En toda la Tierra, todas las noches, hay miles de observatorios automatizados que esperan tomar fotografías de estrellas fugaces. Soy uno de esos científicos que estudian a estos meteoritos.
La mayoría de las películas y noticias se centran en los asteroides grandes que podrían destruir a la Tierra. Tu teléfono te notifica cada tantos meses que un objeto grande como nueve lavadoras de ropa está a punto de pasar muy cerca de nuestro planeta. Pero el polvo y las rocas pequeñas que ingresan a diario a nuestra atmósfera también forman parte de una historia igual de interesante.
Con mis colegas en ciencias planetarias utilizamos cámaras para observar el cielo nocturno y eso nos permite entender mejor el polvo, los asteroides del tamaño de un coche, y los residuos que dejan los cometas en nuestro sistema solar.
En un estudio publicado en marzo de 2026 busqué entre millones de observaciones de meteoros que captaron las redes de cámaras que abarcan todo el cielo desde Canadá, Japón, California y Europa. Allí, encontré un clúster pequeño de reciente formación. Los 282 meteoros relacionados con este clúster cuentan la historia de un asteroide que se acercó demasiado al Sol.
Formación de meteoros
Cuando una roca espacial que, en el vasto universo, sería como del tamaño de un grano de arena ingresa a nuestra atmósfera, esa roca se calienta casi al instante y se vaporiza su capa superficial, convirtiéndola en gas con carga eléctrica. Todo el fragmento empieza a brillar. Es lo que llamamos meteoro. Si el objeto es de mayor tamaño, como una roca, y más brillante, lo llamamos bólido o bola de fuego. En promedio estos objetos ingresan a nuestra atmósfera a una velocidad de más de 24 kilómetros por segundo. En el caso de objetos pequeños como polvo o arenilla, todo el proceso dura tan solo una fracción de segundo, y desaparecen por completo.
La mayoría de estos fragmentos pequeños en el sistema solar se originaron en cometas, que son objetos fríos, helados, de los confines del sistema solar. Cuando los cometas pasan junto al sol, sus componentes helados se convierten en gas y liberan toneladas de polvo. Por eso a los cometas se les llama “bolas de nieve sucias”, y en las imágenes de telescopio se ven borrosos.
Por otra parte, los asteroides son sobras del sistema solar primitivo, que se formaron más cerca del Sol. Son áridos y rocosos y no tienen los mismos hielos que les dan su característica cola a los cometas.
¿Qué significa que esté activo?
Los astrónomos dicen que un asteroide o cometa está “activo” cuando despide polvo, gas, o fragmentos más grandes. La actividad tiene su causa en alguna fuerza externa ejercida en el espacio sobre el objeto, como el calor del sol, un pequeño impacto, o el giro demasiado veloz de un asteroide que empieza a despedir material.
Entender e identificar la actividad ayuda a los científicos a comprender mejor cómo van cambiando con el tiempo estos objetos. En el caso de los cometas la sublimación de los hielos es la principal causa — cuando el hielo sólido se convierte directamente en gas sin pasar por la fase líquida. Pero en el caso de los asteroides la razón de su actividad puede variar mucho.
Por ejemplo, la misión OSIRIS-REx de la NASA, que se lanzó al espacio para estudiar un asteroide llamado Bennu, vio actividad en su superficie, y las principales explicaciones eran el estrés por calor y los impactos menores. Otras causas de la actividad de los asteroides incluyen el rompimiento si giran demasiado rápido, las fuerzas de mareas que rompen los asteroides durante encuentros cercanos con algún planeta, o la liberación de gases.
Los investigadores suelen buscar actividad utilizando telescopios. Los astrónomos pueden buscar una “cola” o algo así como efervescencia en torno al objeto. La cola es una clara señal de que hay gas y polvo alrededor del cuerpo. Pero hay otra forma de buscar lluvias de meteoros activas.
Encontrando asteroides ocultos por medio de las lluvias de meteoros
El asteroide activo más famoso es el 3200 Phaethon. Es el cuerpo que origina la lluvia de meteoros de las gemínidas, que ocurre cada año a mediados de diciembre. En anteriores acercamientos al sol, Phaethon liberó enormes cantidades de polvo y fragmentos grandes. Estos pedazos de Phaeton se han diseminado a lo largo de su órbita con el tiempo, y eso da lugar a la corriente de meteoros de las Gemínidas.
Cada lluvia de meteoros que observamos ocurre cuando la Tierra pasa por una de esas corrientes de residuos. De modo que si los astrónomos pueden detectar la lluvia de meteoros, pueden también usarse para hallar objetos activos en el espacio.
Al principio los residuos que expulsa un asteroide o cometa viajarán cerca del objeto que los originó. Si echas una gota de colorante de alimentos en una corriente de agua en movimiento, verás que al principio el colorante forma una nube concentrada y apretada, pero a medida que el agua fluye, atrae al colorante y hace que se esparza y diluya.
En el espacio los tirones gravitacionales de los planetas que pasan son como esas corrientes. Tironean de los fragmentos de meteorito en direcciones un poco diferentes y hacen que lo que era una corriente apretada empiece a esparcirse hasta que se diluya por completo en el polvo de nuestro sistema solar.
El descubrimiento de un cometa-roca
En un estudio publicado en marzo de 2026 en el Astrophysical Journal utilicé millones de observaciones de meteoros buscando actividad reciente y desconocida de asteroides cercanos a la Tierra. Encontré un clúster de 282 meteoros que se destacaba con claridad.
Lo que hace que este descubrimiento sea tan interesante es que esencialmente estamos siendo testigos de un asteroide oculto que se cocina y va desintegrándose. Esta corriente de meteoros confirmada ahora sigue una órbita extrema que se acerca al sol casi cinco veces más que la Tierra.
Sobre la base de cómo se rompen estos meteoros al ingresar a nuestra atmósfera, podemos decir que son moderadamente frágiles, pero más resistentes que el material que proviene de cometas. Eso nos dice que el intenso calor del sol literalmente está agrietando la superficie del asteroide, y al cocinarlo hace que escapen los gases que están atrapados en su interior, haciendo que se rompa en migajas. Es probablemente ese el origen de la actividad pasada de Phaethon y la principal razón por la que son tan diversos los meteoritos que llegan a la Tierra.
Buscar el origen
¿Por qué importa un asteroide oculto que se está rompiendo en pedazos? Las observaciones de los meteoros actúan como una sonda muy sensible que nos permite estudiar objetos completamente invisibles para los telescopios tradicionales.
Más allá de resolver misterios astronómicos, el análisis de estos residuos nos ayuda a entender la evolución física de los asteroides y cometas en nuestro sistema solar. Lo más importante es que también revela poblaciones ocultas de asteroides cercanos a la Tierra, y eso es información vital para la defensa planetaria.
La nueva lluvia de meteoros tiene un origen elusivo hasta ahora. Pero la misión NEO Surveyor de la NASA que se lanzará en 2027 ofrece una solución prometedora. Es un telescopio espacial dedicado a la defensa planetaria y al descubrimiento de asteroides oscuros, riesgosos, que se acercan al sol. Será la herramienta ideal para buscar el origen de esta lluvia de meteoros.
Patrick M. Shober, miembro del Postdoctorado en Ciencias Planetarias, NASA. Este artículo se ha reproducido a partir de The Conversation bajo licencia Creative Commons. El artículo original se puede leer aquí.