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Ciencia

Tras analizar 10.000 millones de desintegraciones en Pekín, los físicos encontraron un vacío donde debía haber una señal. Puede ser la mejor prueba de una partícula hecha únicamente de fuerza

La X(2370) ya tenía la masa, el espín y la paridad esperados para una bola de gluones. Ahora, una desintegración que se negó a producir podría arrinconar las explicaciones alternativas y cerrar una búsqueda de medio siglo.
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La prueba más importante no fue una señal espectacular elevándose sobre una gráfica. Fue precisamente lo contrario: una desintegración que los científicos buscaron y prácticamente no apareció.

La partícula X(2370) se produce en el acelerador BEPCII de Pekín y puede desintegrarse siguiendo diferentes caminos. Si fuera un mesón convencional compuesto por un quark y un antiquark, debería utilizar con cierta facilidad una ruta que contiene al mesón K*(892) y un kaón. Sin embargo, al examinar la enorme muestra acumulada por el detector BESIII, la señal apenas alcanzó 0,1 sigma: estadísticamente, era compatible con no existir.

Esa ausencia es exactamente lo que se esperaba de una bola de gluones pseudoescalar, una forma de materia predicha hace casi 50 años pero nunca identificada de manera inequívoca.

Una partícula que no debería preferir ningún tipo de materia

Tras analizar 10.000 millones de desintegraciones en Pekín, los físicos encontraron un vacío donde debía haber una señal. Puede ser la mejor prueba de una partícula hecha únicamente de fuerza
© Vienna University of Technology.

Los protones y neutrones están hechos de quarks unidos por gluones. Normalmente describimos estos gluones como el “pegamento” que transporta la interacción nuclear fuerte, pero la cromodinámica cuántica contiene una peculiaridad mucho más extraña: a diferencia de los fotones, los gluones también interactúan entre sí.

La teoría permite así que varios gluones queden ligados sin necesitar quarks permanentes en su interior. El resultado sería una glueball o bola de gluones, una partícula compuesta esencialmente por los propios mediadores de una fuerza.

Un objeto así tendría que comportarse como un estado singlete de sabor. Dicho de manera sencilla, no debería mostrar una preferencia fundamental por los distintos sabores de quarks ligeros que aparecen durante sus desintegraciones.

La supresión del canal K*(892)K es especialmente reveladora porque las leyes de simetría impiden que un estado pseudoescalar singlete de sabor se desintegre fácilmente por esa ruta. BESIII estableció que su contribución representa menos del 8,1% del canal estudiado, con un 90% de confianza. El resultado convierte a la X(2370) en el primer hadrón ligero singlete de sabor observado por encima de 1 GeV, según el nuevo análisis de la colaboración.

Trece años reuniendo piezas alrededor de la misma partícula

Tras analizar 10.000 millones de desintegraciones en Pekín, los físicos encontraron un vacío donde debía haber una señal. Puede ser la mejor prueba de una partícula hecha únicamente de fuerza
© BESⅢ.

La X(2370) apareció por primera vez en 2011 durante el estudio de desintegraciones radiativas del mesón J/ψ. Ese entorno es particularmente útil: cuando el quark encanto y su antiquark se aniquilan, producen una región rica en gluones en la que una bola de gluones debería formarse con relativa facilidad.

La masa observada, alrededor de 2,37 GeV, cayó dentro del rango de entre 2,3 y 2,7 GeV calculado mediante cromodinámica cuántica en redes para la bola de gluones pseudoescalar más ligera.

En 2024 llegó otra pieza decisiva. Utilizando una muestra de 10.000 millones de eventos J/ψ, BESIII determinó que la X(2370) posee espín cero, paridad negativa y paridad de carga positiva: exactamente los números cuánticos JPC=0−+ previstos para esa clase de bola de gluones. El resultado superó los 9,8 sigma de significación estadística y fue publicado en Physical Review Letters.

Desde entonces también se han identificado nuevas desintegraciones, una tasa elevada de producción en procesos ricos en gluones y una sorprendente similitud con ciertos patrones de la partícula ηc. Al mismo tiempo, otros canales que delatarían una composición convencional de quarks aparecen fuertemente reprimidos.

La mejor candidata no significa todavía una bola de gluones completamente pura

La conclusión presentada por BESIII es más precisa que una confirmación absoluta: una componente de bola de gluones debe dominar la estructura de la X(2370). La partícula todavía podría contener pequeñas mezclas de quarks y antiquarks, algo difícil de evitar porque los estados con propiedades cuánticas similares pueden combinarse.

Aun así, las alternativas se están quedando sin espacio. Interpretarla como un mesón convencional, un tetraquark o un estado formado por un barión y un antibarión obliga a explicar simultáneamente su masa, sus números cuánticos, su elevada producción, sus estrechas desintegraciones y su condición de singlete de sabor.

Todavía será necesario estudiar canales como ωω, ϕϕ y ωϕ y medir con mayor precisión sus probabilidades de desintegración. Pero el trabajo presentado en la conferencia ICHEP 2026 deja una consecuencia enorme: la cromodinámica cuántica podría haber encontrado por fin la forma de materia que predijo hace medio siglo, una partícula en la que el mensajero de la fuerza termina uniéndose consigo mismo.

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