Hubo un pulpo que se hizo famoso por escapar. Se llamaba Inky y, en 2016, desapareció del Acuario Nacional de Nueva Zelanda tras colarse por un hueco, alcanzar un desagüe y deslizarse por una tubería hasta el océano. La historia parecía una travesura imposible. Hoy, sin embargo, suena casi como una advertencia: quizá subestimamos demasiado pronto a estos animales.
Un nuevo estudio de la Universidad de Dartmouth acaba de sumar otra pieza a ese rompecabezas. Los pulpos no solo resuelven problemas, exploran, recuerdan y manipulan objetos. También pueden usar un espejo para localizar comida que no está directamente frente a ellos. Es decir: el estudio publicado en Current Biology que pueden convertir un reflejo en información útil para moverse por el espacio.
Un espejo, un cangrejo y una pregunta incómoda

La prueba parece sencilla, pero no lo es. Los investigadores trabajaron con tres ejemplares de Octopus bimaculoides, también conocido como pulpo de dos manchas de California. Primero los acostumbraron al espejo. Después colocaron un cangrejo dentro de una jarra, fuera del alcance directo, pero visible a través del reflejo. Para llegar hasta él, los pulpos tenían que entender que la imagen no era el objeto real, sino una pista sobre dónde estaba.
Al principio hubo dudas, tanteos y errores. Nada demasiado distinto a lo que nos pasaría a nosotros si nadie nos hubiera explicado jamás cómo funciona un espejo. Pero tras varios intentos, los animales empezaron a moverse hacia el lugar correcto. No iban contra el cristal. Rodeaban el obstáculo.
El detalle importante es que los pulpos tienen receptores químicos en sus brazos. Pueden “oler” o “saborear” el mundo tocándolo. Así que el equipo necesitaba descartar una trampa sensorial: que el animal no estuviera siguiendo rastros químicos del cangrejo, sino usando realmente la vista.
Entonces apareció el cangrejo virtual

Para aislar la pista visual, los investigadores sustituyeron la presa real por una imagen proyectada. El pulpo veía en el espejo un cangrejo virtual situado detrás de él, a la derecha o a la izquierda. Si interpretaba bien el reflejo y se dirigía al punto correcto, recibía un cangrejo real como recompensa.
El resultado fue llamativo: los pulpos eligieron el lado correcto aproximadamente el 73% de las veces. Y lo más interesante no fue solo que acertaran, sino cómo lo hicieron. En algunos casos, explica NeuroScience, no siguieron el camino más obvio, sino que treparon por la caja para caer sobre la zona donde debía estar la presa. Eso sugiere algo más que simple repetición: estaban integrando el reflejo con la geometría del entorno.
La autora principal, Mary Kieseler, explicó que es la primera demostración de que un invertebrado puede usar un espejo para comprender su entorno y encontrar una presa. Hasta ahora, este tipo de habilidad se había documentado sobre todo en vertebrados especialmente inteligentes, como algunos mamíferos y aves.
La inteligencia encontró otro camino evolutivo
Lo fascinante es que los pulpos están lejísimos de nosotros en el árbol de la vida. Nuestro último antepasado común no era un primate torpe ni un pequeño mamífero nocturno, sino un organismo parecido a un gusano que vivió hace cientos de millones de años. Aun así, ellos llegaron por su cuenta a una solución mental parecida: usar información indirecta para orientarse.
Peter Tse, neurocientífico y autor senior del estudio, plantea que los pulpos podrían construir mapas internos de su entorno. No mapas como los nuestros, claro, ni una imagen ordenada del mundo con nombres y calles. Pero sí una representación espacial suficiente para saber dónde están, dónde está la presa y qué camino conviene tomar.
Eso encaja muy bien con la vida de un cazador blando, vulnerable y brillante. En el fondo marino, un pulpo necesita esconderse, sorprender, moverse rápido y no convertirse él mismo en comida. La inteligencia, en ese contexto, no es un lujo: es una herramienta de supervivencia.
La pregunta que queda flotando es más grande que el experimento. Si una criatura tan distinta a nosotros pudo desarrollar una forma tan sofisticada de leer el espacio, quizá la inteligencia no sea una rareza tan humana como nos gusta creer. Tal vez, cuando la vida encuentra problemas complejos, a veces inventa cerebros capaces de mirar un espejo y ver mucho más que un reflejo.