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Foto: Pixabay (Pexels)

Las personas que sufren alergia a los gatos a menudo citan el pelo del animal como la fuente de sus problemas, pero no es cierto. Lo que hace que estornudes, llores y se te congestione la nariz no es el pelo en sí, sino una proteína que los gatos segregan con todo su organismo... y es posible que sea un arma.

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Pero comencemos por el principio. La proteína que te hace la vida imposible no está exactamente en el pelo del gato, sino en lo que se conoce como “caspa de gato”, literalmente las escamitas de piel muerta que tiene su pelaje.

Lamentablemente, cepillarle el pelo a menudo puede que reduzca el problema un poco, pero no sirve para eliminarlo porque la misma sustancia que sobreexcita tu sistema inmune también está presente en la saliva o la orina del animal. Como apuntan en la página de la Asociación de Asma y Alergias de Estados Unidos, los gatos hipoalergénicos no existen. No es que tengas alergia al pelo de gato. Tienes alergia a todo el gato.

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Por definición, una alergia es el cuadro de síntomas que aparece cuando el sistema inmunitario de una persona reacciona de manera errónea a una sustancia que debería ser inocua. La cuestión es que un nuevo estudio acaba de arrojar serias sombras de duda sobre este último punto. ¿Y si la sustancia que generan los gatos no es inocua, sino una toxina que forma parte del arsenal defensivo del animal?

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La hipótesis la ha planteado el biólogo Brian Fry, de la Universidad de Queensland, en Australia. Fry y su equipo no estaban estudiando a los gatos, sino a los Loris Perezosos de Indonesia. Los Loris (Nycticebus sp) son una familia de pequeños primates perteneciente al suborden de los lemures y poseedores de una rara cualidad entre mamíferos. Son venenosos.

No te dejes engañar por su adorable aspecto.
No te dejes engañar por su adorable aspecto.
Foto: David Haring / Duke Lemur Center (CC BY-SA 3.0)
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Cuando se sienten amenazados, los Loris elevan los brazos y se lamen las axilas. La escena no parece muy intimidatoria, pero debería ser más que de sobra para preocupar al depredador. En las axilas, los loris tienen unas glándulas que segregan una sustancia tóxica que convierte su saliva en venenosa. No es una toxina especialmente potente, pero hace que las heridas no se cierren y puedan infectarse. En humanos, el mordisco del Lori provoca síntomas alérgicos graves que pueden desembocar en un choque anafiláctico.

El veneno del Lori tiene más de 200 compuestos aromáticos y muchos de ellos aún no se habían aislado. Fry y su equipo se centraron en secuenciar las proteínas causantes de la alergia en seres humanos. Cuando lo lograron surgió la sorpresa. Es virtualmente la misma sustancia que segregan los gatos y provoca alergia a tantas personas.

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Se sabe que los Loris suelen lamer a sus crías para cubrir su pelaje de veneno y así protegerlas de posibles depredadores. Los gatos se pasan la vida cubriéndose de la misma sustancia. Obviamente, esto no es algo que el gato haga a propósito para hacernos la vida imposible, pero de confirmarse serviría para explicar un dato que siempre ha resultado extraño a los alergólogos: por qué la alergia a los gatos está tan extendida. Al final puede que no sea una alergia, sino un mecanismo de defensa que nos había pasado desapercibido hasta ahora.

Fry y su equipo se concentran ahora en estudiar los mecanismos que usa esa sustancia para dificultar la curación y provocar reacciones alérgicas. La investigación podría servir para encontrar tratamientos mucho más eficaces para la alergia a nuestras mascotas. Después de todo, si resulta que los gatos son venenosos es porque tienen veneno, y todo veneno tiene su antídoto. [Toxins vía Science Alert]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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