayward representa otro tipo de amenaza. Su recorrido atraviesa directamente Fremont, Hayward, Oakland y Berkeley, junto a viviendas, carreteras, conducciones y redes de transporte. Su último gran terremoto, de magnitud aproximada 6,9, ocurrió en 1868.

La falla se mueve lentamente unos 4,6 milímetros al año, pero ese deslizamiento solo absorbe cerca de la mitad del movimiento tectónico esperado. El resto continúa acumulándose. El modelo del USGS para 2014-2043 calculó un 33% de probabilidad de una ruptura superficial importante en el sistema Hayward-Rodgers Creek.

Las fallas tienen memoria geológica, pero no funcionan como relojes

Todo el mundo mira a San Andrés, pero el terremoto más brutal de Norteamérica podría nacer bajo el océano. Cascadia puede hacer temblar 1.000 kilómetros de costa y lanzar un tsunami en apenas 15 minutos
© Bidart Fan San Andreas fault research team, University of California Irvine / Arizona State University.

Que hayan transcurrido varios siglos desde un terremoto no permite fijar una cuenta atrás. En Cascadia, los intervalos identificados oscilan aproximadamente entre 200 y 800 años. El promedio ronda los 500, pero ningún evento está obligado a respetarlo.

Tampoco una sucesión de terremotos en continentes diferentes anuncia una ruptura conjunta. Son sistemas tectónicos separados. Incluso dentro de una misma secuencia, el USGS calcula que la probabilidad media de que un terremoto sea seguido por otro mayor y cercano durante la semana siguiente ronda el 5%.

El Big One, por tanto, no es una predicción inmediata, sino un escenario para el que existe evidencia geológica suficiente. La ciencia todavía no puede decir qué día se romperá una falla. Sí puede señalar dónde puede ocurrir, cuánto podría durar la sacudida y qué costas tendrían apenas unos minutos para escapar del agua.

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