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Ciencia

Un coral del Caribe se blanquea por completo en apenas 48 horas cuando se infecta: científicos encontraron una bacteria que puede pararlo en seco

Sin tratamiento, el reloj corre rápido: 12 horas para las primeras manchas pálidas, 48 para el blanqueamiento total, y poco después empieza a perderse el tejido para siempre. Un equipo de Georgia Tech probó combatir fuego con fuego, usando una bacteria diminuta que se alimenta exclusivamente de otras bacterias, justo la que estaba matando al coral
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El cuerno de ciervo (Acropora cervicornis) fue durante siglos uno de los corales más comunes del Caribe, una especie de crecimiento rápido y ramificado que le daba estructura a arrecifes enteros. Entre las décadas de 1970 y 1990 perdió alrededor del 90% de su población por enfermedades y episodios de blanqueamiento, al punto de que en 2006 pasó a integrar la lista de especies amenazadas bajo la Ley de Especies en Peligro de Estados Unidos. Hoy se considera en peligro crítico y, en algunas zonas de Florida, funcionalmente extinto.

Combatir una bacteria con otra bacteria

Blanqueamiento De Coral
Coral en proceso de blanqueamiento © Tunatura – Shutterstock

Un equipo liderado por investigadores del Instituto de Tecnología de Georgia (Georgia Tech) desarrolló un modelo de laboratorio para mitigar una de las principales amenazas de esta especie: infecciones causadas por la bacteria Vibrio coralliilyticus, responsable de destruir el tejido coralino y acelerar el blanqueamiento. El estudio, publicado en la revista The ISME Journal, probó tratar esas infecciones con Halobacteriovorax, una bacteria depredadora marina que se alimenta exclusivamente de otras bacterias.

Halobacteriovorax es un microorganismo de baja abundancia, presente de forma habitual en numerosos microbiomas marinos y estuarinos. A diferencia de los antibióticos, que atacan de forma indiscriminada, o de los virus bacteriófagos, mucho más específicos, esta bacteria depredadora ocupa un punto intermedio que los propios investigadores describen como un rango de presas ideal: lo suficientemente generalista como para atacar distintos patógenos, pero sin la disrupción masiva que puede causar un antibiótico de amplio espectro sobre el resto del microbioma coralino.

El experimento: fragmentos de coral, un parche infeccioso y un reloj corriendo

Para probar el tratamiento, el equipo trabajó con fragmentos de coral de unos 5 centímetros de diámetro, provenientes del vivero submarino de la organización Mote en Looe Key, dentro del Santuario Marino Nacional de los Cayos de Florida. Los investigadores colocaron un pequeño parche con la bacteria dañina sobre cada fragmento para simular una infección real.

El deterioro fue rápido: a las 12 horas, la mayoría de los fragmentos ya mostraba palidez. Los ejemplares que no recibieron ningún tratamiento quedaron completamente blanqueados a las 48 horas, y poco después comenzaron a perder tejido de forma irreversible. Cuando el equipo aplicó Halobacteriovorax unas 10 horas después de iniciada la infección, el resultado fue distinto: más de la mitad de los corales tratados no mostró un aumento adicional del blanqueamiento ni pérdida de tejido, señal de que la progresión de la enfermedad efectivamente se había detenido.

La temperatura, el otro factor que decide todo

El experimento también permitió observar cómo la temperatura del agua acelera el avance de la enfermedad. A 27 grados centígrados, la pérdida de color fue más lenta y los corales no llegaron a blanquearse por completo. Al subir la temperatura a 29 o 31 grados, en cambio, el blanqueamiento total se completó en apenas 48 horas, una diferencia que confirma por qué el calentamiento del océano, impulsado por el cambio climático, favorece que este tipo de infecciones se vuelvan más agresivas y frecuentes.

Una bacteria que se aplica, actúa y desaparece

El método de aplicación resultó sorprendentemente simple: bastó con verter una suspensión concentrada de Halobacteriovorax directamente en el agua donde se encontraban los corales infectados. Tras el tratamiento, la población de la bacteria beneficiosa creció rápidamente al principio, pero luego comenzó a decaer, hasta volverse indetectable en los corales a las 96 horas, lo que sugiere que el microorganismo permanece activo solo mientras tiene bacterias dañinas de las cuales alimentarse, y desaparece una vez que ya cumplió su función.

Ninguna solución milagrosa, pero sí una herramienta más

Los propios investigadores fueron cautos: no existe un tratamiento único capaz de resolver todas las enfermedades que afectan a los corales, y alternativas como los antibióticos pueden generar resistencia bacteriana o alterar de forma no deseada al resto de los microorganismos que conviven naturalmente con el coral. El equipo planea ahora llevar el experimento directamente a los arrecifes, para comprobar si Halobacteriovorax puede proteger a los corales en su hábitat real, un entorno mucho más complejo que las condiciones controladas del laboratorio.

También buscan entender por qué esta bacteria depredadora, pese a estar presente de forma natural en muchos ecosistemas marinos, no logra por sí sola prevenir los brotes de enfermedad que ya se registran en los arrecifes del Caribe, y cuáles son los límites reales de este mecanismo de defensa biológica antes de pensar en aplicarlo a gran escala dentro de programas de restauración coralina.

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