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Ciencia

Un fósil hallado por intuición revela un depredador olvidado y el origen del mundo vertebrado moderno

Una mandíbula fósil descubierta en Blue Beach, Canadá, dio paso a una nueva especie de pez de hace 365 millones de años. El hallazgo reescribe parte de la evolución de los vertebrados, revelando cómo algunas especies dominaron tras la gran extinción del Devónico.
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En 2015, una simple corazonada llevó al hallazgo de un fósil que hoy ofrece una ventana directa a los orígenes del mundo vertebrado moderno. Lo que empezó con una mandíbula cubierta de colmillos terminó siendo una nueva especie, Sphyragnathus tyche, y una pieza crucial para comprender cómo algunos peces lograron prevalecer cuando otros desaparecieron para siempre.

Un depredador desconocido con colmillos traseros

Un fósil hallado por intuición revela un depredador olvidado y el origen del mundo vertebrado moderno
© Pixabay – FOTOKALDE.

El fósil, hallado en Blue Beach, al norte de Halifax, pertenecía a un pez actinopterigio —grupo que hoy incluye desde el esturión hasta el atún—, pero con una característica singular: una mandíbula larga, curva, con colmillos traseros diseñados para partir presas, no solo atraparlas. Esta configuración nunca antes vista sugiere una estrategia alimenticia única en su tipo.

Comparado con peces similares del Devónico, como Austelliscus ferox y Tegeolepis clarki, Sphyragnathus mostraba una disposición dental radicalmente distinta: mientras que aquellos usaban colmillos frontales para sujetar, este nuevo género usaba los posteriores para triturar. Las pruebas de tensión en sus dientes confirmaron que estaban preparados para romper a sus víctimas, y no solo para retenerlas.

Este hallazgo respalda la hipótesis de “alimentación primero”, que sugiere que los peces con aletas radiadas no evolucionaron inicialmente para nadar mejor, sino para comer de formas más eficientes.

Blue Beach y la historia no contada de la evolución vertebrada

La región de Blue Beach se ha convertido en un archivo fósil invaluable. No solo ofrece pistas sobre los primeros tetrápodos —los antepasados de los animales terrestres—, sino que también revela cómo ciertos peces sobrevivieron a la extinción masiva que marcó el final del Devónico.

La desaparición de los placodermos y otros peces sin mandíbula dejó espacio para que los actinopterigios comenzaran su ascenso. Pero no todos lo hicieron de la misma forma. Mientras unos perfeccionaban su locomoción, otros, como Sphyragnathus, innovaban en la forma de alimentarse.

Aunque aún falta descubrir el resto del cuerpo de este depredador primitivo, su mandíbula ya ofrece una pista clara: la diversificación de los peces modernos pudo haberse iniciado mucho antes de lo pensado, y la clave no estuvo solo en cómo se movían, sino en cómo comían.

Este fósil, rescatado gracias a una simple corazonada, demuestra que en la paleontología una mandíbula puede ser suficiente para reescribir millones de años de historia evolutiva.

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