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Ciencia

Un agujero negro no solo devora todo lo que se acerca. También puede obligar al propio espacio-tiempo a girar y convertir su rotación en una fuente de energía

No es el horizonte de sucesos ni una región de la que resulte imposible escapar. Es una envoltura deformada donde cualquier objeto debe girar con el agujero negro y las reglas habituales sobre el movimiento, el tiempo y la energía comienzan a comportarse de una manera extraordinaria.
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Un astronauta podría entrar en la ergoesfera de un agujero negro y, al menos en teoría, volver a salir. Lo que no podría hacer sería detenerse. Aunque dispusiera de los motores más potentes imaginables, el propio espacio-tiempo lo obligaría a desplazarse en la misma dirección que la rotación del objeto.

No es porque exista una superficie material que lo empuje. Un agujero negro giratorio deforma de tal manera su entorno que arrastra consigo los sistemas de referencia. Cuanto más cerca se encuentra algo, más difícil resulta resistirse a ese movimiento hasta que, dentro de la ergoesfera, permanecer inmóvil respecto al universo distante deja de ser una posibilidad física.

Esta extraña región surge de la métrica presentada por Roy Kerr en 1963, una solución exacta de las ecuaciones de la relatividad general de Einstein para describir el espacio-tiempo alrededor de una masa en rotación. No fue Einstein quien predijo específicamente la ergoesfera: su teoría proporcionó las ecuaciones y Kerr descubrió la geometría que aparece cuando el agujero negro también gira.

Un agujero negro que gira también arrastra el universo que lo rodea

La primera solución para un agujero negro había sido obtenida por Karl Schwarzschild en 1916. Describía un objeto perfectamente esférico, inmóvil y sin carga eléctrica. Era una simplificación extraordinariamente útil, pero difícilmente podía representar todos los agujeros negros reales: las estrellas giran y, cuando colapsan, conservan parte de ese momento angular.

La solución de Kerr añadió esa rotación. Su consecuencia más desconcertante es el llamado arrastre de referencia: cerca del agujero negro, el espacio-tiempo queda retorcido en la dirección del giro. Las observaciones realizadas desde lejos pueden describir este efecto como si todo estuviera siendo arrastrado alrededor del objeto, aunque localmente ninguna partícula supera la velocidad de la luz.

La ergoesfera aparece entre el horizonte de sucesos y una frontera exterior llamada límite estático. No forma una esfera perfecta: toca el horizonte en los polos y se ensancha alrededor del ecuador, adoptando una apariencia achatada. Cuanto más rápido gira el agujero negro, mayor puede ser la separación entre ambas superficies en la región ecuatorial.

Su nombre procede del griego ergon, “trabajo”, y fue popularizado por Remo Ruffini y John Archibald Wheeler en 1971. La elección no fue ornamental. Dentro de esa zona existe una posibilidad que parecía contradecir la imagen tradicional de los agujeros negros como devoradores absolutos: aprovechar su rotación para obtener energía.

Entrar no significa caer: todavía existe una ruta de escape

Un agujero negro no solo devora todo lo que se acerca. También puede obligar al propio espacio-tiempo a girar y convertir su rotación en una fuente de energía
© I. DE LA CALLE / QUASAR SCIENCE RESOURCES FOR ESA.

La ergoesfera suele confundirse con el horizonte de sucesos, pero las dos regiones no significan lo mismo. El horizonte es la frontera de no retorno: una vez atravesado hacia el interior, ninguna trayectoria futura puede regresar al universo exterior. En la ergoesfera, en cambio, escapar todavía resulta posible.

Lo imposible es quedarse quieto. Cualquier partícula, nave o rayo de luz debe adquirir movimiento en la dirección de rotación del agujero negro. Incluso alguien que intentara desplazarse en sentido contrario seguiría siendo arrastrado respecto a un observador distante.

Esta condición modifica además la forma en que se define la energía. Dentro de la ergoesfera pueden existir trayectorias cuya energía, medida desde muy lejos, sea negativa. La partícula no posee una cantidad local “menor que cero” de una manera cotidiana; se trata de una consecuencia de cómo la geometría de Kerr relaciona el tiempo, el movimiento y la rotación.

Ese detalle abrió la puerta a una de las ideas más elegantes de la física relativista. En 1969, Roger Penrose propuso que una partícula podía entrar en la ergoesfera y dividirse. Si uno de los fragmentos adquiría energía negativa y caía a través del horizonte, el otro podría escapar con más energía de la que tenía la partícula original.

La energía que escapa no aparece de la nada: se la roba al giro del agujero negro

El llamado proceso de Penrose no viola la conservación de la energía. El fragmento que cae reduce ligeramente la energía rotacional del agujero negro, mientras el que escapa se lleva la diferencia. Después del intercambio, el objeto continúa existiendo, pero gira un poco más despacio.

Realizar la versión clásica con partículas que se dividen exigiría unas condiciones extremadamente precisas. Sin embargo, el principio de extraer energía del giro se convirtió en la base de mecanismos más realistas. En 1977, Roger Blandford y Roman Znajek demostraron que los campos magnéticos conectados con el plasma de un disco de acreción podían canalizar esa energía hacia el exterior mediante corrientes electromagnéticas.

El mecanismo de Blandford-Znajek es actualmente uno de los principales candidatos para explicar cómo algunos agujeros negros alimentan chorros relativistas que se extienden miles o incluso millones de años luz. No significa que cada jet dependa únicamente del agujero negro: la geometría del campo magnético, el disco de acreción y la cantidad de materia disponible también resultan decisivos.

La ergoesfera convierte así al agujero negro en algo más complejo que una trampa cósmica. Es una región de la que todavía puede salirse, donde la inmovilidad desaparece y una parte de la energía del objeto puede regresar al universo.

Einstein proporcionó las reglas, Kerr encontró la solución y Penrose descubrió el truco. El resultado es un lugar donde el espacio-tiempo no funciona como un escenario inmóvil: gira, arrastra y puede entregar parte de la energía del monstruo que lo deforma.

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