Durante años, las grietas habían dibujado señales difíciles de ignorar sobre una de las grandes lenguas de hielo de Groenlandia. Los científicos sabían que algo podía ocurrir, pero el momento exacto era imposible de anticipar con precisión. A comienzos de agosto, las imágenes obtenidas desde el espacio captaron cómo aquellas fracturas comenzaron a avanzar con rapidez hasta transformar por completo el paisaje. Lo que terminó desprendiéndose no fue un fragmento cualquiera: se trata de una masa de hielo de dimensiones extraordinarias que ahora comienza a desplazarse por el océano.
El momento en que el hielo comenzó a separarse
El episodio ocurrió el 4 de agosto en el glaciar Petermann, ubicado en el noroeste de Groenlandia. Una enorme extensión de hielo flotante terminó desprendiéndose después de que las fracturas que atravesaban la lengua glaciar se propagaran rápidamente.
La superficie afectada alcanza aproximadamente 76 kilómetros cuadrados, una extensión comparable a la de Manhattan. En algunos sectores, la masa de hielo puede alcanzar hasta 150 metros de espesor, lo que permite dimensionar la magnitud del fenómeno.
Las primeras señales claras aparecieron un día antes. El 3 de agosto, las observaciones satelitales mostraron que la lengua de hielo estaba deteriorándose a gran velocidad. En apenas unas horas, las grietas avanzaron hasta provocar la separación definitiva.
El desprendimiento fue registrado mediante el radar de Copernicus Sentinel-1, una misión de la Agencia Espacial Europea que permite observar la superficie terrestre incluso cuando las condiciones atmosféricas dificultan las imágenes ópticas.
La tecnología permitió seguir la evolución del fenómeno prácticamente en directo. Un equipo internacional formado por investigadores de las universidades de Ottawa, Stirling, Lancaster y Leeds, junto con especialistas del Servicio Canadiense de Hielo, analizó la información como parte del proyecto ARCTEX, financiado por la Agencia Espacial Europea.
El fenómeno no tomó completamente por sorpresa a los investigadores. Las fracturas que finalmente provocaron el desprendimiento llevaban tiempo siendo estudiadas y existían predicciones sobre una posible ruptura.
Sin embargo, observar el proceso real permitió comprobar hasta qué punto un sistema glaciar puede pasar de una situación aparentemente estable a un cambio drástico en muy poco tiempo.

Petermann todavía guarda otras grietas
El desprendimiento de esta enorme isla de hielo tampoco parece ser el último capítulo. Los científicos continúan vigilando la lengua flotante de Petermann porque otras fracturas siguen ampliándose.
Según las observaciones disponibles, podrían producirse nuevos desprendimientos de considerable magnitud. Dos masas de hielo, de aproximadamente 97 y 87 kilómetros cuadrados, respectivamente, presentan características que mantienen en alerta a los investigadores.
La historia reciente del glaciar ayuda a comprender por qué el lugar recibe tanta atención. Petermann ya protagonizó grandes desprendimientos en 2008, 2010 y 2012, acontecimientos que dieron origen a enormes islas de hielo. Después de 2012, la plataforma flotante permaneció relativamente estable, aunque registró algunos episodios menores.
Ahora, la nueva ruptura vuelve a colocar al glaciar bajo el foco científico.
Para los investigadores, estudiar estas islas de hielo no consiste únicamente en medir cuánto hielo se pierde. También permite comprender mejor la relación entre las plataformas flotantes, los glaciares y el océano.
Las plataformas de hielo actúan como una especie de barrera que puede ralentizar el desplazamiento del hielo continental hacia el mar. Cuando se debilitan o pierden grandes sectores, la dinámica del glaciar puede cambiar.
Por eso, cada fractura ofrece información sobre cómo responden estos sistemas a las transformaciones que están ocurriendo en las regiones polares.
Un laboratorio natural observado desde el espacio
Uno de los aspectos más llamativos de este episodio fue la velocidad con la que pudieron seguirse las grietas.
Los datos de Sentinel-1 permitieron utilizar técnicas de interferometría para detectar cambios en la superficie y observar cómo las fracturas se extendían durante un período extremadamente corto. Para los científicos, disponer de observaciones repetidas en un mismo día representa una herramienta especialmente valiosa para estudiar acontecimientos que pueden desarrollarse en cuestión de horas.
El episodio también tiene implicaciones que van mucho más allá de Groenlandia. El comportamiento de las plataformas de hielo es importante para comprender la evolución de los glaciares y mejorar las proyecciones relacionadas con el aumento del nivel del mar.
El desprendimiento de un iceberg, por sí mismo, no significa que el nivel del mar vaya a subir inmediatamente de manera equivalente. El hielo que ya flota desplaza agua antes de desprenderse. Sin embargo, la pérdida de plataformas flotantes puede influir en la velocidad con la que el hielo que permanece sobre tierra llega al océano, un proceso que sí tiene consecuencias para el nivel del mar.
Al mismo tiempo, las enormes islas de hielo que se desprenden pueden convertirse en elementos relevantes para la navegación y los ecosistemas marinos.
Por esa razón, el seguimiento no terminó cuando la masa de 76 kilómetros cuadrados se separó del glaciar. Environment and Climate Change Canada comenzó a rastrear su trayectoria para evaluar posibles riesgos para las rutas marítimas y las infraestructuras situadas en alta mar.
El nuevo fragmento de Petermann se convierte así en algo más que una espectacular imagen captada desde un satélite. Es también una oportunidad para observar, con una precisión inédita, cómo puede cambiar uno de los paisajes más extremos del planeta y qué señales podrían estar anunciando las próximas transformaciones.
[Fuente: El Mundo]