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Ciencia

Un depredador “extraño” emerge del pasado. Así es Xenovenator espinosai, el dinosaurio mexicano de 74 millones de años que reescribe la historia de los troodóntidos

En Coahuila, bajo capas de roca del Cretácico tardío, los paleontólogos acaban de identificar un nuevo carnívoro que cambia lo que sabíamos sobre los pequeños depredadores de Norteamérica. Tenía ojos enormes, oído fino y un cerebro desarrollado. Y acaba de entrar en los libros de la evolución.
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Durante décadas, la Formación Cerro del Pueblo ha sido una especie de cofre paleontológico para México. Huesos, fragmentos, pistas dispersas de un pasado poblado por gigantes. Pero esta vez no se trata de un titán. Se trata de algo más sutil… y quizá más revelador.

En Coahuila, un equipo internacional de científicos acaba de describir oficialmente una nueva especie de dinosaurio carnívoro: Xenovenator espinosai. Vivió hace aproximadamente 74 millones de años, en pleno Cretácico tardío, cuando lo que hoy es el norte de México era un ecosistema húmedo, fértil y lleno de depredadores.

Un cráneo que lo cambió todo

Un depredador “extraño” emerge del pasado. Así es Xenovenator espinosai, el dinosaurio mexicano de 74 millones de años que reescribe la historia de los troodóntidos
© Rivera-Sylva, Aguillón-Martinez, Flores-Ventura, Sánchez-Uribe, Guzman-Gutierrez & Longrich, 2026.

La clave del hallazgo no fue un esqueleto completo ni una escena espectacular, sino algo mucho más técnico: un endocráneo excepcionalmente bien preservado, acompañado de material craneal perteneciente al menos a tres individuos distintos. Para los paleontólogos, eso es oro puro.

El estudio, publicado en la revista científica Diversity, fue liderado por investigadores del Museo del Desierto de Coahuila y la Universidad Humanista de las Américas, en colaboración con la University of Bath, en Reino Unido. Y permitió identificar una combinación única de rasgos anatómicos que no encajaban con ninguna especie conocida.

Las tomografías computarizadas terminaron de cerrar el círculo. Al analizar la estructura interna del cráneo, las líneas de sutura y la región frontal, los científicos confirmaron lo que sospechaban: no era un troodóntido más, era una especie nueva.

Pequeño, pero letal: así era Xenovenator

Xenovenator pertenece a los Troodontidae, un grupo de dinosaurios terópodos pequeños a medianos, conocidos por su alto grado de especialización y su cercanía evolutiva con las aves. Pero dentro de su familia, este nuevo miembro destaca.

Según las estimaciones, podía superar los 3 metros de longitud y alcanzar un peso de entre 160 y 160 kilogramos, colocándolo entre los más grandes de su grupo. No era un coloso, pero tampoco una criatura frágil.

Tenía ojos muy grandes, lo que sugiere una visión excelente incluso en condiciones de poca luz. Su oído estaba altamente desarrollado, y su cerebro, relativamente grande en proporción a su cuerpo, apunta a comportamientos complejos. En otras palabras: era un cazador fino, preciso y probablemente muy adaptable.

Un vínculo inesperado con Asia

Aquí viene uno de los giros más interesantes. El análisis anatómico reveló que Xenovenator tiene afinidades con formas asiáticas de troodóntidos. Y eso no es un detalle menor.

Este parentesco sugiere que durante el Cretácico tardío existieron intercambios faunísticos entre Asia y Norteamérica, probablemente a través de antiguos puentes terrestres. Es una pieza más en el rompecabezas de cómo los dinosaurios se dispersaron por el planeta cuando los continentes aún estaban conectados de formas hoy imposibles.

Dicho de otra manera: este pequeño depredador mexicano es una prueba más de que el mundo de los dinosaurios era mucho más globalizado de lo que solemos imaginar.

México, un actor clave en la evolución de los carnívoros

Un depredador “extraño” emerge del pasado. Así es Xenovenator espinosai, el dinosaurio mexicano de 74 millones de años que reescribe la historia de los troodóntidos
© Museo del Desierto.

Para Héctor Rivera-Sylva, jefe del departamento de Paleontología del Museo del Desierto, el hallazgo tiene un valor doble. Por un lado, amplía el conocimiento sobre los troodóntidos. Por otro, confirma algo que muchos sospechaban: el registro fósil mexicano aún guarda una diversidad enorme por descubrir.

“Xenovenator demuestra que México fue una región clave en la evolución y distribución de los pequeños dinosaurios carnívoros en Norteamérica”, explicó el paleontólogo. Y no es una frase al aire: cada nuevo fósil de este tipo reconfigura mapas, linajes y teorías enteras.

Un nombre con historia

Un depredador “extraño” emerge del pasado. Así es Xenovenator espinosai, el dinosaurio mexicano de 74 millones de años que reescribe la historia de los troodóntidos
© Rivera-Sylva, Aguillón-Martinez, Flores-Ventura, Sánchez-Uribe, Guzman-Gutierrez & Longrich, 2026.

El nombre Xenovenator combina la idea de “extraño” con la de “depredador”. Y el epíteto espinosai rinde homenaje a Luis Espinosa, pionero en el estudio de los dinosaurios en México y mentor de generaciones de paleontólogos.

Espinosa, director del Museo de Geología de la UNAM, estuvo presente en la presentación del hallazgo y dejó una frase que resume bien el espíritu de este descubrimiento: “Las rocas y las células tienen memoria”. Y a veces, solo hace falta saber leerla.

No es solo un fósil, es una ventana a otro mundo

Más allá de la clasificación, el estudio analiza implicaciones funcionales del cráneo, comparándolo con otros dinosaurios y con animales actuales. Eso permite explorar hipótesis sobre comportamiento, biomecánica y ecología: cómo cazaba, cómo se movía, cómo interactuaba con su entorno.

Porque cada nuevo dinosaurio no es solo un nombre en latín. Es una escena perdida que vuelve a la vida. Un depredador que caminó por lo que hoy es Coahuila, cuando América aún no era América y el mundo estaba poblado por criaturas que apenas empezamos a comprender.

Y lo inquietante —y fascinante— es esto: si en grupos tan estudiados como los troodóntidos siguen apareciendo especies nuevas, ¿cuántas historias más siguen enterradas bajo nuestros pies?

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