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El insólito búnker canadiense que ahora ofrece departamentos de lujo, seguridad extrema y tecnología para enfrentar cualquier crisis

Un antiguo refugio militar construido durante la Guerra Fría está a punto de transformarse en un exclusivo complejo residencial pensado para quienes buscan protección frente a crisis extremas. Con tecnología avanzada, servicios premium y una historia marcada por la amenaza nuclear, el proyecto ya despierta interés y también algunas dudas.
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Durante décadas, este enorme complejo subterráneo permaneció como un silencioso vestigio de una época en la que una guerra nuclear parecía una posibilidad real. Ahora, sus gruesos muros vuelven a llamar la atención, pero por un motivo completamente diferente. Un empresario canadiense quiere convertir el antiguo refugio en un exclusivo espacio residencial equipado para afrontar situaciones de emergencia sin renunciar a las comodidades de un hotel de lujo.

De instalación militar a refugio exclusivo

El proyecto se encuentra en Debert, Nueva Escocia, a unos 113 kilómetros al norte de Halifax. El lugar formó parte de una antigua base militar en la que miles de soldados recibieron entrenamiento durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy, el paisaje combina construcciones antiguas, estacionamientos prácticamente vacíos y bosques de coníferas.

En medio de este escenario se encuentra una estructura de unos 6.000 metros cuadrados con un pasado mucho más inquietante. Se trata del conocido Diefenbunker, construido durante la Guerra Fría para proteger a funcionarios gubernamentales frente a un posible ataque nuclear.

Jonathan Baha’i, empresario canadiense relacionado con el sector de las criptomonedas, adquirió el terreno en 2013 por 31.300 dólares canadienses. Su idea original estaba muy lejos del actual concepto: contemplaba actividades como partidas de laser tag, recorridos históricos y un pequeño centro de datos.

Sin embargo, el contexto internacional de los últimos años modificó sus planes. Según los responsables del proyecto, el aumento de la incertidumbre hizo crecer el interés por contar con espacios capaces de ofrecer protección y autonomía ante diferentes tipos de emergencias.

Un hotel bajo tierra con comodidades de lujo

La nueva propuesta contempla alrededor de 50 unidades residenciales. El objetivo es combinar la seguridad de una instalación militar con servicios propios de un alojamiento de alta gama.

Los futuros residentes tendrán acceso a vigilancia permanente, sistemas biométricos y atención médica dentro del complejo. También se proyectan espacios destinados al bienestar, como un spa, una sala de yoga y un salón para fumadores.

La alimentación ocupará además un lugar importante. Parte de las instalaciones situadas en superficie se utilizarán para producir alimentos, mientras que la gastronomía del complejo estará orientada a ofrecer un servicio de alto nivel.

La iluminación interior también será particular. Se instalarán sistemas OLED diseñados para reproducir una sensación similar a la luz natural, un detalle especialmente relevante en un espacio construido bajo tierra.

El proyecto ya habría conseguido vender 11 unidades, aunque tanto los precios de compra como las tarifas de alquiler se mantienen en reserva. Cuando los propietarios no utilicen sus departamentos, estos podrían incorporarse al sistema de alojamiento turístico y generar ingresos.

Una fortaleza diseñada para una amenaza nuclear

La historia del lugar explica buena parte de sus características actuales. Durante las décadas de 1950 y 1960, el Gobierno canadiense ordenó construir siete instalaciones destinadas a proteger a un grupo reducido de funcionarios en caso de una guerra nuclear.

El refugio de Debert fue diseñado para soportar los efectos de una explosión cercana y mantener con vida a unas 329 personas durante al menos 30 días. Sin embargo, los rápidos avances tecnológicos hicieron que este tipo de instalaciones quedara parcialmente obsoleto incluso antes de que pudiera cumplir el propósito para el que había sido construido.

El desarrollo de misiles de largo alcance y el aumento de la potencia de las armas nucleares modificaron por completo las estrategias de defensa. Con el paso de los años, el refugio dejó de tener una función militar y terminó convertido en un centro provincial de emergencias.

Finalmente, fue cerrado en 1996 como parte de una política de reducción de gastos.

La idea de estar preparados para cualquier crisis

Baha’i evita definir el complejo exclusivamente como un “búnker para el fin del mundo”. Para él, la utilidad del refugio está relacionada con una preparación más práctica frente a situaciones extremas.

Un ejemplo ocurrió en 2022, cuando el huracán Fiona golpeó Nueva Escocia. En aquella ocasión, el propietario permitió que trabajadores y sus familias utilizaran las instalaciones.

La independencia respecto de la red eléctrica constituye uno de los principales atractivos del lugar. La combinación de electricidad, alimentos, protección y espacios habitables podría convertirlo en un punto de seguridad ante tormentas severas u otras emergencias.

El proyecto también pretende tener un impacto económico en Debert. La ampliación del centro de datos hasta unos 1.400 metros cuadrados requerirá personal especializado, mientras que el funcionamiento del alojamiento podría generar más de 40 puestos de trabajo.

El renacimiento de los búnkeres

El caso de Debert no es aislado. En distintos países, antiguas instalaciones militares están encontrando nuevos usos mientras crece el interés por la preparación frente a catástrofes.

En Canadá existen otros refugios construidos durante la Guerra Fría que tuvieron destinos muy diferentes. Algunos permanecen cerrados, otros fueron enterrados o inundados deliberadamente y varios terminaron desapareciendo.

En Estados Unidos también se ha desarrollado una industria relacionada con las viviendas preparadas para emergencias. Algunos proyectos ofrecen residencias equipadas con refugios privados, mientras que antiguas instalaciones militares y silos de misiles fueron reconvertidos en comunidades residenciales destinadas a personas interesadas en contar con protección adicional.

El fenómeno refleja una transformación curiosa: estructuras creadas para escenarios de guerra ahora se comercializan como espacios exclusivos para quienes buscan seguridad, privacidad y autonomía.

Una transformación que no convence a todos

La iniciativa también ha generado dudas entre algunos habitantes de Debert. Una de las principales preocupaciones está relacionada con la pérdida del acceso público a un lugar considerado parte de la historia local.

Annette Sharpe, secretaria del museo militar de la zona, lamenta especialmente que los visitantes ya no puedan acercarse al refugio como antes. Para quienes trabajan en la conservación histórica, la transformación de una instalación militar en una propiedad privada supone perder una oportunidad de mostrar directamente una parte importante del pasado.

También existe preocupación por el precio. Algunos representantes locales consideran que las tarifas previstas para el alojamiento de lujo podrían quedar fuera del alcance de buena parte de los habitantes de la zona.

Aun así, las autoridades municipales ven posibles beneficios económicos. La alcaldesa Christine Blair considera que contar con una instalación de estas características puede convertirse en un elemento diferencial para Debert y atraer visitantes, trabajadores y nuevas actividades comerciales.

Mientras tanto, algunos comerciantes locales esperan que el proyecto genere movimiento en una zona que ha experimentado un importante descenso demográfico desde el cierre de la antigua base militar.

La transformación está prevista para completarse próximamente y podría convertir a este antiguo escenario de la Guerra Fría en algo completamente inesperado: un refugio exclusivo donde el pasado militar se mezcla con el lujo, la tecnología y una creciente obsesión por estar preparados para lo que pueda ocurrir.

 

[Fuente: La Nación]

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