Durante décadas, un fósil descubierto en una cantera escocesa fue considerado una pieza menor. Pero un nuevo análisis ha cambiado esa percepción: podría ser una de las claves para entender un capítulo oscuro en la historia de la evolución. Los investigadores han confirmado que se trata de un espécimen que vivió en plena transición entre el mundo acuático y el terrestre.
Un redescubrimiento que cambia el relato evolutivo

El fósil en cuestión, Westlothiana lizziae, fue hallado en 1984 en la cantera de Kirkton, en el este de Escocia. Se pensaba que tenía unos 331 millones de años, pero un estudio dirigido por Héctor Garza, de la Universidad de Texas en Austin, ha determinado que su antigüedad real es de 346 millones de años. Esto lo sitúa dentro de la conocida pero poco documentada Brecha de Romer.
La importancia de esta datación no es menor. Esta brecha representa una etapa crítica de la evolución de los vertebrados, cuando comenzaron a desarrollarse extremidades y pulmones que permitirían la vida terrestre. Descubrir un fósil en este intervalo temporal ayuda a llenar un vacío de 15 millones de años en el registro fósil.
Tetrápodos troncales y el desafío de fechar el pasado

Westlothiana lizziae forma parte de los llamados tetrápodos troncales, animales que muestran rasgos tanto acuáticos como terrestres y que son los precursores de anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Precedidos por especies como el Tiktaalik, estos organismos representan un puente evolutivo entre el agua y la tierra.
El reto para los investigadores fue lograr una datación precisa. Para ello, recurrieron al método uranio-plomo sobre cristales de circón encontrados en la roca basáltica que rodeaba el fósil. Estos cristales, atrapados por la lava al solidificarse, permitieron calcular la edad exacta del hallazgo. Gracias a esta técnica, se ha completado una pieza clave del rompecabezas evolutivo.