Cada año mueren cientos de personas que esperaban el órgano adecuado para su cirugía de trasplante. La escasez de órganos ha hecho que se busquen osadas alternativas, como órganos artificiales o experimentos con «xenotrasplantes”, de animales a humanos. Pero si esas dos opciones te parecen extrañas ¿qué dirías si te trasplantaran un corazón humano cuya edad no coincide con la tuya?
En resumen, la verdad es que podría funcionar sorprendentemente bien. Jesse Poganik es investigador bioquímico de Harvard, y con sus colaboradores de Boston descubrieron algo peculiar en experimentos con animales, que hizo que estudiaran 11 casos de trasplante de corazón humano en los que había una importante disparidad entre las edades del donante y el receptor. Trabajaron con muestras de biopsias de estos pacientes trasplantados, y el laboratorio de Poganik llevó a cabo análisis de metilación de ADN que miden el envejecimiento en el nivel celular.
Los resultados fueron como los de sus análisis en animales. Es algo que suena a un caso de película romántica, pero los corazones más viejos empezaron a verse y funcionar como si fueran de la misma edad que la persona más joven que lo había recibido, y también observaron que los corazones donados que eran de gente joven funcionaban y se veían más viejos si el receptor era de mayor edad.
El laboratorio de Poganik además verificó los resultados con los registros médicos electrónicos de cientos de receptores de corazones trasplantados y encontraron que las métricas como ritmo cardíaco, resistencia al ejercicio y grosor de la pared posterior del corazón se parecían más a la edad del receptor que a la del donante.
“Lo notorio es que encontramos exactamente los mismos efectos que habíamos visto en los ratones”, le dijo Poganik a Nature. “Las mediciones funcionales coincidían con la predicción de que los corazones más viejos en personas más jóvenes funcionaban como si fuesen funcionalmente más jóvenes, y lo mismo sucedía en el caso opuesto”.
Cuestiones del corazón
Poganik y sus coautores señalan en su trabajo, hoy en bioRxiv, que los resultados eran “particularmente sorprendentes dada la disparidad en edad cronológica entre los donantes y los receptores en el cohorte del perfil”. Las diferencias de edad eran de entre 8 y 24 años para los corazones más viejos insertados quirúrgicamente en pacientes más jóvenes, y de 28 a 50 años para los corazones más jóvenes trasplantados a pacientes de mayor edad. Los corazones lograban vencer la brecha de décadas.
El equipo de Poganik, especializado en la ciencia del envejecimiento (tal vez, con la esperanza de revertirlo) dijo que ya había candidatos que podrían explicar la inusual conducta de estos trasplantes. Llevaron a cabo análisis del ARN disponible de cada corazón y los senderos de transcriptómica mediante los cuales el ARN regula los procesos fisiológicos, y encontraron grandes cambios en los genes vinculados a las mitocondrias y metabolismo de la energía de los corazones.
“En trabajos complementarios se vio que el trasplante de órganos más viejos promueve la senescencia (envejecimiento) en los tejidos receptores, incluyendo el ADN mitocondrial, consistente con la mitocondria como nodo central de la interacción del receptor en relación con la edad de uno y otro”, señalaron los del equipo.
Son datos que prometen para poder identificar qué partes del cuerpo son las que más contribuyen al envejecimiento, y tal parece que podrían ser las mitocondrias, usinas de energía de la célula.
Corazón solitario
Aunque el trabajo del equipo de Poganik todavía no ha sido revisado por expertos, los resultados han despertado interés en otros investigadores de trasplantes cardíacos. El cirujano de la Universidad de Maryland Bartley Griffith, especialista que llevó a cabo el primer trasplante exitoso del corazón de un cerdo genéticamente modificado a un humano, describió el estudio como “brillante”, ante Nature.
Tanto Griffith como otro cirujano cardíaco entrevistados por la publicación, sugirieron que la ampliación de este trabajo de investigación podría ayudar a desestigmatizar los trasplantes de órganos de personas de mayor edad a personas más jóvenes, algo que en general causa preocupación en los pacientes de trasplantes cardíacos. Los hospitales, también, suelen establecer un límite para los corazones viables indicando que el donante no puede ser mayor a 50 años, pero tal como señaló el equipo de Poganik “el límite se ha elevado y así seguirá siendo”.
Si los corazones más viejos se aprecian más, eso ayudaría en mucho a cubrir una mayor parte de la demanda. En la última década han aumentado mucho las cirugías de trasplantes cardíacos, en parte porque la expectativa de vida aumentó. En 2024 se llevaron a cabo 4.636 trasplantes de corazón, un aumento de 81,5% desde 2013.
“La mayoría de los donantes”, le dijo Poganik al sitio Nautilus “son jóvenes y por eso se los elige”.