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Tres reyes que nadie conocía salen a la luz tras reinterpretar una tablilla de 2.700 años vinculada con la antigua Asiria

Una nueva investigación sobre documentos cuneiformes conservados durante siglos ha identificado a tres gobernantes que no aparecían en las listas tradicionales de reyes asirios. Sus breves reinados parecen estar relacionados con una época marcada por rebeliones, epidemias y disputas por el poder que posteriormente pudieron ser eliminadas de los registros oficiales.
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Durante siglos, una serie de antiguas inscripciones permitió reconstruir buena parte de la sucesión de los monarcas asirios. Sin embargo, una nueva interpretación de documentos conservados en museos ha puesto en duda esa versión aparentemente completa. Lo que comenzó como una anomalía cronológica terminó revelando una etapa de inestabilidad política que podría cambiar la manera en que los investigadores entienden el nacimiento de uno de los grandes imperios de la Antigüedad.

Una lista que parecía contar toda la historia

La civilización asiria tuvo su origen en la antigua ciudad-estado de Asur, situada en el actual Irak, y desarrolló una de las estructuras políticas y militares más poderosas del mundo antiguo. Su historia se extiende aproximadamente desde el 2025 a. C. hasta el 609 a. C., pero buena parte de lo que se conoce sobre sus gobernantes procede de documentos elaborados por los propios asirios.

Entre las principales fuentes se encuentra la Lista de Reyes Asirios, conocida como RRL, un conjunto de tablillas de arcilla escritas en cuneiforme que recoge los nombres de diferentes monarcas. Durante mucho tiempo, los investigadores consideraron que este registro permitía reconstruir con bastante seguridad la sucesión de los gobernantes, al menos durante las etapas más recientes de la historia asiria.

Ahora, esa seguridad ha comenzado a tambalearse.

Un estudio publicado en julio en el Journal of Cuneiform Studies, realizado por Alexander Johannes Edmonds, de la Universidad de Münster, y Eckart Frahm, de la Universidad de Yale, propone que la documentación tradicional dejó fuera a tres personajes que llegaron a ocupar el trono.
Para los investigadores, el descubrimiento resulta especialmente llamativo porque nadie esperaba encontrar nuevos gobernantes en una época que parecía estar suficientemente documentada.

Una fecha imposible escondida en una inscripción

La pista decisiva surgió a partir de una tablilla deteriorada que se encuentra en el Museo Británico. El documento registra una concesión de tierras realizada por un monarca asirio y, siguiendo una práctica habitual, identifica el año mediante el nombre del funcionario epónimo correspondiente.

El documento estaba fechado en el 762 a. C., pero su contenido presentaba un problema aparentemente imposible de resolver.

Las investigaciones anteriores habían atribuido la concesión al rey Adad-nerari III, cuyo reinado terminó décadas antes, entre 810 y 783 a. C. Al mismo tiempo, la inscripción hacía referencia a un gobernante llamado Tiglat-Pileser, que durante años fue identificado con Tiglat-Pileser III, quien reinó entre 745 y 727 a. C.

Ninguno de los dos encajaba con la fecha de la tablilla.

La contradicción permaneció durante años hasta que Frahm volvió a examinar el primer verso de la inscripción. La nueva lectura mostró que el nombre del monarca no coincidía exactamente con la forma utilizada para identificar a Adad-nerari III en otros documentos.

Esto abrió una posibilidad mucho más sorprendente: el texto podía estar mencionando a un gobernante diferente.

Un nombre conocido detrás de un rey desconocido

Según la nueva interpretación, el Tiglat-Pileser mencionado en la tablilla no sería el célebre Tiglat-Pileser III, sino otro príncipe asirio que habría utilizado el mismo nombre real. De esta manera, la inscripción podría estar registrando la existencia de un monarca que no aparece en las listas tradicionales.

La hipótesis adquiere mayor fuerza al compararla con otra fuente antigua: la Crónica Epónima Asiria. Este documento describe una rebelión ocurrida en Asur durante los años 763 y 762 a. C., precisamente el período al que pertenece la controvertida tablilla.

La situación política de aquellos años tampoco parece haber sido tranquila. Un eclipse solar registrado a comienzos del 763 a. C. pudo ser interpretado como una señal de que el monarca estaba destinado a caer. Además, la crónica menciona una epidemia ocurrida en el 765 a. C., un acontecimiento que pudo contribuir a profundizar la crisis.

En este contexto, la aparición de un gobernante desconocido dejaría de parecer una simple anomalía documental y podría reflejar una auténtica lucha por el poder.

Dos nombres más salen de las sombras

La investigación no terminó con ese primer descubrimiento. Los especialistas localizaron evidencias que apuntan también a otros dos monarcas que habían desaparecido de la reconstrucción tradicional.

Uno de ellos sería un nuevo Salmanasar, cuyo reinado habría transcurrido aproximadamente entre el 747 y el 745 a. C., durante un período especialmente convulso para Asiria.

El segundo sería un Aššur-uballiṭ, situado aproximadamente entre el 913 y el 912 a. C. Su nombre aparece en un documento relacionado con la restauración de un recipiente ritual de plata dedicado al dios Asur, una figura central dentro de la religión y la identidad política del reino.

Los tres gobernantes comparten una característica significativa: sus reinados habrían sido extremadamente breves, de menos de dos años.

¿Por qué desaparecieron de los registros?

La explicación propuesta por los investigadores es todavía más intrigante que el descubrimiento de los propios monarcas. Los nombres podrían haber sido eliminados deliberadamente de los registros oficiales por los gobernantes que los sucedieron.

En la antigua Asiria, la legitimidad del poder tenía una enorme importancia. Reconocer que un monarca había llegado al trono durante una rebelión, una crisis o una disputa sucesoria podía resultar incómodo para quien posteriormente necesitaba presentar su propia llegada al poder como legítima y ordenada.

El caso de Aššur-uballiṭ podría ser especialmente revelador. Aunque posiblemente fuera el heredero legítimo de su padre, habría sido desplazado por otro príncipe. Para su sucesor, reconocer aquella situación podía significar admitir que el acceso al trono había ocurrido bajo circunstancias poco claras.

Así, los documentos oficiales podrían haber construido una versión mucho más limpia de la historia.

Una nueva mirada al nacimiento del imperio

El descubrimiento también afecta a una interpretación mucho más amplia: la manera en que Asiria llegó a convertirse en una potencia imperial.
Tradicionalmente, el ascenso del Imperio neoasirio se ha presentado como un proceso prolongado y prácticamente imparable, que comenzó hacia finales del siglo X a. C. y culminó con las grandes conquistas de monarcas posteriores. La sucesión del poder parecía relativamente estable, con numerosos traspasos de padre a hijo y solo algunos episodios de dificultad.

Los nuevos datos dibujan una imagen diferente.

Detrás de esa aparente continuidad pudieron existir rebeliones, epidemias, disputas dinásticas y breves reinados que posteriormente fueron borrados de la memoria oficial. Lejos de tratarse de una expansión completamente lineal, la formación del imperio pudo estar marcada por períodos de profunda incertidumbre.

Las tablillas cuneiformes, una vez reinterpretadas, están demostrando que incluso una historia que parecía perfectamente conocida todavía puede esconder capítulos enteros. Y, en este caso, tres nombres olvidados durante miles de años podrían ser la clave para comprender que el camino hacia el poder de Asiria fue mucho más turbulento de lo que se había pensado.

 

[Fuente: La Nación]

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